Tenía unos 18 años cuando conocí el famoso “Camino verde”, un lugar que por ahí del año 2000 ya formaba parte de la gay culture de la Ciudad de México. Lo encontré porque, hace dos décadas, había un grupo online en Yahoo! —imagínense, en la prehistoria del Internet— que se llamaba “El Paseo de las mariposas”. Acababa de entrar a la carrera de Ingeniería en Computación, y cuando me enteré de que muy cerca de mi facultad había un lugar donde los hombres gay practicaban el sexo clandestino al aire libre dentro de la Ciudad Universitaria, me parecía algo muy difícil de creer.

En aquel grupo además de compartirse las anécdotas de lo que pasaba al amparo de las hierbas y las rocas volcánicas, había también un croquis para ayudar a quienes quisiesen llegar más fácilmente. Al Camino Verde se le llamaba también “Paseo de las mariposas” por un juego de palabras. Sí, en esos espesos verdores había mariposas revoloteando, sobre todo blancas, pero usaban también la palabra “mariposas” —una acepción que hoy está cayendo en desuso— para referirse a los hombres homosexuales. 

En este croquis se podían encontrar los lugares emblemáticos más cercanos que servían como referencia: la Facultad de Contaduría y Administración, el frontón cerrado, el Circuito Exterior de Ciudad Universitaria. Auxiliado por ese plano llegué ahí y pude ver a los chicos que miraban hacia uno y otro lado, y después perderse entre las veredas, para no salir sino hasta un rato después. Fue mi primera vez, pero no la última: acudí en varias ocasiones como participante y otras como voyeur.

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Un espacio universitario no solo para universitarios

El camino verde ha pasado por varias reubicaciones. Recuerdo bien que un par de años después de aquel primer encuentro, en el que pude ver sexo sin tapujos entre varios chicos, alguna administración decidió podar el lugar, a pesar de que formaba parte de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel. Al parecer era más importante mantener el sitio despejado de “mariposones” que dejar sin hábitat a las mariposas —a las de a de veras— y a muchos otros animales que vivían en esos lares. La moral por encima del ecocidio, porque hay prioridades.

Sin embargo, el Camino Verde resistió. Y esto se debía a que no solo acogía a los estudiantes que venían aquí a saciar sus apetitos juveniles, sino también personas “de fuera”, ya sin edad estudiantil, que se enteraban de que en estos lugares se practicaba el deporte del cruising (el ligue y el sexo en lugares públicos, para los no entendidos en el argot gay).

El Camino Verde se movió unos cientos de metros y así se ha reubicado varias veces, quedando más cerca de la Escuela Nacional del Trabajo Social. Dar santo y seña de dónde está no tendría ningún sentido, no se trata de “quemar” el lugar (o de provocar otro ecocidio como el que se vivió hace años).

Al que quiera saber dónde está, que vaya al atardecer por esos lares y que vea dónde se estacionan los coches y hasta taxis en el Circuito Exterior. Ahí están haciendo fila los visitantes no universitarios que siguen usando este lugar como uno de los pocos sitios de cruising que existen y resisten desde hace décadas en la Ciudad de México, como testimonio de cuando amar a otro hombre era algo proscrito y se tenía que hacer a escondidas. 

Todo se vale, menos tirar basura.


Llévense sus basuras, no sean cochinas, amigas


Si acaso algo hay que reclamarle a las comadres no es que se adueñen del espacio público y que le den gusto al cuerpo. No vamos a ponernos moralinos a estas alturas. Lo que sí es importante recordar es que este es uno de los espacios verdes más importantes, ya no solo del sur, sino de la CDMX entera. Y que si van a venir a echar pasión, llévense sus evidencias.

Nada les quita llevarse una bolsita para el condón usado, o el empaque del mismo. Sí, hagan la marranada, pero la deliciosa, no la que deja todo feo y lleno de basura no biodegradable. Y recuerden siempre estar a las vivas; no falta el abusado que les baje el celular o la cartera, o incluso alguno de Seguridad UNAM que los pueda extorsionar a la salida.

¡Salúdenme al Camino Verde, hermanas! Yo ya no estoy en edad, pero ustedes que sí, conozcanlo y ahí me cuentan.


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