Este 15 de marzo de 2026 será la 98.ª edición de los Premios Oscar, y parece que al mundo le encanta comparar libros con películas (posiblemente porque muchas de las nominadas son adaptaciones). Este año, cada película es muy distinta, tanto de estética como de concepto. Aquí te recomendamos algunos libros que van de la mano con cada una y que propone un puente entre la pantalla y la página.
Bugonia – 1Q84, de Haruki Murakami
Ambas historias juegan con la sensación de que la realidad tiene una grieta. En 1Q84, el mundo se enrarece y lo cotidiano se vuelve inquietante; en Bugonia, la paranoia y lo absurdo transforman lo que creemos conocer y nos hace dudar de todo.
Ambos exploran cómo una idea (una sospecha, una teoría, una percepción alterada) puede reconfigurar la realidad entera y aislar a sus personajes en universos paralelos donde lo extraño se vuelve real.
F1 – Open: memorias, de Andre Agassi
Aunque uno hable de automovilismo y el otro de tenis, ambos retratan el lado íntimo y personal de la alta competencia. Open muestra la presión psicológica detrás del éxito deportivo: la disciplina, el desgaste, la obsesión. Esa misma tensión atraviesa una historia como la que vemos en F1, donde la velocidad no solo es física sino también emocional.
Ganar no es solo cruzar primero la meta, sino sobrevivir al peso de la victoria.
Hamnet – El año del pensamiento mágico, de Joan Didion
Las dos obras abordan el duelo desde lo más íntimo y personal. Hamnet imagina el dolor de una madre ante la pérdida de su hijo; Didion, en su libro, convierte el duelo en un proceso mental casi metódico y obsesivo, donde la razón intenta dialogar con la ausencia (que a su vez se niega a ese diálogo).
En ambas, la pérdida no es solo tristeza, sino que es desconcierto, construcción de memoria y sobre todo la necesidad de encontrar sentido en lo irreparable.
Marty Supreme – El adversario, de Emmanuel Carrère
En este caso, el vínculo entre ambas obras está en la construcción de la identidad pública, la actuación llevada a su máxima consecuencia. El adversario explora cómo una persona puede fabricar una versión de sí misma hasta que esa máscara lo devora. Una historia como Marty Supreme también dialoga con esa tensión entre talento real, ambición y el personaje que se crea ante los demás.
En ambas se explora cómo la identidad es una ficción sostenida: fake it till you make it.
Una batalla tras otra – La broma infinita, de David Foster Wallace
Probablemente ninguna novela se parezca a la película, pero en este caso, ambas son análisis satíricos del exceso contemporáneo. La broma infinita es una obra complejísima que exagera el entretenimiento, la adicción y la cultura del espectáculo hasta el absurdo. La película también hace una crítica satírica de las instituciones gubernamentales y la injusticia imperante.
En las dos, el humor es incómodo porque refleja algo absurdo pero real.
El agente secreto – La llamada, de Leila Guerriero
Este par de historias examinan los efectos psicológicos y personales de la violencia política en Latinoamérica. Mientras El agente secreto se mueve entre conspiraciones y espionaje, La llamada reconstruye una vida atravesada por la represión y el trauma, mientras revela los mecanismos internos del gobierno represor.
En ambos casos, lo político no es benevolente ni inconsecuente: impacta en cuerpos, decisiones e identidades.
Valor sentimental – El amigo, de Sigrid Nunez
Las dos obras exploran el duelo y los afectos desde personajes que se niegan a abrir su corazón de nuevo, pero que se encuentran haciéndolo en circunstancias extrañas. En El amigo, la pérdida se procesa a través de la compañía inesperada de un perro; en Valor sentimental, los vínculos familiares revelan heridas en silencios y gestos mínimos cargados de significado.
Ambas muestran que el amor y el dolor se sostienen en detalles aparentemente pequeños e insignificantes.
Pecadores – La sed, de Marina Yuszczuk
Por un lado, ambas son de vampiros, pero ese vampirismo funciona como una analogía, un simbolismo de una violencia o una herida mucho más profunda. En La sed, una vampira de siglos atrás ayuda a una mujer a atravesar el duelo por su madre que está a punto de partir hacia la muerte. En Pecadores, vemos la cultura afroamericana reivindicada porque los vampiros (que simbolizan la cultura dominante) se la robaron en primer lugar.
En las dos, la sangre y los colmillos son en realidad un vehículo para señalar heridas personales so colectivas.
Sueños de tren – Stoner, de John Williams
Ambas son historias de vidas silenciosas, quedas. Stoner retrata la existencia aparentemente modesta de un hombre común, que es donde uno en realidad encuentra todas las maravillas; Sueños de tren también se detiene en la soledad, el paisaje y el paso del tiempo.
Son relatos donde no hay grandes estruendos, pero sí una profunda dignidad en lo cotidiano y en las pequeñas resistencias de una vida entera.