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La obesidad infantil en México ya impacta corazones y presión arterial

A propósito del Día Mundial de la Obesidad, el nuevo atlas global revela que 13 millones de niñas, niños y adolescentes del país tienen esta enfermedad

México carga un récord nada cool: somos de los países con más sobrepeso y obesidad infantil en el mundo. Cuatro de cada diez niñas, niños y adolescentes viven con esta enfermedad crónica. En números estamos hablando de casi cuatro millones de peques entre 5 y 9 años y nueve millones de chavos de 10 a 19.

No es un tema estético. Es una enfermedad y necesita tratarse como tal: sin estigmas y con cambios de fondo.

Cada 4 de marzo, en el marco del Día Mundial de la Obesidad, la World Obesity Federation (WOF) publica su Atlas Mundial de la Obesidad, una radiografía global de cómo va el planeta frente a esta epidemia. Y spoiler: el panorama no pinta del todo bien.

El mundo no va a cumplir la meta de frenar el aumento de la obesidad. Aunque el plazo se extendió a 2030, muchos países siguen cortos en prevención, monitoreo, detección y tratamiento. ¿Y México? Aquí viene la parte interesante.

De acuerdo con Simón Barquera, presidente de la WOF, nuestro país fue de los primeros en prender las alertas desde el año 2000. Eso significa que ya hay historia de trabajo, políticas públicas y experiencia acumulada. No vamos empezando.

Incluso hay una noticia que da un respiro: en la última década, la obesidad en personas adultas ya no ha crecido de manera estadísticamente significativa. Y, si todo sigue así, para 2035 podríamos ver una reducción cercana al 5%.

“Calculamos que podríamos estar para el 2035 viendo una reducción de alrededor del 5% de la prevalencia de obesidad”, comparte en entrevista a Chilango Diario.

Pero calma. No es momento de echar las campanas al vuelo cuando 13 millones de niñas, niños y adolescentes aún viven con sobrepeso u obesidad. Ese es el foco rojo urgente.

La preocupación no es menor: la obesidad en edades tempranas aumenta el riesgo de enfermedades como hipertensión y padecimientos cardiovasculares. De hecho, más de 1.1 millones de menores ya presentan hipertensión y 1.5 millones muestran señales de enfermedad del corazón, según los resultados que hoy se darán a conocer.

Con estas cifras, México es el segundo país con más obesidad infantil en América y entre los miembros de la OCDE, sólo detrás de Estados Unidos.

Políticas exitosas

Saber cómo enfrentar el problema pasa primero por entender qué lo causó. En este punto, Barquera indica que la obesidad tiene que ver con el entorno de las personas. Y el entorno en México cambió.

Hoy lo ultraprocesado está en cada esquina: refrescos, frituras, dulces y promociones por todos lados. En cambio, no siempre es fácil ni barato conseguir comida nutritiva o agua potable. La publicidad, en la calle y en las redes sociales, tampoco ayuda. El resultado es que México es de los países que más consume productos ultraprocesados en Latinoamérica.

A pesar del panorama, Barquera destaca que México ha aplicado cinco políticas que incluso son ejemplo internacional:

  • Impuestos a refrescos y comida chatarra: ayudaron a reducir el consumo de refrescos en nuestro país entre cinco y diez litros por persona. Eso significa toneladas de azúcar menos.
  • Etiquetado de advertencia: esos octágonos que advierten “Exceso de azúcar”, “Exceso de sodio”, han ayudado a que la gente tome decisiones más informadas y a que las marcas reformulen sus productos.
  • Regulación de publicidad infantil: quitar a los personajes infantiles y dibujos animados de la comida chatarra también ha sido clave para proteger a la niñez.
  • Guías alimentarias mexicanas: desarrolladas por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) y publicadas en 2024, explican qué comer, cuánto y qué limitar.
  • Ley de Entornos Escolares: prohíbe la venta y publicidad de comida chatarra y bebidas azucaradas en las escuelas, y prioriza opciones saludables y acceso a agua potable.
Foto: World Obesity Federation (WOF)

¿Qué sigue?

Para el presidente de la WOF, otras propuestas que pueden ayudar bastante son ampliar la licencia de maternidad a 24 semanas para favorecer la lactancia, regular la mercadotecnia digital, promover dietas saludables y sostenibles y abrir más espacios seguros y baratos para la actividad física, además de fortalecer las políticas que ya existen.

“Todos tenemos un papel que jugar en esta problemática, pues nos afecta a todos por igual”, dice Barquera. Y sí: la obesidad es un problema de salud, pero también de entorno, economía y futuro. Y si queremos un país (y un mundo) más sano, el cambio no es solo individual, es colectivo.


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