Hay un efecto muy curioso que tiene la cumbia: apenas empieza a sonar, el cuerpo solito se mueve. Pero detrás del acordeón, la guacharaca y los platillos vive un género que lleva décadas contando historias de amor, desamor, barrio, migración, resistencia y comunidad.
El libro Yo soy la cumbia se mete de lleno en ese universo para demostrar que este género no sólo se escucha: también se investiga, se escribe, se hereda y se transforma.
Una mesa larga para hablar de cumbia
Coordinado por Enrique Blanc y Humphrey Inzillo, el libro recopila escritos de la Red de Periodistas Musicales de Iberoamérica. A través de crónicas, ensayos, entrevistas y reportajes, siguen el rastro de un ritmo que nació entre el río y el mar en Colombia y terminó echando raíces en México, Nicaragua, Argentina, Estados Unidos, Paraguay, Chile, Perú y Brasil.
Más que contar una sola historia, el libro pone distintas voces a dialogar. “Los ensayos se contraponen, pero al mismo tiempo dialogan y se nutren entre sí”, explica Carmina Nahuatlato Frías, coordinadora de Promoción y Medios de la Editorial Universidad de Guadalajara, en entrevista con Chilango.
La publicación continúa el camino iniciado por Cumbia somos, pero no funciona exactamente como una segunda parte ni como una enciclopedia que busca ordenar toda la historia del género. Más bien, abre ventanas hacia distintas escenas, personajes y momentos.
Muchas cumbias dentro de un mismo libro
Uno de los mayores aciertos de la publicación es que no intenta ofrecer una sola versión del género. Cada periodista entra desde su territorio, sus referentes y su propia forma de contar. Hay capítulos íntimos, textos con una mirada más histórica, entrevistas, perfiles y crónicas que avanzan casi al ritmo de una canción.
El libro puede pasar de los sonideros mexicanos a las transformaciones de la cumbia chilena o a los sonidos de otras regiones latinoamericanas sin seguir un recorrido cronológico: aquí se puede entrar por cualquier capítulo y dejar que una canción lleve hacia la siguiente historia.
De musas a protagonistas
La edición también pone el reflector sobre las mujeres que hacen, investigan y transforman la cumbia. Sonideras, selectoras, músicas, periodistas y académicas aparecen como protagonistas de una tradición que durante años fue narrada, principalmente, desde voces masculinas.
Carmina destaca especialmente la conversación que se crea entre tres capítulos. Uno recupera el imaginario de la cumbia romántica, donde las mujeres suelen aparecer como musas u objetos del deseo. Otro cuenta la historia de las Musas Sonideras, quienes toman las canciones, construyen un discurso propio y lo transmiten desde las tornamesas y el micrófono.
Un tercer texto se acerca al renacer de la cumbia femenina en Chile y a las artistas que han decidido alejarse de la hipersexualización para cantar desde su propia experiencia. Ya no se trata de interpretar a la mujer que alguien más escribió para ellas, sino de decidir qué quieren decir, cómo quieren vestirse y de qué manera desean habitar el escenario.
Los textos se contradicen, pero precisamente ahí está su riqueza: permiten observar cómo ha cambiado el lugar de las mujeres dentro de la cumbia y cómo ellas mismas están construyendo nuevas formas de representarse.
El texto como archivo musical
La colección parte de la confianza en el poder de la palabra escrita para guardar una parte del patrimonio musical compartido. No pretende congelar la cumbia ni ofrecer una versión definitiva, sino dejar registro de cómo se entendía, se escuchaba y se vivía en un momento determinado.
“Es un documento que resguarda el momento en el que periodistas escribieron acerca de sus artistas”, cuenta Nahuatlato. Eso también explica que la Editorial Universidad de Guadalajara publique libros sobre música sin convertirlos en textos pesados o exclusivamente académicos. La intención es acercar la discusión cultural a quienes ya viven estos ritmos en fiestas, calles, barrios y pistas de baile.
Leer con la playlist prendida
La experiencia no termina en las páginas. El libro incluye cuatro playlists construidas a partir de las canciones y artistas mencionados en sus capítulos.
La dinámica es sencilla: lees una historia, aparece el nombre de una rola que no conoces, la buscas y le das play. De pronto, el texto adquiere otra dimensión. La canción deja de ser sólo una referencia y se convierte en una especie de banda sonora para acompañar la lectura.
Así, el libro invita a descubrir música nueva, volver a escuchar canciones conocidas y conectar de otra manera con ese ritmo pegajoso que suena. Una cumbia que antes parecía ser únicamente “la de las bodas” puede revelar detrás una historia de migración, resistencia, identidad o transformación urbana.
El resultado es una lectura ligera, pero no superficial. Se puede leer bailando, sí, aunque también permite detenerse a pensar quién hizo esas canciones, desde qué lugar y para qué comunidad.
La cumbia se queda con el pueblo
Durante la entrevista, Nahuatlato reflexionó sobre el giro que ha tenido este género. Hoy en día suena en festivales internacionales, clubes, espacios culturales y sitios donde antes parecía impensable escucharla. También ha logrado reunir a distintas generaciones y sacudirse, poco a poco, el prejuicio de ser una música destinada únicamente a ciertos sectores.
Pero esa popularidad abre otras preguntas: ¿la cumbia se globalizó?, ¿se puso de moda?, ¿está siendo gentrificada? En una de las presentaciones de este libro, recuerda Nahuatlato, se realizó una distinción interesante: quizá la cumbia no está siendo gentrificada, sino que ahora también se presenta en espacios gentrificados. Y no es exactamente lo mismo.
Puede subir a nuevos escenarios, mezclarse con otros géneros y llegar a públicos distintos, pero su raíz continúa ligada a los barrios, las fiestas populares y las comunidades que la han mantenido viva. La cumbia, recupera Nahuatlato, “se va a seguir quedando en el pueblo, con el pueblo y para el pueblo”.
Por eso Yo soy la cumbia no intenta clausurar una conversación, sino sumarse a ella. En el libro se recuerda que el género permanece vivo cada vez que alguien pone una canción, toma el micrófono, arma una playlist o se detiene a escuchar las historias detrás de lo que bailamos.
Coordinación: Enrique Blanc y Humphrey Inzillo
Editorial: Universidad de Guadalajara
Año: 2025
Precio: $250 digital y $350 impreso
Dónde conseguirlo: librerías, Editorial UdeG y plataformas en línea.