La pandemia ha modificado no solo la vida cotidiana sino la forma en la que afrontamos la muerte; sin embargo, las videollamadas, los funerales virtuales y los rituales en casa son una alternativa para decir adiós.

Por Diana Delgado Cabañez (@Diana_DelCab)

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Si no estuvieramos en medio de una crisis sanitaria, al funeral de María del Socorro habrían asistido más de nueve personas. Era una mujer que cultivaba sus amistades, muy querida y de familia grande, cuenta Salvador Fabela, su hijo. Tras dos años de lucha, la mujer de 71 años falleció de cáncer el pasado 2 de abril, un par de semanas después de que la distancia se convirtió en el mecanismo de sanidad por excelencia, a causa de la pandemia por COVID-19.

“Cuando murió, contacté a la compañía funeraria, vinieron por ella y se hizo una ceremonia funeraria. En ese momento ya había medidas como gel antibacterial, letreros por todos lados y la indicación de no tener tantas personas en las salas de velación. Llegaron pocas personas, en el punto más alto hubo nueve. Al otro día la cremaron y desde entonces tengo las cenizas en casa”, recuerda.

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Salvador había notificado a las amigas de su mamá, muchas de ellas personas de la tercera edad. También avisó a su familia que vive en Chiapas, de donde María del Socorro era originaria; sin embargo, al darles la noticia les hacía una petición: que le dieran prioridad a su salud, que respetaran las medidas por la contingencia y que él y su papá —los únicos de la familia que viven en la ciudad— comprenderían si no podían trasladarse. Para él y su padre, dice, habría sido peor que alguien se arriesgara a tomar un avión, un camión o a salir a la calle.

Para la familia Fabela Sánchez, el COVID-19 cambió la forma en la que esperaban despedirse de María del Socorro. Aunque ninguno de ellos contrajo el virus, tuvieron que tratar de adaptarse a decir adiós a la distancia, sin los abrazos ni los susurros, sin el consuelo de la gente más cercana, sin poder ofrecer una misa ni estar presentes en la serie de rezos que la familia organizó en Chiapas, como dicta su tradición religiosa.

La voluntad de María del Socorro era ser cremada y que sus restos se quedaran enCopainalá, su pueblo. La meta de Salvador es esperar a que la contingencia se acabe, que haya un ambiente seguro para que él y su papá de 84 años puedan viajar, por ello, decidieron no ponerle fecha todavía, aunque ambos saben que habrá una ceremonia religiosa, con abrazos, con la familia, como su mamá hubiera querido.

“Esto es muy duro pero sé que va a pasar. Cuando todo esto pase, llevaré las cenizas para allá y ahí sí haremos algo nutrido de personas donde podamos despedirnos con mucha gente, apapacharnos, desearnos el bien y paliar el dolor. Es algo que está pospuesto, que en su momento no pudimos hacer pero vamos a cumplir, cada día estamos más cerca”, dice.

Así son los funerales virtuales

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Foto: Cuartoscuro.

La urna está en medio de la sala. Alrededor, hay flores, silencio o quizá una ceremonia religiosa en honor de la persona fallecida. En tiempos de COVID-19  es posible despedirse de un familiar fallecido a través de una pantalla.

El ritual no es nuevo. Desde hace dos años, Gayosso puso en marcha un proyecto: los funerales virtuales. El objetivo era acercar a las personas que estaban de viaje o radicaban fuera de la ciudad o del país y afrontaban la muerte de algún familiar; sin embargo, dice a Chilango Alejandro Sosa, vocera del grupo funerario, este servicio nunca fue una alternativa real hasta la llegada de la pandemia. 

“Los mexicanos somos muy de estar cerca, acompañar a la familia, de dar el pésame y de despedirnos estando cerca, pero en esta emergencia sanitaria se ha requerido mucho. El servicio de funerales virtuales consta de cámaras y bocinas de alta definición que, con un link y una clave que proporcionamos, se puede conectar quien lo desee desde cualquier parte del mundo, a través de una tableta, laptop o celular”, explica.

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Los funrales virtuales se realizan a través de una plataforma diseñada especialmente para Gayosso. Este equipo funciona en todas las salas y en las capillas que la empresa tiene en el Valle de México, por lo que se pueden organizar velaciones o ceremonias religiosas con los restos presentes, mientras son trasmitidas víastreaminge incluso se pueden colocar arreglos florales, que se compran a través de una tienda virtual.

Tan solo en abril pasado se realizaron 400 funrales virtuales, en los que se han conectado 10, 400 y hasta 5 mil personas de forma remota. La capacidad máxima es hasta 12 mil usuarios al mismo tiempo. Este servicio, detalla Sosa, no tiene ningún costo extra a la contratación de los paquetes que van de los 20 mil a más de 70 mil pesos; no obstante, en caso de saturación en los funerales virtuales, se le da prioridad a quienes tienen planes de previsión.

Además de la trasmisión, los usuarios cuentan con InMemori, una plataforma en la que los familiares y amigos pueden interactuar, subir fotos, frases, compartir recuerdos y dar el pésame, mientras están virtualmente presentes en la ceremonia de velación.

Aunque pudieran parecer ceremonias “frías” a través de una pantalla, Patricia Solís González, profesora en el Instituto Mexicano de Tanatología, asegura que se trata de un mecanismo útil, pues los rituales de despedida son fundamentales en un proceso de duelo y hacerlo virtual es una forma de adaptarnos al momento de crisis e incertidumbre que se vive a causa de la pandemia.

“La COVID-19 vino a cambiar los paradigmas y la manera de llevar el duelo. Desde que el mundo es mundo, todas las culturas han tenido rituales para la muerte porque con ellos reafirmamos que nuestro familiar falleció, que la persona ya no está y por eso es importante tenerlos a pesar de esta distancia impuesta”, explica.

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Otra funeraria que tiene, dentro de sus paquetes, un homenaje digital es J. García López. Se trata de un video que producen sin costo extra a los servicios funerarios con imágenes proporcionadas por la familia, el cual puede proyectarse en las salas donde, tomando medidas sanitarias, despiden a quien falleció, pues de acuerdo con los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se pueden realizar servicios funerarios de no más de cuatro horas, con el ataúd o urna cerrada. La asistencia no debe superar las 20 personas, evitando todo tipo de contacto físico y guardando dos metros de distancia entre cada uno.

En este tipo de funerales virtuales, los familiares también pueden recurrir a una esquela interactiva, en la que a través de un Código QR acceden a un video enlazado a YouTube con fotos, frases y música, que sirven para recordar a quien falleció y que puede ser compartido con quienes lo deseen. 

De acuerdo con la especialista del Instituto Mexicano de Tanatología, además de los rituales mediados por la tecnología, lo recomendable es que una vez que termine el confinamiento y sea seguro salir, se cumplan los protocolos y tradiciones que cada uno tiene —como misas, trasladar las cenizas a otro lado, hacer una reunión familiar y despedirse todos juntos— para cerrar el ciclo por completo.

Foto: Cuartoscuro.

La importancia de una llamada 

Otra vez una pantalla. En el Hospital de San Carlo, en Italia, país que se convirtió en el epicentro de COVID-19 en Europa, surgió la iniciativa “el derecho a decir adiós”, con la que, a través de tabletas y celulares, pacientes con el virus que enfrentaban la soledad del hospital, podían hablar con sus familias y, en muchos casos, despedirse.

En la CDMX, este fin de semana será posible este contacto. En conferencia de prensa, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, detalló que empresas de tecnología donaron equipos celulares con internet gratuito para que los pacientes y sus familias puedan hablarse y, quienes están afuera, tengan la seguridad que se está brindando la atención médica necesaria.

El Hospital Juárez de México se adelantó a la iniciativa con el proyecto “Acercándonos”, de acuerdo con un reporte de Milenio Diario. Desde el 27 de abril pasado, tres tabletas son el contacto entre pacientes no graves y sus familias. Las llamadas no duran más de tres minutos, pero, a pesar del poco tiempo, sus efectos permiten animar a quienes permanecen en hospitalización y reducir la ansiedad de los que esperan noticias.

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Al respecto, Patricia Solís, especialista del Instituto Mexicano de Tanatología dijo a Chilango que además de servir como un mecanismo de certidumbre de la atención médica, las videollamadas —que empezarán a funcionar el fin de semana del 10 de mayo en hospitales capitalinos— son una forma de motivar y respaldar a quienes enfrentan el coronavirus. 

“Es un no te puedo abrazar, pero te estoy escuchando. Es decirle a la otra persona que la amas, que deseas que todo esté bien e, incluso, cuando la situación es menos favorable, permite que haya una despedida, pues al entrar al hospital el contacto se acaba, no se puede decir adiós. Una llamada nos confirma que se trata de nuestro familiar, nos permite arroparlo a la distancia, darle paz para que se vaya en calma, despedirlo amorosamente. Esa es una muerte digna y todos merecemos morir dignamente”, dice la especialista, quien brinda asesoría en línea a través del Instituto Mexicano de Tanatología. Si quieres consultar, lo puedes hacer a través de este link.