De Guadalajara a CDMX: una red de mujeres migrantes que teje comunidad

Este sábado, Caminantas organiza un bazar para mujeres migrantes que buscan generar ingresos y fortalecer sus redes de apoyo en la CDMX.

Laura Isabel Cortés llegó a México hace 10 años para hacer un posgrado. En Colombia, estudiar era caro y aquí encontró una opción académica y la posibilidad de una beca. Lo que vino después fue entender la complejidad de los trámites migratorios en nuestro país, una experiencia que hoy comparte con otras mujeres migrantes en la CDMX.

El proceso para regularizarse y obtener un permiso de trabajo, dice, “fue muy difícil y estresante”. Esa frustración compartida con otras mujeres migrantes terminó convirtiéndose en algo más grande: una red. Así nació Caminantas, primero como colectiva y después como asociación civil.

Laura inició el proyecto junto a Marcela Pérez, Liliana Orozco, Laura Bolívar, Susana Vázquez y, más tarde, María Ángel Bielma. Entre colombianas, mexicanas, cubanas y venezolanas, fueron construyendo el proyecto paso a paso. “Ha sido algo muy orgánico”, dice.

“Empezamos por la misma frustración específicamente del tema del permiso de trabajo”, explica. El problema no era sólo conseguir empleo, sino la burocracia que lo rodea.

Para que una persona migrante obtenga permiso laboral, detalla, el empleador debe tramitar una constancia ante el Instituto Nacional de Migración (INM). “Muchos suelen decir ‘Mejor no. Mejor hago otra opción que me resulte menos complicada’”, relata.

Eso se traduce en informalidad. Sin contrato, sin prestaciones, sin estabilidad. Ante ese panorama, Caminantas creó un bazar exclusivo para mujeres migrantes, que realizan cada semestre en Guadalajara, Jalisco, y que llega por primera vez a la Ciudad de México este sábado 21 de febrero en la colonia Guerrero.

Foto: FB Caminantas

Un puente entre mujeres migrantes

Después de ocho ediciones en Guadalajara, el siguiente paso fue mirar hacia la Ciudad de México, donde confluyen múltiples comunidades migrantes y organizaciones que ya trabajan en el tema.

“Nos salimos un poco de nuestra área que es Guadalajara porque también hemos visto la importancia de tener vinculación con otras organizaciones y otros liderazgos migrantes en diferentes lugares de México”, dice.

La CDMX, con su diversidad, es un punto clave para las personas migrantes. Aquí se concentrará la novena edición del bazar con 15 mujeres originarias de Cuba, Paraguay, Venezuela, Colombia y Argentina.

No se trata solo de vender productos. Se trata de crear comunidad. “No solamente es un evento económico, sino que también hay un espacio de socialización y de convivencia multicultural”, explica Laura.

Las mujeres, detalla, no pagan por participar y Caminantas opera con apoyos de organizaciones como Fondo Semillas y donaciones, lo que permite sostener la red.

Más que un evento: emprendimiento y comunidad

En Guadalajara, algunos emprendimientos han crecido con el tiempo: repostería brasileña, bordado argentino, comida salvadoreña. “El bazar ha sido una herramienta para que puedan darse a conocer”, dice Laura.

Ahora el objetivo es replicar la experiencia para migrantes en la CDMX. Sin calendario definido ni promesas de continuidad, esta primera edición busca conocerse y empezar a tejer vínculos.

El bazar se realizará de 2 pm a 8 pm en Guie’ Huini, un restaurante de comida oaxaqueña que también funciona como espacio para talleres y actividades culturales en la colonia Guerrero.

Entre los productos habrá comida tradicional como alfajores, arepas venezolanas y empanadas colombianas, pero también artículos hechos a mano: libretas artesanales, macramé, pulseras, llaveros y prendas de ropa.

La idea es que cada mesa refleje un pedacito de las historias y los oficios que las participantes trajeron consigo.

Migrar siendo mujer

La experiencia migrante, insiste Laura, no es homogénea, pero hay algo que atraviesa muchas historias: el género.

Las mujeres enfrentan retos particulares, desde hipersexualización hasta violencia. “Alguna vez estaba en la calle, un señor me escuchó hablar y me preguntó cuánto le cobraba”, recuerda. Ese tipo de situaciones pueden impactar la forma en que una persona se integra a una nueva ciudad.

También menciona vacíos legales. Cuando una mujer migra por vínculo familiar y vive violencia, puede quedar atrapada en un limbo migratorio si depende del agresor para mantener su estatus en el país.

Por eso, Caminantas trabaja como red de acompañamiento. Aunque reconocen que sus recursos son limitados y que el financiamiento para organizaciones migrantes se ha vuelto más incierto, su apuesta es sostener espacios comunitarios.

“Creemos que es importante que haya un activismo migrante enfocado en la integración”, afirma.

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