¿Reprobar a niños de primaria? Alumnos, padres y maestros opinan

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Foto: Cuartoscuro.

Como si se tratara de un regalo adelantado del Día del Niño, la Secretaría de Educación Pública (SEP) anunció que ya no se podrá reprobar a niños de primaria que cursen el primer y segundo año, pues de ahora en adelante pasarán de grado con tan solo asistir a clases.

“No se trata de una medida para hacer de la educación algo laxo, se trata de pensar, muy profundamente, en las niñas y los niños. Imagínense, ustedes, si no es ridículo reprobar a un niño porque tiene faltas de asistencia”, cuestionó el titular de la Secretaría de Educación Pública, Esteban Moctezuma, al defender la medida publicada por la SEP el pasado 29 de marzo, en el Diario Oficial de la Federación.

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El funcionario explicó que reprobar a niños de primaria que cursan el primer o segundo grado ocasiona consecuencias negativas: “El daño que le puede hacer a un niño ser reprobado es estigmatizarlo por su familia, por sus compañeros, por sus amigos”.

No obstante, la noticia sobre la prohibición para reprobar a niños de primaria ha provocado opiniones divididas entre padres de familia, profesores, directores y hasta entre alumnos de primaria. Chilango los consultó para conocer si consideran que esta medida beneficiará o perjudicará a los niños y la calidad en las escuelas.

¿Se debe o no reprobar a niños de primaria?

Para Gael Vazquez, alumno de primero de primaria, la medida de la SEP le traerá muchas ventajas porque tendrá “más tiempo para jugar futbol y para salir con amigos”, porque, dice, “luego ni puedo hacer nada por el montón de tareas que dejan”.

“Se me hace buena idea. Así evitan el estrés innecesario de los niños. Yo lo vi con mi hija, no tenía tiempo de hacer más cosas. Imagínate ir ocho horas al trabajo y luego llevarte trabajo para hacer en casa. Los niños no pueden con eso. Les exigen demasiado. Si no se preocupan por cumplir con todas las tareas, se van a preocupar por aprender, y les va a gustar más ir a clases”, asegura Sara Leyva, madre de una alumna de sexto grado de la primaria Calmecac, en la alcaldía Iztacalco.

En contraste, la directora de la primaria Lauro Aguirre, Elena Esquivel Flores, piensa que la medida de la SEP no es una solución, pues “tenemos niños que no adquieren los conocimientos, presentan problemas de aprendizaje y se van con grandes lagunas”, por lo que considera que no reprobarlos es “faltarles al respeto”.

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“No tenemos casos de niños reprobados en esos grados porque necesitamos el consentimiento de los padres, y ellos dicen ‘yo los regularizo después’, pero solo los cambian de escuela. Ahorita tengo un niño con 60 faltas y no podemos hacer mucho. Les sugerimos a los padres que vayan con expertos, con psicólogos, pedagogos o expertos en comunicación y lenguaje, pero no los llevan. El gobierno no nos ayuda a mejorar nuestros espacios”, acusa la directora.

Rosa María Márquez, una maestra de tercero de primaria con experiencia en enseñanza a niños de grados escolares menores, es otra de las voces críticas contra el acuerdo emitido por la SEP. “De por sí no hacen nada, ahora se van a confiar. Para qué se comprometen si al final van a pasar. No estoy de acuerdo con eso. Lo veo por el lado del compromiso, por parte de los padres también. No habrá quién los obligue a ser responsables”, dice.

“En primero y segundo nos enseñan cosas básicas como sumar, restar y multiplicar, y si los niños no aprenden eso, pasarán a otros grados y se les complicarán más las materias y los años escolares. Si los repruebas es porque no aprendiste bien las cosas y los maestros tienen que esforzarse”, argumenta María Fernanda Ortega, alumna de sexto grado en el Colegio Santa Fe, en Cuajimalpa, quien también considera que la medida es un error.

“Considero que no es la forma correcta de manejar la recesión escolar, porque implica que el niño avance sin tener los conocimientos necesarios para continuar con su formación. Con el paso del tiempo esta mentalidad se extenderá a otros niveles educativos, e incluso a otros sectores sociales, creando así una nueva generación de adultos irresponsables y comodinos”, opina Valentina Gómez, profesora del Instituto Fray Juan Zumárraga.

Los esposos Marisol Nájera y Carlos Soto, maestra y director de primarias privadas, no consideran que la prohibición para reprobar a niños de primaria sea una medida adecuada, pues en muchas ocasiones los alumnos no aprenden lo necesario: “Se requiere obviamente de una evaluación para verificar el progreso de los alumnos, y si éstos no tienen los conocimientos será una causa de rezago en los siguientes años escolares”.

Al medio de la discusión, se encuentran los profesores que brindan clases de regularización. Tal es el caso de José Luis Padierna, un joven universitario que en sus tiempos libres se dedica a regularizar a estudiantes en temas básicos de matemáticas y español, quien señala que no le parece pertinente la medida, pero reconoce que será beneficiado por la misma a pesar de que ya pasaron muchos años desde que aprobó primero y segundo grados de primaria.

“A mí en lo personal me beneficia porque recibo a más de 15 niños al mes para regularizarse, sobre de todo de entre 7 y 10 años. Los niños son muy enérgicos, además de aprender a cumplir necesitan aprender a aprender. El problema no lo veo en la asistencia, sino en la motivación. Este caso es como el de alguien que va al gimnasio todos los días y no mejora, hasta que nota cambios”, comenta.

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De acuerdo con el secretario de Educación Pública, la decisión de no reprobar a niños de primaria se tomó después de concluir que “lo mejor” para los alumnos de primer y segundo grado “es darles un acompañamiento personal” para ver qué problemas tienen, si son de tipo familiar, de violencia o incluso de nutrición y cómo éstos impactan en el aprendizaje del menor.

Con ese argumento, la SEP cambió las Normas Generales para la Evaluación del Aprendizaje, Acreditación, Promoción, Regularización y Certificación de los Educandos de la Educación Básica.

El artículo 11 de dichas normas establece que los cursos “se acreditan con el solo hecho de haber cursado el grado correspondiente”, sin especificar el porcentaje de asistencia, como en los grados posteriores en los que es necesario estar presente en 80% de las clases.

A pesar de que la prohibición para reprobar a niños de primaria entró en vigor este año, los maestros entrevistados coinciden en que difícilmente podían obligar a un menor a repetir el curso escolar, ya que eso les acarrea muchos problemas, que pueden ir desde el reclamo de los padres, hasta el regaño de los directores, a quienes no les conviene tener alumnos reprobados porque afecta el nivel de las primarias, tanto en escuelas públicas como privadas.

“Era mi primer año como profesor, y reprobé a un niño de primer grado porque no cumplía con las tareas, reprobaba los exámenes y se burlaba de sus compañeros, incluso hasta de mí. Un día me golpeó en la cara y por supuesto lo reporté. Al otro día fueron sus padres a reclamarme. Interpusieron una demanda. Para evitarme más problemas, tuve que aprobar al niño, quien a sus 10 años todavía no sabe hablar, mucho menos leer ni escribir”, confesó Joel N., profesor de una primaria en Tláhuac quien prefirió guardar el anonimato, pues tiene miedo de sufrir represalias.