La fundación de México-Tenochtitlán no descansa únicamente en la leyenda repetida de generación en generación del águila, el nopal y la serpiente: se sostiene también en voces expertas, documentos indígenas y evidencias arqueológicas que han permitido una perspectiva más detallada sobre el origen de la capital mexica.
Entre estas fuentes se encuentran los códices mexicanos, documentos pictóricos elaborados por las civilizaciones mesoamericanas que funcionaban como archivos de memoria para registrar y preservar su historia, conocimientos y creencias. Estos eran creados en materiales como papel amate o de algodón.
Los responsables de realizar estos documentos eran los tlacuilos, escribas-pintores especializados (hombres o mujeres) que plasmaban la información en estos tipos de soporte. Para ello utilizaban pinceles, colorantes y pigmentos naturales (orgánicos y minerales), destacando el negro de humo y el rojo de grana cochinilla.
Destaca el Códice Boturini o Tira de la Peregrinación, uno de los principales manuscritos pictóricos que permite un acercamiento inédito a nuestro pasado indígena. En él se ilustra la migración de los mexicas (entonces aztecas) desde su salida de Aztlán hasta el lugar donde deberían de asentarse: México-Tenochtitlán.
Un códice histórico resguardado por el INAH
Conservado hoy en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (Paseo de la Reforma y Calzada Gandhi), el Códice Boturini está elaborado en una larga tira de papel amate doblada en 22 láminas (pintadas por un sólo lado), las cuales miden en promedio 19.8 x 25.5 centímetros y que unidas conforman un biombo de 5.49 metros de longitud.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se presume que el documento pasó a formar parte de diversas colecciones particulares, como la de Carlos Sigüenza y Góngora (1645-1700). Sin embargo es hasta el siglo XVIII cuando es mencionado por primera vez en el Catálogo del Museo Indiano del coleccionista italiano Lorenzo Boturini Benaducci (1702-1755), por ello su nombre.
Cuando Boturini fue encarcelado y expulsado de la Nueva España entre 1743 y 1744 por realizar actividades sin permiso oficial (como promover la coronación de la Virgen de Guadalupe), todos los documentos indígenas que recopiló y preservó durante siete años fueron confiscados por las autoridades virreinales.
A partir de ahí, el códice fue resguardado en varios repositorios como la Secretaría de Cámara del Virreinato. Luego de ser llevado a Londres en 1823 y 1824 por el coleccionista inglés William Bullock, para ser parte de una exposición de antigüedades prehispánicas, se devolvió a México dos años después.
Además de encontrarse en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, cuenta con una edición digital de alta calidad desarrollada por INAH (codiceboturini.inah.gob.mx). Esta versión permite explorar el documento en línea, ofreciendo una narración oral y acercamientos detallados a las imágenes.
187 años de peregrinación hacia su destino
El Códice Boturini, que posiblemente era una copia de un documento similar realizada en la primera parte o mediados del siglo XVI (poco después de la Conquista), narra el viaje mítico de los mexicas ordenado por su dios Huitzilopochtli (“Colibrí de la izquierda”), quien guió su camino en busca de una señal divina para fundar su ciudad, donde tendrían tierras y poder.
En él se refiere que partieron de Aztlán (“Lugar de garzas” o “Lugar de blancura”), un islote posiblemente ubicado en algún punto del norte de México, con miras al sur. Además, muestra de manera secuencial los asentamientos y paradas temporales que hicieron.
Al final, ninguno de los que iniciaron la travesía vieron la tierra prometida debido a que la peregrinación abarcó un periodo de 187 años, tiempo en el que desafiaron grandes obstáculos como hambre, enfermedades y conflictos con algunos pueblos.
En las láminas 21 y 22 del Códice Boturini, la narrativa llega a un punto crítico y se interrumpe abruptamente debido a que la última está incompleta. En ellas se retrata cómo los mexicas, al llegar al Valle de México y asentarse en zonas como Chapultepec, fueron sometidos por Coxcoxtli, señor de Culhuacán, quien para dejarlos continuar su trayecto los envió a guerrear contra los xochimilcas.
Todo se detiene en medio de la guerra sin mostrar posteriormente la culminación de la profecía (el águila sobre el nopal) y, por lo tanto, la fundación de México-Tenochtitlán. De acuerdo con el INAH, la última lámina del documento no parece dañada, por lo que se sugiere que el tlacuilo no terminó la obra posiblemente por problemas económicos, porque se lo prohibieron o porque simplemente falleció.
Además, sólo tiene una etiqueta en inglés que evoca el recuerdo de su exhibición en Londres en 1824: “Un finísimo manuscrito azteca, sobre maguey, en 21 pliegues u hojas, en el que se representan las migraciones de aquel pueblo extraordinario; es considerado en México como el más perfecto y valioso de los que existen”.