“De maravilla. Vives unas experiencias muy ricas y deliciosas ahí”. “Qué se puede esperar jajaja”. “Un lugar muy seguro y agradable para deleitar la pupila”. Estos son algunos de los comentarios que aparecen en Google Maps al buscar la locación del Cine Venus, una de las salas de cine porno en la Ciudad de México. No se hagan los puritanos, chilangos. Todos hemos escuchado con morbo acerca de estos lugares y aunque queramos agachar la vista al pasar frente a ellos, es imposible no echar una mirada curiosa.

Los cines porno aparecieron en la Ciudad de México a partir de la segunda mitad del siglo XX, en estosproyectaban películas tanto nacionales como internacionales. Ajá, los mexicanos le entraron a la industria XXX luego luego. De hecho, el acervo fílmico de la UNAM tiene resguardadas algunas cintas porno mexicanas que fueron filmadas sigilosamente entre 1910 y 1950. Decimos “sigilosamente” porque esto era un delito muy penado, sobre todo por el tema de la moral —¡vaya escándalo con la iglesia!—, así que se comercializaban bajo el agua y en lo oscurito.

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Según registros del extinto periódico El Nacional, en los años cuarenta ya existían algunas salas clandestinas de este giro ocultas en negocios. A estas sólo podían acceder quienes eran invitados por atractivas damas de la vida galante, las cuales cobraban cierta tarifa de acuerdo a los servicios que brindaran. Obviamente no iban a cucharear viendo películas. Este tipo de lugares era frecuentado por personajes influyentes y galanes de la época que discretamente guardaban escandalosos secretos en estas cuevas del amor.

Durante varios años la situación de las salas con películas porno se mantuvo igual, clandestinas y asociadas a la prostitución, pero en los noventas cambió la cosa. Con la entrada de las salas multiplex los enormes palacios cinematográficos comenzó el ocaso del cine en la ciudad, además, se dio el boom de los televisores en el hogar. Poco a poco comenzó a cambiar la preferencia de los chilangos, así que algunas salas decidieron dar un giro —y qué giro— para sobrevivir.


Cine Teresa

Comencemos por el más famoso, el cine porno que ha despertado las risitas de muchos —sí, nos incluimos—. El Teresa abrió sus puertas en 1924, sin embargo, fue totalmente remodelado en 1492 como un espacio para la convivencia familia de lujo. Francisco J. Serrano fue el arquitecto encargado de diseñarlo. Su simetría y líneas geométricas gritan ¡art decó! y su interior estaba cargado de opulencia: acabados de mármol, bronce, un pasamanos de cristal e incluso una reproducción de la Venus de Canova. Cuánta elegancia, de ‘veras.

El esplendor de esta sala terminó en los noventas cuando los multiplex, la televisión y el crecimiento del comercio informal e inseguridad en la zona azotaron al recinto. ¿Les tocó? Eje Central era un corredor de prostitución, sex shops y pornografía, qué pena daba pasar por ahí con tus papás. La administración en turno, cuyo nombre desconocemos, decidió renovarse una vez más. Lejos quedaron las buenas costumbres y el espacio familiar, ahora se proyectaban películas XXX nacionales e internacionales.

Aquí llegaban parejitas calenturientas para intercambiar fluidos con las cintas de fondo, mientras otros aventados convirtieron el lugar en un sitio de encuentros sexuales con desconocidos. Según algunos comentarios de internautas, la sala olía a sexo y las butacas estaban llenas de manchas de dudosa procedencia… Para 2010 el Teresa quedó nuevamente desolado pero ahora sin posibilidades de ser salvado, así que fue vendido y convertido en una nueva plaza de la tecnología.

Mira acá: Del lujo al XXX y los celulares: Breve historia del Cine Teresa.


Cine Savoy

A un lado de los mazapanes más famosos de la ciudad se encuentra una candente sala de cine porno famosa entre la comunidad gay: Cine Savoy. No nos juzguen, chilangos, hemos comprado infinitas veces golosinas en los mazapanes y hasta ahora caemos en cuenta que a un lado no venden ropones para bautizo, sino que estos locales sólo despistan de los cachondos encuentros que ocurren en el interior.

Esta sala cinematográfica abrió en 1943 dentro del Pasaje Wong, hoy conocido con el mismo nombre del cine. Aquí venían las familias a pasar un buen rato disfrutando de películas nacionales. Al no ser uno de los principales cines, los estrenos llegaban mucho después, por lo que poco a poco fue perdiendo popularidad entre el público. Pero, no todo estaba perdido. Con la llegada de los años setenta y la apertura sexual, comenzaron a proyectar películas clasificación D que la chaviza mayor de edad podía disfrutar. ¿Has escuchado de Garganta Profunda? Bueno, pues… aquí la proyectaron.

Desde ese momento las películas del Savoy comenzaron a subir de tono hasta convertirse en un cine porno bastante popular. Parte de su fama radica en que cuenta con dos salas, una para heterosexuales y otra para gays, no sólo cambia la programación, sino que también se limita el acceso a este tipo de público. Al igual que los otros cines, algunos usuarios relatan en el Twitter que aquí vienes a ‘coger’ —así tal cual lo leímos— en la sala, en el baño y en algunos pasillos del segundo piso.


Cinema Río

Sin duda, Cinema Río es uno de los cines porno más conocidos de la Ciudad de México. De sala de cine internacional a lugar de encuentros sexuales. Cinema Río fue inaugurado en 1948 en República de Cuba #85, justo en el corazón del barrio de los universitarios —recordemos que antiguamente la UNAM estaba ubicada en el Centro—. El auge de los cines en el centro histórico no era en vano, por un lado estaba el tránsito de los marchantes que asistían a comprar; por otro, los estudiantes que asistían a las escuelas de la zona.

De acuerdo al historiador Armando Ruíz Aguilar, del INAH, las películas que proyectaban aquí eran de cine internacional debido a los universitarios que frecuentaban el áreay que esto era algo muy común en otras salas del Centro. Con la inauguración de Ciudad Universitaria, el Cinema Río cayó en el olvido, las películas que se proyectaban eran las menos, mientras que su fachada descuidada sufría las inclemencias del paso del tiempo.

Buscando darle un giro, desde los años noventa ha operado como un cine porno para parejas heterosexuales. Así como lo leen. Tras un extreme makeover que remodeló su entrada art decó, la marquesina y la sala —pintándola de un rosa vibrante—, comenzaron la proyección de cine para adultos, quienes, sin pena alguna, acuden a echarse un rapidín. Según el internet, aquí se organizan encuentros swingers y hasta orgías. ¡OLV! Nosotros no lo hemos comprobado, pero lo que es seguro es que el porno salvó al Río ya que continúa abierto.

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Cine Venus

Como la diosa del amor, la lujuria y la fertilidad, el Cine Venus es una sala para ponerse caliente con una variada selección de cintas pornográficas. El Cine Venus fue una sala de cine “piojito” o de baja categoría que abrió en República de Chile a mediados del siglo XX. Aunque era una sala pequeña a comparación de otros similares, este espacio fue diseñado para recibir a un gran volumen de gente por un módico precio, ahora sí que el cine para la raza de los barrios más pobres al nororiente del Centro Histórico.

Pese a que no encontramos registros en línea acerca de su transición hacia un cine porno, todo apunta que esto ocurrió entre los ochentas y noventas. ¿Cómo lo sabemos? Ya que registros del archivo de El Universal tienen una entrevista con el pintor José Luis Cuevas en la cual platica que fue al famosísimo Venus con su esposa en 2004. Ayyy pero qué loquillo.Calma, que todo fue con fines de investigación de campo para una serie de piezas con temática erótica.

“En cuanto al Venus, lo conozco desde mi juventud, aunque recuerdo que entonces exhibían películas normales; como antes también hacían el Teresa o el Savoy. También recuerdo de niño el cine Novelty, aunque entonces lo más erótico que exhibían era el rostro de algunas divas como Ginger Bretton”, cuenta Cuevas.

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