El 26 de agosto, el primer miércoles del regreso a clases 2020, Bryan se levantó de madrugada. Eran cerca de las 5:00 de la mañana. El niño de 11 años no se despertó temprano para tomar sus clases de primero de secundaria sino que tenía que ir a trabajar al tianguis con sus papás.

La familia de Bryan vive en Nezahualcóyotl, Estado de México, pero todos los días instalan su puesto de cubrebocas y otros artículos de plástico en distintos puntos de la Zona Metropolitana del Valle de México. Ese miércoles, a Bryan le tocó ir hasta la alcaldía Cuajimalpa, donde tiene que llegar antes de las 7:00 de la mañana para alcanzar un lugar en el mercado sobre ruedas. “¿Qué le doy?, ¿qué le ofrezco? ¡Llévele, llévele, pásele por acá!”, gritaba el niño desde temprano.

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Desde el regreso a clases 2020, los días que le toca trabajar, Bryan pasa más de 10 horas atendiendo el puesto y luego prepara sus clases, que toma de las 21:00 a las 23:00 de la noche. 

Como no tiene computadora ni conexión a internet en su casa, la única opción para Bryan es tomar clases por televisión. “Me hace falta que ya entremos a clases (presenciales), no es lo mismo estar en persona que por la televisión. No enseñan bien”, asegura.

A pesar de que el niño está angustiado y siente que no aprende lo que debería, no tiene otra opción más que responder las guías con lo que entendió durante las clases a distancia. Una vez que termina la tarea, sus padres le prestan un celular para que pueda comunicarse con sus profesores, a quienes aún no conoce ni sabe quiénes son. 

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Así es el regreso a clases 2020

El 24 de agosto inició un ciclo escolar marcado por la desigualdad. Mientras algunos alumnos ven a sus profesores a través de videollamadas, otros tendrán que respaldarse casi totalmente en sus padres. 

Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señalan que 20.1 millones de hogares cuentan con internet en casa, ya sea fijo o móvil. La cifra suena imponente, pero solo representa a la mitad (56.4%) de los hogares mexicanos. 

Ante este panorama, previo al regreso a clases 2020, las autoridades educativas optaron por dar clases en televisión y radio para llegar a más niños, pero la falta de comunicación constante entre alumnos y profesores convierte a los padres en los principales responsables del aprendizaje. 

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Al igual que Brayan, los nietos de Gloria, que cursan segundo y tercero de primaria, tampoco tienen internet en su casa. Ven las clases en la televisión. Tanto ella, como los padres de sus nietos dan “lo mejor de sí” para ayudarlos a resolver las guías que tienen que entregar.

“La educación escolar es parte de los padres y los padres tenemos que trabajar ahora más que nunca”, explica la mujer, quien vende frutas y verduras en un mercado. Aunque ella y sus hijos se esfuerzan, reconoce que no es algo fácil, pues ahora tienen que explicarle las cosas a los niños.

“La situación de unas familias es muy difícil. Habemos mamás que no sabemos leer bien, ¿cómo los vamos a ayudar?”, añade. 

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Noemí, una vendedora de tamales, es parte del 47.7% de los habitantes de zonas rurales que tiene acceso a internet; sin embargo, ha hecho gastos improvisados para que sus tres hijas puedan tomar clases en línea y más contacto con sus profesores. 

Durante las vacaciones de verano, Noemí ahorró cerca de 2 mil pesos para comprar un celular, pues el que tenía estaba roto y necesitaba uno en buenas condiciones. 

A pesar de comprar el celular y mejorar la comunicación de sus hijas con sus profesores, el regreso a clases 2020 no ha sido sencillo. Noemí ha tenido que encontrar la manera de coordinar su trabajo, con las tareas del hogar y otras actividades con la supervisión del aprendizaje de sus hijas.