“Nací en Azcapotzalco cuando todo esto era baldío y tiraderos”, recuerda Sara Lugo, quien desde niña se supo diferente. Aunque de su papá sufrió golpes y rechazo, la situación cambió en su adolescencia: “Me reconcilié con mi padre porque no nos llevábamos bien. Me vestía de mujer cuando él no estaba”. Con el resto de la familia encontró apoyo. Sus abuelos aceptaron su identidad y su tía se volvió su cómplice.
Después de la secundaria trabajó en Burger Boy y comenzó a convivir con gente de la comunidad. Se pintó el cabello, se depiló la ceja y empezó a transformarse. “Me decían ‘la Yuri’ por el pelo rubio”. Su referente era Sara Montiel y la convencieron de hacer un show travesti cantando “Clavelitos”. Ahí comenzaron a llamarla Sarita.
A principios de los años 1980 descubrió el high energy y empezó a imitar a Divine. El boom llegó en una producción de Polymarchs en el Hotel de México. Desde entonces cada marcha del orgullo se transforma en “Mexican Divine”, personaje al que ha llevado a distintos foros. Cuando conoció al actor y director John Waters, iba caracterizada:
“Vi su cara de emoción y él decía ‘guau’ cuando me veía vestida de Divine en pleno día”.
Durante más de 35 años, Sara tuvo un negocio de quesadillas y a veces atendía maquillada antes de irse a trabajar. Aunque en su casa y entre los vecinos encontró aceptación, afuera la historia era distinta. “Lo terrible era cuando andaba en la calle y empezaban los levantamientos”, recuerda Sara, quien fue detenida dos veces. “La primera vez venía de visitar a una amiga. No corría, no tenía nada que esconder, no me andaba prostituyendo ni nada, pero aun así veían que eras trans. Antes éramos ‘vestidas’ u otros nombres horribles. Entonces, ‘van para arriba’”, lamenta Sara, quien cuenta que a veces las golpeaban o intentaban abusar de ellas.
La epidemia del VIH también marcó su vida. Recuerda en especial a un compañero al que llamaban “La abuela”, a quien le llevó comida cuando estaba en fase terminal —su familia estaba fuera de la ciudad y lo dejaron sin alimento—. Además, sobrevivió a problemas de salud relacionados con la obesidad y una anemia severa; llegó a pesar 200 kilos y decidió hacerse un bypass gástrico. “Sentí que volví a nacer”, sostiene.
A los 61 años sigue maquillándose para hacer shows y cuidando a su familia, quienes asegura que la han salvado. Mientras se prepara para volver a convertirse en Divine, sostiene: “Lo disfruto mucho”.