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Yo pensé que era especial, una obra de humor negro sobre la crisis de la mediana edad

El monólogo Yo pensé que era especial, protagonizada y escrita por Rocío Leal y dirigida por Hugo Arrevillaga, te hará reír y llorar.

Yo pensé que era especial es un monólogo que la actriz Rocío Leal escribió en colaboración con Enara Labelle y que ella misma protagoniza bajo la dirección de Hugo Arrevillaga, uno de los referentes del teatro mexicano contemporáneo.

La obra es una pieza con tintes de humor negro sobre el fracaso, la identidad y las expectativas a partir de la crisis que vive Lucía, el personaje encarnado por Leal.

“Ahora sí que nace completamente de mi crisis existencial y una crisis reflexiva”, cuenta Rocío en entrevista.

Ella se encontró con la llamada crisis de la mediana edad: “En ese momentillo estaba sin chamba, sin novio, también creo que es muy importante en el caso de las mujeres el reloj biológico: ya pasaste de los 40 y dices ‘ya no fui mamá y fíjate que no me casé’. También tiene un dejo de lo que es la depresión, se hace referencia un poquito a eso. Básicamente es esa parte de la vida de los cuarenta y tantos, donde te das cuenta que muchas cosas ya pasaron, pero que también eso puede ser la oportunidad de regresar a uno mismo”.

Aclara que hay cosas que, de alguna manera, se exageraron o se les dio otra dimensión para que no quedaran solo en el plano de contar cuestiones autobiográficas. Se trataba de llevar el monólogo a un plano donde Rocío pudiera “hacer un punto y aparte entre lo que soy y lo que se presenta en el escenario”.

La escritura de Yo pensé que era especial

El proceso de escritura se remonta a 2019. En aquel año, Rocío trabajó con Hugo Arrevillaga, director del montaje, y le contó que tenía ganas de escribir algo. Se reencontraron el año pasado y, cuando Hugo le preguntó cómo iba con su idea, ella seguía en el punto de partida. Ante sus reticencias (ella quería concursar por algún apoyo de escritura), él insistió que escribiera, le presentó a Enara Labelle y le dijo que podrían hacerlo juntas.

“Así fue como empecé. Escribía yo y luego ella leía lo que yo escribía y ella lo traducía en sus palabras y luego yo escribía otra parte. Al final hice una selección, digamos, de la edición final de lo que quedó como una mezcla de las dos. La obra está basada en mis memorias, pero finalmente también está ficcionada”.

Caída en picada

El personaje de Lucía tiene una fijación con los documentales de catástrofes aéreas. Rocío Leal explica la metáfora: “En muchos accidentes aéreos los aviones se dice que entran en pérdida. Esto quiere decir que ya no pueden mantener la sustentación en el aire por diferentes cuestiones físicas y de aerodinámica, el flujo del aire en las alas. Entonces, cuando eso sucede, la maniobra que tiene que realizar el piloto es bajar la nariz del avión, haciéndolo caer en picada para que pueda rehacerse, pues, el flujo aerodinámico y entonces pueda volver a volar. Esa es la metáfora: a veces las personas también entramos en pérdida y pues hay que dejarse caer para volver a volar”.

Para montar el monólogo, Rocío ha vivido un proceso de aprendizaje. “Es la primera vez que hago un monólogo, es la primera vez que escribo, la primera vez que digo las palabras que yo escribí. Entonces, pues es muy revelador, me ha sido difícil, la verdad, porque muchas veces al actuar, pues empiezo a criticarme”.

Pero también lo ha podido ajustar a las necesidades del espectáculo. El director, Hugo Arrevillaga, le imprimió un tono muy íntimo, que conecta con el público: le pidió mucha cercanía, es decir, verlo todo el tiempo a los ojos.

“Yo estaba acostumbrada a la cuarta pared en general. Eso fue lo que más me costó trabajo, pero él tenía razón, porque me da fuerza para seguir. Finalmente en un monólogo, pues tu compañero es el público, dependes de su reacción, estás con él todo el tiempo. Entonces, yo no me podía desconectar de él. Y pues también me ha ayudado mucho que el monólogo es muy minimalista, que Hugo me dirigió simplemente con tres banquitos en escena y unos cuencos tibetanos que hago yo, que canto y, pues, con eso hago todo”.

A la escenografía Rocío la llama “mi mundito”. “Todo es corporal, todo es resignificar el objeto, la música”. Durante la puesta en escena solo hay un track al final. Estar con el silencio, sostiene, es muy retador, pues debe mantener el ritmo sin música que la cobije. “No hay un momento donde yo pueda simplemente descansar y decir ‘bueno, viene track, aquí respiro’. No, yo soy el track también”. La música es de Juan Pablo Villa, él compuso las canciones que hay en la obra.

Acto de rebeldía

En esta época en la que se enaltece la cultura de la felicidad, Yo pensé que era especial parece un acto de rebeldía.

“Sí, es un acto de rebeldía contra esta onda de hay que ser súper positivos y, pues, no, aquí es de: ‘La neta es que yo me siento mal, y pues estoy pensando que no sé qué hice de mi vida’ —dice—. Muchas veces reflexionamos sobre qué es el fracaso, qué es el éxito. Es relativo, ¿no?”.

Marcados por el contexto de las redes sociales, donde parece que todo mundo es perfecto, son inevitables las comparaciones.

“Traté de ser muy honesta y decir ‘bueno, hay cosas que logré, hay cosas que no logré, hay cosas que igual y voy a lograr, pero pues esto es lo que hay’. Y creo que el fracaso es la única manera de levantarse, de reconstruirse”.

A Rocío le ilusiona que la obra se presente en el Teatro Salvador Novo de la Escuela Nacional de Arte Teatral, su alma máter. Desde su graduación, es la primera vez que vuelve, con una carrera sólida como actriz. Y con su debut como dramaturga.

“Espero que a alguien le sirva de alguna manera esto, si es que de algo sirve. Al final de la obra, se dice ‘tal vez solo se trate de reconocerse en las cicatrices’. Cada quien tiene sus cicatrices y, más allá de tener vergüenza de ellas, pues hay que abrazarlas y aceptarlas y aceptarnos con lo que somos”.

Yo pensé que era especial se presenta del 7 al 22 de febrero en el teatro Salvador Novo del Centro Nacional de las Artes, en la Escuela Nacional de Arte Teatral. Jueves y viernes, 20:00 horas; sábados, 19:00 horas; domingos, 18:00 horas. Boletos en taquilla o en la página del Cenart.

Yo pensé que era especial

Fecha: del 7 al 22 de febrero

Hora: jueves y viernes, 20:00 horas; sábados, 19:00 horas; domingos, 18:00 horas

Dónde: teatro Salvador Novo del Centro Nacional de las Artes, en la Escuela Nacional de Arte Teatral

Boletos en taquilla o en la página del Cenart

 


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