Por Juan Gómez
En la antesala de la Copa del Mundo, los floricultores de San Luis Tlaxialtemalco alistan la cosecha masiva de flores de ornato para decorar los camellones de la Ciudad de México durante junio.
Se trata de una idea concebida por Alejandro Ovando, un joven productor de 30 años, quien nació en San Luis y cuya vida ha transcurrido entre invernaderos y flores de ornato, el oficio con el que su familia y otras en esta zona de Xochimilco se han sustentado durante décadas.
Aunque la idea se gestó desde octubre del 2025, bastó con tocar puertas, protestar, insistir y volver a insistir para que su propuesta fuera tomada en cuenta. Como parte de la estrategia Mundial Verde, el gobierno de la CDMX se comprometió a potenciar la labor de los floricultores mediante el programa “Un Millón de Flores”.
“Nosotros, por medio de nuestro bolsillo, es que hemos ido sacando los gastos de todo el proyecto. Queremos que se reconozca a San Luis Tlaxialtemalco como la capital del cempasúchil”, cuenta Alejandro en entrevista con Chilango Diario.
Cempasúchil, lavanda, geranio y malvón
Productores como este joven trabajan a contrarreloj para entregar las plantas de ornato, particularmente flores de cempasúchil, que decorarán la ciudad durante el encuentro pambolero más importante del año.
De acuerdo con la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema), la iniciativa de adornar Paseo de la Reforma y otras vialidades importantes de la capital con flores de Xochimilco beneficiará a 500 floricultores.
“Las principales avenidas de la ciudad se transformarán en espacios de color y biodiversidad gracias a la instalación de topiarios con flores provenientes del suelo de conservación. Lavanda, miguelito, belén de guinea, cempasúchil, geranio y malvón, todas provenientes de la zona lacustre de Xochimilco. Esta estrategia… garantiza que los beneficios del Mundial sean para la economía local, especialmente para el desarrollo agrícola y la preservación del suelo de conservación”, indica la dependencia capitalina.
Los retos de cultivar flores todo el año
Alejandro Ovando lleva la floricultura en la sangre, sus abuelos sembraban en chinampas y sus padres continuaron la tradición. Aunque estudió Administración, no culminó la carrera y terminó dedicándose a lo que le apasiona: la floricultura, siendo uno de los pocos jóvenes que decidió seguir ese camino.
“De aquí comemos, de aquí vivimos”, así sintetiza el estilo de vida de cientos de familias que viven en San Luis Tlaxialtemalco, uno de los pueblos de Xochimilco especializado en la producción de flores durante todo el año.
En sus invernaderos, la familia Ovando siembra ranúnculo, violeta imperial, hortensia, girasol miniatura… Las temporadas del año van marcando su producción: el 14 de febrero la estrella es el tulipán holandés, en Día de Muertos es el cempasúchil y en diciembre la nochebuena pinta de rojo y amarillo las tierras.
Este año, la flor de cempasúchil adelantó su producción debido al proyecto mundialista que busca capitalizar los productores de San Luis Tlaxialtemalco y reconocer su labor, atravesada por climas variantes, lluvias torrenciales y olas de calor.
El cempasúchil lo comenzaron a “ensemillar” desde el mes de marzo, explica Ovando mientras riega las plantas —todavía verdes a inicios de mayo— con una manguera, acción que hace dos veces al día.
“Te enfrentas a muchísimos cambios climatológicos: inundaciones, granizos, calores muy intensos. Esta semana, por ejemplo, todos los compañeros que estamos dentro del grupo del cempasúchil, toda esta semana se trató de separarlo (es decir, abrir espacio entre plantas para cuando comience su crecimiento)”.
“Esta es una forma de estar en el Mundial”
“Mi padre fue de campo, era de Michoacán, sembraba maíz, era otro tipo de cultivos”, cuenta el señor Celestino Ovando, papá de Alejandro, quien le enseñó a cultivar.
Para este floricultor de 54 años, la siembra de miles de plantas para decorar los camellones de la capital es una forma de llevar a las personas de San Luis Tlaxialtemalco al Mundial, un evento pensado principalmente para turistas extranjeros y cuyas implicaciones se viven en el día de día de la Ciudad de México.
“No cualquier persona va a poder entrar a un estadio. Nosotros, que estamos aquí en México, no vamos a poder por los costos exorbitantes. Entonces, una manera de ser parte de este Mundial es gracias a Alejandro, que se rifó con este proyecto y gracias a él vamos a ser parte del Mundial de una manera social”, señala el productor veterano.
Tal como describen el joven y su padre, la gente del pueblo “se la pasa corriendo”, pues deben entregar las primeras cosechas previo a la inauguración, lo que dejará impactos positivos debido a una derrama económica extra.
La floricultura de Xochimilco resiste al olvido
Con esta iniciativa, las familias de floricultores buscan dignificar los meses de trabajo y la constancia que se invierten para ver florecer sus semillas. Se espera que los recursos públicos se destinen a promover a los productores que ven amenazada su práctica a través del tiempo.
“Lamentablemente todo esto se podría perder algún día. Esperemos que jamás se pierda, pero cada vez somos menos los productores jóvenes”, dice Alejandro sobre la pérdida de interés en las nuevas generaciones por preservar la práctica.
Mientras el joven recorre el invernadero acompañado de su perro Benito (nombrado en honor al cantante Bad Bunny), sigue destacando la importancia de la producción de flores de ornato previo a la justa futbolista: “no solamente es vender plantas, es materializarlo para hacerlo más grande y que más gente conozca el pueblo”.
“Esa fue la idea desde un principio, darle esa identidad. Esta planta fue sembrada por manos petlaxiles, porque así se les llama a la gente de San Luis Tlaxialtemalco”, concluye Ovando.