Imagínate estar en una cancha en donde los movimientos de tu cuerpo no responden a lo que ves, si no a lo que escuchas: un torbellino de sonidos que con el tiempo has aprendido a distinguir individualmente, el tintinear del balón, la voz de tu guía, la de tu entrenadora. No dejas de pensar en anotar, el corazón te late rápido y al fin te sientes libre. Esto es lo que experimentan las futbolistas ciegas en cada partido, atletas que luchan por participar en la Copa América 2026.
Las Selección Femenil de Futbol Ciego floreció del entusiasmo repartido en diferentes partes de la República, del espíritu deportivo de mujeres que buscaron abrirse espacio a como dé lugar, incluso, en equipos de futbol ciego varonil, deporte que, por cierto, a diferencia de su rama femenina, ha representado a México en eventos internacionales desde el 2004.
Poco a poco se consolidaron grupos de jugadoras ciegas en diferentes estados hasta que, este año, bajo la dirección de Wendy del Río consolidaron la primera Selección Nacional de Fútbol Ciego con el objetivo de representar a México en la Copa América que se celebrará en Brasil este año.
¿Y sí sí?
La selección tiene talento, entusiasmo, disciplina, pero falta algo indispensable…sí, adivinaste: recursos económicos. Necesitan dinero para cubrir entrenamientos, concentraciones estatales, traslados, equipo, uniforme, por eso lanzaron una campaña junto con Fondo Semillas, organización feminista encargada de recaudar y entregar fondos a iniciativas lideradas por mujeres.
A penas van al 37% de su meta final, lo bueno es que solo hay que darle click en https://semillas.org.mx/ para donar y te emitirán un recibo deducible de impuestos. Además los mexicanos somos bien chidos cuando se trata de ayudar.
Y si sí se logra este sueño, ellas están dispuestas a brillar. Paulina Hernández, especialista en refrigeradores y aire acondicionado, masajista profesional, mamá de un pequeño de seis años y delantera del equipo, asegura: “Vamos a seguir y demostrar que México puede sobresalir y llegar muy lejos. Tenemos la seguridad de que vamos hacer el mejor papel posible, vamos a darlo todo en la cancha”.
Desde que Paulina era niña y se aventaba cascaritas frente a la unidad habitacional donde vivía, soñaba con pertenecer a un equipo de fútbol. Su entusiasmo jamás fue frenado por sus características visuales, sin embargo, su anhelo pudo materializarse hasta hace poco más de tres años cuando fue invitada a ser delantera de las Chilanga FC (fútbol ciego).
Futbol Ciego para Morras
El futbol ciego femenil se practica con cuatro jugadoras con discapacidad visual, que va desde la baja visión hasta la ceguera total, una portera normo visual (que si ve), la entrenadora quien se planta al centro de la cancha para dirigir las jugadas y la guía de arco, quien permanece detrás de la portería indicándoles a las jugadoras cómo y hacia donde moverse para anotar gol. Otro detalle: el balón oculta cascabeles en su interior y para que sean oídos el público debe permanecer en silencio total.
No es tarea sencilla entrarle a este deporte, Paulina explica que hay que refinar el oído para distinguir los sonidos que confluyen en la cancha, pero que después de que aprenden a moverse en el espacio y superan la confusión sonora inicial, llegan los partidos y entonces las cosas cambian.
“No importa lo que esté pasando afuera, cuando estamos en un partido todo lo demás desaparece, solo nos concentramos en nuestras compañeras, en nosotras”, expresa Paulina.
Sonriendo nos confiesa que este deporte le da una independencia de movimiento que hace tiempo no sentía.
“Cuando tenía baja visión observé, corrí y cuando perdí mi vista se perdió todo eso, pero en la cancha es como si una película se proyectara en mis ojos y pudiera imaginarme todo lo que me rodea… es cómo cuando lees un libro y las imágenes aparecen en tu mente. Es una libertad muy bonita, una que difícilmente podemos sentir en otro lado”, cuenta emocionada la seleccionada.
¿Por qué echarles una mano?
Erika Tamayo, directora de comunicación de Fondo Semillas, explica que estos eventos visibilizan a una minoría, dejando en claro que también ellas tienen derecho al goce deportivo, a la libertad, a la salud. “Cuando una niña ciega se entere de esto, sabrá que también puede”, puntualiza Erika.
Tamayo considera que ayudar a otras personas es ayudarnos a nosotras mismas. “Una sociedad más justa e igualitaria es mejor para todos, lo que le pasa a la persona de junto, también nos afecta, estamos en el mismo barco”, afirma.
¿Qué es lo que más le gusta a Paulina de practicar este deporte?: “El sabernos fuertes y llevarlo a nuestra vida diaria… estamos rompiendo barreras y ayudando a que otras personas también lo hagan”, responde.