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"Desde mi más tierna infancia, tenía predilección por lo femenino y el arte", Terry Holiday

Terry Holiday colaboró con Alejandro Jodorowsky, fundó Schakkira Travesti Show y contó su historia en ‘Un vago temblor de estrella’.

“Desde mi más tierna infancia tenía predilección por lo femenino y el arte”, asegura Terry Holiday, quien se identificaba con su mamá, sus blusas de seda y su manera de peinarse. Gracias a ella conoció a estrellas como Dolores del Río y Lupe Vélez. En la época en la que participó en la obra Hair, adoptó el nombre de Terry Holiday, nombre inspirado en Billie Holiday.

Su carrera comenzó en el teatro musical y el performance en los años 1970. Trabajó en cine Súper 8, instalaciones y cabaret con Peyote y Compañía. Colaboró con Alejandro Jodorowsky en La montaña sagrada y Lucrecia Borgia.

Con las palmas de Domingo de Ramos con las que protege en su casa. Foto: Ñoño Nogales

El show travesti comenzó casi por accidente, imitando a artistas de la época, hasta que Alfonso Gómez Evans la invitó a trabajar en el bar gay El Mio Mondo. En 1977 formó Schakkira Travesti Show, con el que se presentó en televisión, teatros y casinos antes que Francis. “Imité a todas, desde Lola Beltrán hasta Diana Ross o Selena”. También trabajó en las películas A fuego lento, de Juan Ibáñez; Acorazado, de Álvaro Curiel; y en obras de Roberto Gavaldón. Fue protagonista de uno de los episodios de la serie documental Noctámbulos, historia de una noche, de Arturo Ripstein, que hizo que chicas trans le escribieran para decirle que al verle “se atrevieron a ser ellas mismas”.

“Nuestra zona de confort era la Zona Rosa, pero era como un imán para la policía”, recuerda sobre la represión: las extorsionaban y hasta amenazaban con hablarle a sus familias. “Íbamos a reunirnos con otras chicas, con nuestros amiguitos gays, a tomar un café, a platicar, y eso era falta a la moral”, lamenta Terry, a quien detuvieron varias veces entre 1972 y 1978.

Terry Holiday junto a sus perras, Conchita y La Bonita. Foto: Ñoño Nogales

En su autobiografía Un vago temblor de estrella (Grijalbo), escrita con Antoine Rodríguez, recorre su historia, sus amigas vivas y muertas, y los caminos que transitó. A los 70 años, valorando más el amor propio que el romántico, y retirada de los escenarios, prefiere recordar los videos donde se veía “tan bonita”, dar espacio a nuevas generaciones y continuar como artista visual.


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