El hambre tuvo cita este 26 de abril en el Monumento a la Revolución, donde la cuarta edición de Taco Chilango 2026 volvió a confirmar que en la CDMX la comida no sólo se come: se celebra, se baila y se presume. Desde temprano, la plancha se fue llenando de banda chilanga (y de otros rumbos) lista para lo que prometía ser una jornada de puro diente, salsa y cadera suelta.
Entrada libre, más de 50 taquerías y una misión colectiva: rendirle culto al taco. Así arrancó la nueva edición de este festival que ya se siente tradición, entre trompos girando como hipnosis urbana, parrillas soltando humo sabroso y el inconfundible “¿de qué va a querer, joven?”.
Comida, baile y harto antojo
La oferta era tan amplia que el verdadero reto no era encontrar qué comer, sino decidir por dónde empezar. Pastor con su piña bien jugosita, suadero suavecito, bistec sabroso, longaniza, campechanos y propuestas que se salían del libreto como codorniz, búfalo o mariscos: aquí no hubo pierde, solamente filas que avanzaban entre risas y antojos multiplicados.
Pero Taco Chilango no se trató meramente de comer —aunque, seamos honestos, eso ya era suficiente—. La música tomó el control de la fiesta y, con la cumbia como protagonista, convirtió el Monumento en una pista improvisada donde nadie se quedó sentado. Parejas espontáneas, vueltas mal calculadas y carcajadas compartidas: el baile se volvió parte del menú. Porque en esta ciudad, el ritmo también abre el apetito y la pena dura lo que tarda en arrancar la siguiente canción.
Entre taco y taco, las dinámicas le dieron ese toque de feria chilanga que nunca falla. Había spots para la foto obligada —porque si no se sube, no cuenta—, retos para demostrar quién traía más fuerza y concursos que ponían a prueba tanto el estómago como el orgullo. Y sí, también hubo premios, pero siendo claros: nada supera la emoción de ganar tacos gratis.

¡José Gerardo defiende su corona otra vez!
Uno de los momentos más esperados fue, sin duda, el Concurso de Glotones. Seis valientes, 15 minutos y un objetivo claro: comer la mayor cantidad de tacos posibles, servidos de tres en tres, con un tope de 17. El público no se quedaba a ver nada más, participaba: gritaba, se retaba con sus amigos, se emocionaba con cada plato vacío. Y entonces, como si ya supiera el camino, apareció José Gerardo, campeón de 2024 y 2025, decidido a defender su título. Lo que siguió fue una demostración de técnica, resistencia y amor por el taco: entre bistec, campechanos y longaniza, repitió la hazaña y se coronó, otra vez, como campeón invicto. No fue casualidad, fue disciplina… y mucho estómago al comerse ¡16 tacos! Casi uno por minuto.

Las mejores taquerías de la CDMX
El sabor también se puso a votación. Más de 50 taquerías compitieron por ganarse el corazón —y el paladar— del público en el ranking de las favoritas. El primer lugar fue para Don Chuy Parrilla, que apostó por el asado con propuestas que iban desde chorizo argentino hasta búfalo y codorniz, conquistando a quienes buscaban algo distinto sin perder la esencia. En segundo sitio quedó Tacos La Chula, donde el pastor y el suadero demostraron que lo clásico, cuando se hace bien, nunca falla. Y el tercer lugar fue para Amar con sazón, desde Iztapalapa, que llevó mariscos bien ejecutados capaces de transportarte a la costa sin salir de la ciudad.

Una salsa obligatoria, incluso si te hace llorar
Y porque en México el picante no es accesorio, sino protagonista, el concurso “A la salsa más picosa” elevó la temperatura del evento. La salsa ganadora fue la de El Peribán, creación del chef Mario Mendoza, quien apostó por una mezcla de siete chiles —habanero, de árbol, morita, teja y otros más— para lograr ese equilibrio perfecto entre sabor y fuego. El resultado: caras sudadas, ojos brillosos y sonrisas de quien sabe que valió la pena enchilarse.

Así se vivió Taco Chilango 2026: entre tortillas calientes que no dejaban de salir, manos enchiladas que nadie quiso limpiar del todo, carcajadas compartidas con desconocidos y esa sensación de comunidad que únicamente aparece cuando hay tacos de por medio. Un espacio donde la ciudad se reconoce en sus sabores, en su música y en su manera tan particular de armar fiesta con cualquier pretexto.
Porque si algo quedó clarísimo es que en la CDMX no hace falta mucho para ser feliz: basta un buen taco, una rolita sabrosa y alguien con quien compartir la mesa —aunque sea de pie—. Y si todo eso pasa frente al Monumento a la Revolución, entonces ya es plan perfecto.
