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Deseo, poder y negligencia emocional: Las claves de la obra Julia en CDMX

Llega una nueva adaptación de ‘Julia’ de August Strindberg, en la que el deseo de poder y la negligencia protagonizan una noche de excesos

En 1888, La señorita Julia vio por primera vez la luz. August Strindberg presentó en esta obra de teatro a una joven aristócrata que seduce a un lacayo durante un baile de sirvientes, revelando a través de esta relación un juego de poder desatado por la clase social, el género, los deseos reprimidos, al negligencia emocional y la búsqueda de libertad a costa de la destrucción.

Durante más de 130 años se han presentado diferentes versiones, algunas apegadas a su época original y otras más contemporáneas; incluso ha llegado al cine. Por lo que nos lleva a preguntarnos si La señorita Julia, aunque cambie, nos puede hablar de la misma manera en la actualidad.

Para el director Gerónimo Espeche, la adaptación que presentan en el Foro Shakespeare bajo el título de Julia no es particularmente diferente aun cuando se ambiente en el presente con la protagonista (Andrea Gio) celebrando su cumpleaños y permitiéndose “perder el control” al lado de un manipulador Juan (Nahuel Ruiz Ocampo), mientras la pareja de él, Cristina (Daniela Bueno), es testigo de lo que se está desatando esa noche en una cocina. 

Foto: Cortesía

En todo caso, señala Gerónimo, las estructuras de poder pueden ser más útiles para desarrollar deseos y sentimientos, pero “la sensación es que son bastante parecidas”. Sólo que aquí se explora principalmente la incapacidad de comunicarnos

“Nuestra versión está como observando o percibiendo que a veces decimos palabras y no significan lo mismo para nosotros. La palabra como símbolo termina siendo una cosa medio estéril porque para mí amor significa una cosa y para vos, otra… Es de personas, por supuesto, que tienen posiciones sociales y económicas completamente distintas, pero que son personas al final, y que tratan de hablar de lo mismo, sin poder hacerlo”, comenta.

Personajes desde otro ángulos

Andrea Gio destaca que hay deseos inconscientes o “que no entendemos bien de dónde vienen” detrás de Julia. “Es muy fácil de pronto ponerla en una caja de que era una rebelde, que hoy podríamos decir que medio no está bien de la cabeza porque es impulsiva, emocional, irresponsable, un montón de adjetivos que se le pueden atribuir a muchas personas que, desde mi punto de vista, simplemente están tomadas por la emoción”, dice.

Foto: Cortesía

Y es que Julia es básicamente una chica rica con vacíos emocionales y sin responsabilidad afectiva que por ello perjudica a los demás. Sin embargo, eso viene de ser víctima de la negligencia emocional. Lo que también la conduce a Juan, quien es incapaz de gestionar sus emociones y de percibir las cosas fuera de su lugar de autoprotección y ambición.

“Tiene que ver con cómo los varones gestionamos nuestras emociones con el filtro del patriarcado, digo, si bien en la obra no bajamos la bandera del patriarcado ni [se dice que] esto es lo que sucede por su responsabilidad, está implícito en nuestra manera de vincularnos”, rescata Nahuel Ruiz.

Por su parte, Cristina toma otra dimensión como el punto moral de la historia cambiando su identidad de personal del hogar a la de una mujer migrante; mas no por eso deja de expresar un dolor interiorizado. “En el caso de Cristina es la falta de familia, no tienes nada alrededor, lo que tienes son las personas que están y eso hace que el vínculo desde la herida sea completamente nocivo”, afirma Daniela Bueno.

Al final, Julia es una obra en la que el tiempo puede detenerse o correr y sus personajes pueden modernizarse o responder a costumbres del pasado, pero que pone sobre la mesa ese deseo humano que viene acompañado de heridas sociales, negligencia emocional y que puede enmarcar destinos trágicos.


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