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"Siempre me supe mujer", Emma Yessica Duvali

Emma Yessica Duvali es luchadora social y participó en la creación del Archivo de Memoria Trans México, para conservar fotografías e historias de mujeres trans mayores.

“Siempre me supe niña, siempre me supe mujer”, recuerda Emma Yessica Duvali sobre su infancia, aunque en la escuela y el barrio le gritaran “joto maricón”. Su primer referente fue su mamá, pero quien marcó cómo quería verse fue su maestra de primaria María Gallardo Arellano. “Cuando llegaba a la escuela, se oían sus tacones: ‘pac, pac, pac’. Decía: ‘Quiero ser como ella’”.

“Me golpearon, se cagaron en mi mochila, se orinaron en mis libretas, me escupían”, recuerda sobre el bullying en esa época. Una maestra habló con su mamá para llevar a Emma con un doctor y este le dijo: “Este muchacho está sano, no tiene nada, ya sabe lo que quiere”. Para Emma, eso fue importante: “Yo sé lo que quiero, quiero ser mujer”, y aunque su mamá le decía que iba a sufrir, le enseñó a ser autosuficiente.

Emma Yessica con notas de periódico relacionadas con su labor como luchadora social. Foto: Ñoño Nogales



Creció en la Magdalena Mixiuhca. A los 13 años conoció a “La Pecadora”, quien nunca transicionó: era padre y madre de familia y se vestía los fines de semana para los bailes. Después se hicieron amigas y le abrió camino para vestirse de mujer todos los días.

Emma comenzó trabajando como secretaria de vedettes en el Teatro Apolo y más adelante se convirtió en una de ellas. Estuvo en el Teatro Garibaldi, Estudio 54 y Los Monarcas. “El burlesque no lo hace cualquiera. Fui atrevida, porque no me hice una reasignación sexual y hacía desnudo completo para un público heterosexual”.

Recuerda que los años del VIH fueron duros para la población LGBT+. “Estábamos estigmatizadas”, lamenta Emma Yessica Duvali, quien cuenta que algunas mujeres trans recurrieron al alcohol y las drogas para lidiar con el rechazo y la violencia.

Foto: Ñoño Nogales


Hoy dice sentirse libre. “A mis 65 años no me tengo que esconder. Ámate como estés, porque este cuerpo te va a acompañar hasta el día de tu muerte”. Sin embargo, también piensa en la vejez: “Las compañeras trans cuidan a la familia, a los adultos mayores; pero cuando nosotras envejecemos, nadie”.

Emma se asumió luchadora social cuando entendió que vestirse de mujer ya era una forma de resistencia. Después participó en la creación del Archivo de Memoria Trans México, para conservar fotografías e historias de mujeres trans mayores.


“Ha valido la pena tanto madrazo que nos dieron”, asegura Emma, quien cuando ve mujeres trans trabajando libremente, siente que todo tuvo sentido.

“Qué bueno que están estudiando, que el trabajo sexual ya no sea lo único”. Y al pensar en el futuro dice: “Ojalá que cuando yo ya no esté, otras digan: ‘Qué bueno que hubo una Emma’”.

Foto: Ñoño Nogales

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