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En la CDMX llevamos solo 4 días de aire limpio en 2026

No deberíamos acostumbrarnos al cielo gris: daña nuestros pulmones, calienta el planeta y afecta la economía

En la Ciudad de México llevamos apenas cuatro días de aire limpio en lo que va del año. Sí, cuatro. Y en la zona conurbada del Estado de México, ni uno. Por si fuera poco, la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) ya activó en cuatro días la contingencia ambiental en CDMX en menos de dos meses (la más reciente, la semana pasada) y calcula que podrían venir hasta 11 antes de que llegue junio.

Y aunque ya nos acostumbramos, estos números deberían prender las alertas. No sólo porque nuestros pulmones están en modo supervivencia, sino porque los gases de efecto invernadero siguen acumulándose en la atmósfera y pegándole también al planeta.

“Hemos normalizado vivir en la contaminación”, advierte Anaid Velasco, titular de Investigación y Política Pública del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA). Y sí, suena fuerte, pero más fuerte es aceptar que en lo que va del año apenas hemos tenido cuatro días con calidad del aire óptima. Y eso no es normal.

Respirar aire sucio no es cualquier cosa y nos está pasando factura. Según el Estudio de la Carga Global de Enfermedades (GBD) del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME), en México se registraron 50,073 muertes prematuras durante 2021 relacionadas con la contaminación del aire. De ese total, 2,364 estuvieron vinculadas al ozono, ese mismo gas que cada tanto nos regala contingencias ambientales.

Efectos del aire sucio y la contingencia ambiental en CDMX

El ozono, emitido especialmente por el transporte motorizado, está relacionado con un aumento de las hospitalizaciones por problemas respiratorios. Agrava el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), reduce la función pulmonar y aumenta el riesgo cardiovascular, sobre todo en poblaciones vulnerables. Y en escenarios extremos, puede ser mortal.

Para Anaid Velasco, vivir con mala calidad del aire “es como tener una pistola apuntándote todo el tiempo en la cabeza”: no sabes cuándo se va a disparar, pero sabes que puede pasar. Y es que la contaminación es el segundo factor de riesgo de muerte en el mundo, solo después de la hipertensión.

Y ojo: el ozono no solo afecta tus pulmones, también es uno de los gases que contribuyen al efecto invernadero y al cambio climático. O sea, pega por todos lados.

Durante los días más contaminados no se ven los cerros y se observa una nata gris en el aire.

Las partículas PM2.5 y PM10 que flotan invisibles en el aire también hacen de las suyas. Estas microscópicas enemigas se cuelan hasta lo más profundo de los pulmones y provocan enfermedades cardiovasculares, respiratorias e incluso cáncer pulmonar.  Así que la nata gris sobre la ciudad no es sólo paisaje urbano: es un problema de salud pública.

La factura que nos pasa el smog no se queda en el consultorio médico: también se paga en pesos y centavos. De acuerdo con el INEGI, la degradación ambiental costó a México 4.1% de su Producto Interno Bruto (PIB), es decir, cerca de 1.38 billones de pesos. De ese porcentaje, más de la mitad está relacionada con emisiones al aire, que por sí solas representan 832,799 millones de pesos (2.5% del PIB).

“Si revisas sistemáticamente cada año, es la contaminación del aire la que más cuesta en el PIB. Eso es gravísimo”, alerta Velasco. 

Acciones para un cielo limpio y libre de contingencia ambiental en CDMX

Las soluciones a este problema no son ningún secreto. La receta se ha repetido en foros, estudios y mesas de trabajo hasta el cansancio. ¿Qué falta? Voluntad política para llevarlas a cabo.

El CEMDA indica que hay que apretar en serio la regulación vehicular: estándares de emisiones más ambiciosos, sacar de circulación a los autos contaminantes y acelerar la electrificación de flotas públicas y de alto kilometraje.

También urge transitar a la electromovilidad y reducir la necesidad de movernos tanto y tan lejos. Eso implica frenar la expansión descontrolada de la mancha urbana y acercar vivienda, empleo y servicios para que no tengamos que cruzar media ciudad a diario.

El teletrabajo y los esquemas híbridos también pueden quitarle presión al tráfico y, de paso, al aire. Y claro, invertirle en serio al transporte público eléctrico (Metro, Metrobús, Cablebús y trenes).

A la par, toca apostarle fuerte a la infraestructura ciclista y a tener banquetas dignas para caminar. De otra forma, el smog seguirá siendo parte del paisaje.


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