marzo, 2014

Detalles del evento
Por Luis E. Pineda Para la Grecia antigua, madre de la cultura occidental, la estética –entendiéndola como belleza– del cuerpo masculino era perseguida con cierta fascinación, sólo imaginen que hasta hacer
Detalles del evento
Por Luis E. Pineda
Para la Grecia antigua, madre de la cultura occidental, la estética –entendiéndola como belleza– del cuerpo masculino era perseguida con cierta fascinación, sólo imaginen que hasta hacer ejercicio era de suma importancia para pueblos como los minoicos o los espartanos (abdómenes como los que vimos en 300 no se hacían solos). A muchos de los dioses se les atribuye hazañas atléticas, por ejemplo Apolo o Heracles.
Los griegos lo canonizaron –o sea dijeron cuánto tenía que medir cada parte cuando se representara y como se tenía que hacer– y por varios siglos el desnudo masculino ocupó un lugar preponderante en la historia del arte.
En esta exposición se hace un recuento del desnudo masculino a través de piezas de colecciones nacionales y extranjeras, siendo la más atractiva la colaboración del Museo de Orsay. Esta organizada en 6 ejes temáticos, uno de los más interesantes es el del desnudo en la naturaleza el cual abordaré más adelante.
Comienza mostrando la importancia que el estudio anatómico tuvo para las academias de arte, sobre todo en Francia y en México que, como vimos en la exposición de Escuelas de Pintura al Aire Libre, siempre recibía tarde las corrientes europeas y no trabajaba en la creación de una identidad artística propia. En esta sala encontraremos dibujos fisonómicos hechos por José María Velasco que si bien es más conocido como el mejor paisajista del siglo XIX, estudió otras disciplinas para ser mejor pintor –anatomía, geología, botánica y matemáticas entre ellas– influenciado por su maestro Eugenio Landesio.
Otro de los enfoques que hay sobre el desnudo humano es el del héroe, por tradición masculino. La mayoría de éstos son bíblicos o mitológicos y siempre cumpliendo una función institucional específica y sobre esta línea, hay una escultura de Manuel Vilar que, pienso, es muy interesante analizar.
La obra en cuestión tiene por título Tlahuicole, general tlaxcalteca, en el acto de combatir el sacrificio gladeatorio. Encadenado por el pie, en una pose que recuerda mucho al Lacoonte griego, Tlahuicole (significa “El de la divisa de barro”) empuña su arma; su actitud no es sumisa, al contrario está listo para el combate; las piernas acentúan la fuerza del general y –visualmente– nos llevan a su torso. Pero pese a que la cara tiene marcados rasgos indígenas, el resto de la pieza es simplemente una copia de todos los cánones helénicos: la posición, el material en el que está hecha (mármol), los genitales cubiertos por una hoja, etc.
El valiente guerrero existió: hecho prisionero por los mexicas, quienes por su gran valía le ofrecieron su libertad, misma que rechazó e incluso pidió morir en combate; fue amarrado de la cintura a un poste, mató a ocho e hirió a veinte antes de ser derrotado: la escena ilustrada. Es irónico pues en la época (data de 1851) mientras se intenta elevar a héroe a un indígena, éstos son olvidados y relegados a la miseria.
Ya hablando de incongruencias, llegamos a la sección del hombre en la naturaleza. Esta es la parte más recomendable, es más contemporánea y presenta algunas piezas que van más allá de lo decorativo. Hombres trabajando, bañándose en el rió o realizando otras actividades, comprenden esta sala. Pero quiero hacer hincapié en una fotografía en especial pues implica un punto importante.
Lo imagen fue tomada durante alguna de las marchas que los integrantes de los 400 pueblos hacían desnudos en la Ciudad –esos que si fuera por Mondragón y Kalb los hubieran sacado a patadas. Mediaticamente logró capturar la atención por un rato y reacciones de todo tipo no se hicieron esperar. Quizá las más son aquéllas en las que se expresa rechazo a los manifestantes, sin saber realmente sus causas, por su apariencia, los contratiempos que causan a los citadinos y sobre todo por su desnudez.
A lo que quiero llegar es que hay una doble moral que ya ni debería sorprendernos: se repudia a los manifestantes –más si están desnudos–, pero cuando son introducidos al museo parece ya no fastidiarnos y hasta el lado artístico le encontramos.
Es una exposición muy grande (171 piezas) y encontramos grandes nombres del arte nacional –Siqueiros, Velasco, Francisco Toledo, Orozco– e internacional –Matisse, Picasso, Rodin. Está bien organizada y pese a que por momentos es tediosa siempre sale una pieza que nos hace quedarnos un poco más hasta terminar de verla.
Horario
Marzo 10 (Lunes) - Junio 17 (Martes)
Ubicación
Museo Nacional de Arte
Tacuba 8 Entre Donceles y 5 de mayo, esquina con Eje Central



























