Hace 40 años, la Ciudad de México recibía al mundo entre trolebuses, calles llenas de vochos, teléfonos públicos y una población que intentaba levantarse después del terremoto de 1985. Hoy, en 2026, vuelve a ser sede de una Copa del Mundo rodeada de rascacielos, aplicaciones de movilidad, nuevas líneas de transporte y millones de visitantes que llegarán desde todos los rincones del planeta. La ciudad ha cambiado de rostro una y otra vez, pero hay algo que permanece intacto: esa capacidad tan mexicana de hacer comunidad, celebrar en las calles y convertir cualquier momento histórico en una fiesta colectiva.
Basta ver las imágenes de los festejos mundialistas de 1986 para encontrar algo familiar. El Ángel de la Independencia ya era el punto de encuentro para miles de aficionados; las banderas ondeaban sobre los coches y la euforia tomaba Reforma.
Cuatro décadas después, las selfies sustituyeron a las cámaras de rollo y los videos virales recorren el mundo en segundos, pero el espíritu sigue siendo el mismo. El de una ciudad que se transforma constantemente sin perder aquello que la hace única.
Una ciudad que se multiplicó para el Mundial 2026
En 1986 México tenía poco más de 76 millones de habitantes. Hoy somos casi 133 millones. La Ciudad de México también se expandió. Nuevas colonias aparecieron, crecieron las zonas metropolitanas y el transporte tuvo que evolucionar para mover a millones de personas más.
En aquellos años los trolebuses, microbuses y la Ruta 100 dominaban las calles. El Metro apenas seguía expandiéndose con líneas que hoy son parte fundamental de la vida cotidiana.
Hoy la movilidad incluye aplicaciones, bicicletas públicas, corredores de transporte, nuevas líneas de Cablebús, RTP, Metrobús y proyectos urbanos que buscan recuperar espacios para peatones y ciclistas.
Tlalpan: la misma avenida, otra ciudad
Una fotografía de los años ochenta muestra la Calzada de Tlalpan a la altura de Tasqueña. Se observa el Tren Ligero avanzando entre una ciudad mucho menos saturada y todavía lejos de imaginar el papel que jugaría cuatro décadas después.
Hoy esa misma avenida se alistó para recibir miles de visitantes internacionales durante el Mundial 2026.
La transformación incluyó nuevos espacios peatonales, recuperación de áreas verdes, iluminación y un corredor elevado que permitirá caminar de forma más segura sobre una de las vialidades más transitadas de la capital.
Son obras que nacen pensando en el Mundial, pero que permanecerán para quienes habitan la ciudad todos los días.
El Estadio Ciudad de México que ha visto pasar generaciones
En 1986 el Estadio Azteca ya era una leyenda. Había sido inaugurado apenas veinte años antes y ya había presenciado momentos que cambiaron la historia del futbol mundial.
Cuarenta años después, el inmueble vuelve a ser protagonista. Renovado para recibir una nueva Copa del Mundo, el recinto se transformó nuevamente para estar a la altura de un evento global.
Generaciones completas han pasado por sus gradas. Padres que vieron a Maradona ahora regresan acompañados de hijos y nietos y vieron el primer gol de México en este Mundial de 2026
Pocas construcciones en México pueden presumir una memoria colectiva tan poderosa.
De Miguel de la Madrid a Claudia Sheinbaum
La ciudad también cambió políticamente. En 1986 México era gobernado por Miguel de la Madrid. El país atravesaba una crisis económica profunda y la reconstrucción tras los sismos ocupaba buena parte de la agenda nacional.
En 2026 la Presidencia es encabezada por Claudia Sheinbaum, la primera mujer en gobernar México, un hecho que parecía impensable para muchas niñas que vivían aquel Mundial de los ochenta.
La Ciudad de México cambió. Los mexicanos no.
Quizá el cambio más grande no está en los edificios ni en las avenidas. Está en la diversidad de quienes hoy habitan la ciudad.
En las mujeres que ocupan espacios que antes les eran negados. En las comunidades que exigen visibilidad. En los millones de mexicanos que viven dentro y fuera del país pero siguen sintiendo a México como casa.
Y sin embargo, cuando llega el futbol, cuando ocurre una tragedia o cuando hay algo que celebrar, seguimos siendo los mismos:
Los mismos que organizaron brigadas tras los terremotos. Los mismos que reciben extranjeros como si fueran familia. Los mismos que convierten el Ángel de la Independencia en una fiesta colectiva. Los mismos que le gritan a un desconocido “hermano, ya eres mexicano”. Porque sí, la Ciudad de México se volvió más moderna.
Pero su esencia sigue intacta. Y qué chingón que así sea.