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Murciélagos en Tlalpan: pequeños aliados de la biodiversidad urbana

Más de 40 años de convivencia con tres especies nocturnas inspiran iniciativas de conservación y educación ambiental en la unidad habitacional Hueso Periférico

Por Bryan Rivera

Son poco más de las 19:00. Los anaranjados remanentes del atardecer bajan como persianas detrás de los edificios departamentales. Se escucha un primer aleteo, diminuto, casi imperceptible. Luego otro y otro hasta que docenas de alas dominan el cielo mientras se pintan los primeros tonos de la noche en la Unidad Habitacional Hueso Periférico, en la alcaldía Tlalpan, a un costado del Mercado de las Flores de Xochimilco.

Esta colonia de mamíferos placentarios, que tiene más de 40 años, es odiada por muchos de quienes ahí viven, excepto por Pamela Martínez quien, junto a Ameyalli Marín y Liliana Rosas, asumieron su preservación. Los vecinos suelen oponerse a su existencia por el guano: las heces que principalmente se acumulan entre los resquicios de los edificios 11 y 14, así como en los marcos de algunas ventanas.

Cuando tenían alrededor de 24 años, Pamela, Ameyalli y Liliana fundaron Guardianes Alados: un pequeño colectivo que, junto a otros especialistas, difunden información y capacitan a vecinos sobre el cuidado de las tres especies que habitan la unidad: Tadarida brasiliensis, Nyctinomops macrotis y Myotis velifer, todas ellas insectívoras.

Es fácil pensar: ¿Por qué los murciélagos hicieron refugio en una unidad habitacional y no en una cueva? La respuesta está en las diminutas aberturas que dividen los edificios 11 y 14, recovecos oscuros que el sol calienta pero no atraviesa, y donde duermen todo el día, explican Pamela y Ameyalli a Chilango Diario.

Aleteos en el cielo, una presencia común

De niña, Pamela jugaba con sus vecinos en la unidad habitacional luego de salir de la primaria o en vacaciones. Debían meterse cuando comenzaran a salir los murciélagos, no por temor, sino como medida de tiempo para evitar el anochecer.

No era fan de los animales, pero aprendió que eso no justifica “que debas erradicarlos o quitarlos de tu vista de una manera agresiva”. Para ella, la presencia de murciélagos era el equivalente a una manada de perros en alguna otra colonia.

Los vecinos toleraban a los murciélagos, en tanto, investigadores de la UAM Xochimilco (cuyo plantel está frente a la unidad) iban periódicamente a retirar el guano. Sin embargo, dejaron de ir por la suspensión de actividades presenciales durante la pandemia. El guano comenzó a acumularse, desprendiendo un severo hedor por la descomposición del nitrógeno en amoniaco.

Murciélagos rechazados por el guano

Leticia Curiel, otra vecina de la unidad, se echó a los hombros la misión de tocar cuanta puerta fuera necesaria para pedir a especialistas o autoridades que retiraran el guano, como antes hacían los investigadores de la UAM.

A esa tarea se sumó Pamela, la vecina y entonces estudiante de sociología en la UAM que poco apego tenía a los animales.

En su desesperado peregrinaje, Leticia llegó al Instituto de Ecología de la UNAM. En los pasillos, agarró del brazo a una chica de baja estatura. Era Ameyalli, quien iba al Laboratorio de Ecología y Conservación de Vertebrados Terrestres para trabajar en su tesis que justamente abordaba el potencial del guano como fertilizante orgánico.

Tras escucharla, Ameyalli propuso a Rafael Ávila, investigador pionero en murciélagos en la zona, ir a la unidad habitacional a conocer la situación junto con Liliana, quien se ha especializado en murciélagos hibernantes en la CDMX. Entre el guano, los edificios y esos mamíferos con alas, Ameyalli y Liliana conocieron a Pamela, con quien compartían la misma edad.

Ameyalli decidió apoyar a Pamela y Leticia. Les enseñó sobre el guano y las características de las tres especies de murciélagos. También, sobre cómo atrapar a algún ejemplar cuando se meta a alguna casa. Con cada encuentro y aprendizaje compartido se formó una amistad.

Con un equipo multidisciplinario, en 2024 realizaron talleres y un festival de divulgación científica dentro de la unidad para informar sobre la importancia de los murciélagos para el ecosistema local y sobre cómo manejar el guano. Así nació Guardianes Alados.

Sin embargo, en 2025 los vecinos tomaron la decisión de ahuyentar a los murciélagos de la unidad. Guardianes Alados les ha explicado que el guano, aunque molesto, no causa daños a la salud. Además, los murciélagos, al ser insectívoros, reducen el riesgo de plagas en esa zona aledaña a Xochimilco.

“Los murciélagos son nuestros guardianes nocturnos, nuestros guardianes de al lado”, subraya Ameyalli.

A los vecinos les molesta el guano, pero tampoco han mostrado interés en sumarse a las jóvenes para retirarlo. En cambio, delegan la responsabilidad a ellas.

Más voces, más manos

Además de concientizar a los vecinos sobre la importancia de los murciélagos, Guardianes Alados busca que las autoridades asuman la responsabilidad de retirar el guano periódicamente.

Pamela ha tenido acercamientos con el gobierno de la CDMX, la alcaldía Tlalpan y con la Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente (Profepa). La alcaldía respondió para este reportaje que el tema compete a la Profepa, debido a sus facultades. La dependencia federal, por su parte, no respondió a la solicitud hecha por este medio para fijar su postura.

Ameyalli y Pamela insisten en la importancia de que las autoridades se sumen a retirar el guano y que los vecinos sean más conscientes sobre la importancia de esta colonia. Y mientras ocurre, estas amigas siguen ajustando su tiempo entre el trabajo, los estudios y su vida personal, unidas y cobijadas por aleteos nocturnos.


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