Casi todos los chilangos hemos escuchado alguna vez que ver un colibrí de cerca es de buena suerte. La pequeña ave, característica por sus colores iridiscentes, aleteo veloz y curiosa forma de volar, aparece poco ante nuestra presencia, pues se espanta fácilmente y huye a toda velocidad.
De ahí que exista la creencia de que nos irá bien en la vida si tenemos la fortuna de ver a uno, posibilidad que en la ciudad podría disminuir todavía más ante factores como la destrucción de su hábitat, el uso de pesticidas, el cambio climático y la contaminación.
De acuerdo con el Manual breve de los colibríes. Guardianes alados del territorio, al menos 19 especies de estos ejemplares emplumados habitan en la capital del país, cuya presencia es una muestra de que la biodiversidad persiste entre el concreto y el ruido citadino.
“Al igual que las personas, los colibríes son habitantes de esta inmensa ciudad. Viven en las barrancas, los canales, los jardines vecinales, los balcones, los huertos escolares. Su vuelo nos recuerda que esta urbe es un ecosistema, un complejo territorio vivo”, indica el documento.
Una especie amenazada
El estudio fue publicado en noviembre de 2025 por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) y la Secretaría del Medio Ambiente de la ciudad (Sedema), y advierte diversas amenazas y riesgos que esta pequeña ave enfrenta en la urbe chilanga.
Los especialistas señalan que de las 19 especies detectadas en la ciudad, sólo una está descrita con la categoría de amenazada en la lista roja. Sin embargo, factores como la pérdida de hábitat, el cambio climático y el tráfico ilegal ponen en riesgo a las demás poblaciones. Asimismo, identifican diversas amenazas críticas a nivel global y local, con impactos documentados en ecosistemas como el de la Ciudad de México.
El estudio agrupa en cinco grupos las amenazas principales que los colibríes enfrentan en la ciudad, cuatro de ellos relacionados directamente con las actividades humanas.
El primero es la urbanización acelerada, que impacta directamente a los colibríes debido a la pérdida y fragmentación de sus hábitats, es decir, que los espacios verdes se reducen a la par que las construcciones crecen. En este punto se advierte también la disminución de los humedales, “los cuales son importantes para la subsistencia de muchas especies de plantas y animales nativos”.
El segundo problema es el cambio climático, provocado en su mayoría por la contaminación. Este fenómeno, sostiene el estudio, altera los tiempos de floración de las plantas de las cuales dependen los colibríes para su reproducción.
La variación drástica de las temperaturas en el planeta también impacta negativamente las rutas migratorias de estas aves. De acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cerca de 4.7 billones de aves migran del norte del continente americano hacia México para pasar la temporada invernal, sin embargo, en los últimos años se detectó un declive en poblaciones de algunas especies.
Otra actividad humana que afecta a los colibríes es el uso agrícola de plaguicidas, químicos que provocan un fenómeno de bioacumulación en las plantas e insectos de los que se alimentan las aves. Entre las sustancias que el estudio menciona están los neonicotinoides, los cuales generan daños en el comportamiento, reproducción y supervivencia de estas especies.
En cuarto lugar, el Manual breve de los colibríes resalta que estas pequeñas aves y otras más enfrentan la depredación de especies invasoras y domésticas con hábitos cazadores, como los gatos callejeros y ferales.
El último factor de riesgo son las enfermedades. “Protozoarios como Trichomonas gallinae pueden proliferan en bebederos artificiales mal higienizados”, precisa el documento.
Hay un problema adicional que seguro nunca te habías imaginado: aunque las ventanas son muy comunes e indispensables en nuestras vidas, también representan un problema para los colibríes. Las aves, indica el manual, “son incapaces de percibir el vidrio como una barrera y pueden morir o resultar gravemente heridas al chocar”.
Protege colibríes
El documento también es una guía práctica e ilustrada que enseña a la población a cuidar a estas aves. Enlista consejos y hábitos muy sencillos que todos podemos seguir diariamente:
- Crear hábitats seguros en jardines, balcones o espacios comunitarios con plantas nativas productoras de néctar, como el muicle, toronjil, mirto, salvia, chía, entre otras.
- Evitar el uso de pesticidas en plantas y jardines, en su lugar, optar por otras alternativas agroecológicas para eliminar plagas.
- Compartir información científica y combatir los mitos que promueven la cosificación y explotación de los colibríes.
- Usar calcomanías, mallas, mosquiteros y otras estrategias para evitar que las aves choquen con las ventanas.
- Participar en las actividades de riego y cuidado de las plantas para colibríes, sobre todo, en invierno y primavera, cuando las lluvias son escasas.
- Utilizar plataformas de ciencia participativa para registrar las especies de colibríes y otras aves que habitan colonias o parques cercanos a asentamientos humanos.
- Impedir que gatos o perros salgan solos a los parques y jardines para colibríes.