Los caminos torcidos de la música: entrevista a Lee Ranaldo

Lee Ranaldo
Foto: Sanna Gabriel

«Arriésgate a tomar esta carretera torcida», canta Lee Ranaldo en “New Thing”, la última canción de Electric Trim, su álbum más reciente. Leyenda viva del rock alternativo de finales del siglo pasado, uno de los guitarristas más innovadores, la música de Ranaldo siempre ha provocado esa sensación: la de un camino lleno de curvas. Desde su experiencia junto a Glenn Branca, hasta sus 16 discos con Sonic Youth y su trayectoria en solitario, el músico siempre ha estado poco dispuesto a seguir caminos fáciles.

Por eso no es extraño que se presente este sábado no en un foro ni en una sala de conciertos, sino en la Casa del Lago, en el contexto de la Fiesta del Libro y la Rosa, organizada por la UNAM. Hoy, sábado 21, después de las actividades de la fiesta en Casa del Lago, Lee Ranaldo  presentará su último libro, Some Writings on Music and Musicians, después tomará su guitarra y tocará un solo interminable. La entrada es libre con previo registro.

¿Cómo te sientes ahora de presentarte en Casa del Lago, uno de los centros culturales de la universidad más grande de Latinoamérica?

Lo más interesante será presentar otro lado de mi trabajo. En este caso, además del concierto que combinará música y video, presentaré un taller informal, además de mi último libro. Esta parte de mí no es tan reconocida como mi faceta de creador de canciones y cantante.

Sonic Youth siempre estuvo cerca de otras disciplinas además de la música. Me intriga, por ejemplo, tu relación con la poesía beat, ¿cómo empezó?

La literatura es algo que siempre atravesó todos nuestros intereses. Los primeros escritores que realmente me tocaron fueron los de principios del siglo XX: Hemingway, Faulkner, Joyce, Becket, Cortázar… A finales de mi adolescencia fue la Generación Beat lo que atrapó mi atención. Leí On The Road de Keroac cuando yo mismo comenzaba a hacer mis propios viajes por Estados Unidos. Eran libros hablaban de libertad, lo cual abrió la mente de los jóvenes hacia un camino alejado del pensamiento conservador de los años 40. En muchos sentidos ayudó a enfocar la dirección de mi vida. Después conocería y me volvería amigo de Allen Ginsberg, llegaría a conocer a William Burroughs, Gregory Corso, Anne Waldman y otros escritores beats. Hoy ya casi no leo sus libros pero me marcaron profundamente.

Esto te espera en la Fiesta del libro y la rosa 2018

Tus discos solistas eran siempre experimentos radicales. Desde Between Bars And Tides, Last Night on Earth y ahora con Electric Trim, parece que regresaste a una zona más conocida.

A lo que sea que haga, trato de aproximarme con una actitud abierta. Para mí, tocar en forma “tradicional” con una guitarra acústica se siente bastante experimental después de mi larga historia con la guitarra eléctrica. Incluso con guitarras acústicas hay electricidad en el aire, gracias a los amplificadores. Continuaré grabando discos abstractos, pero ahora mismo disfruto el reto de escribir canciones.

Me sorprendió encontrar alguien como Jonathan Lethem, un novelista, en los créditos de Electric Trim. Debió ser un reto interesante colaborar con un novelista al escribir las letras.

Somos amigos desde bastante tiempo y Jonathan ha escrito letras antes. Y todo el disco es sobre colaboraciones. Las ideas originales para las canciones eran muy personales pero al escribirlas cada una tomó una forma distinta. Y esta exploración de compartir la escritura de las letras con un amigo autor me introdujo en un territorio extraño y nuevo. Esa es la columna vertebral del álbum. Este disco es sobre un nuevo espíritu de colaboración y apertura; se trata de ser capaces de doblar a la izquierda y adentrarse en una calle desconocida cuando es necesario.

En la música de Electric Trim me abrí a un montón de nuevas técnicas y métodos y quería lo mismo par alas letras. En los últimos años me he clavado de nuevo en la música de Grateful Dead, que fue importante para mí en los 70. En particular, me gustaba que ellos tenían un tipo dentro de la banda que era el encargado sólo de escribir las letras: Robert Hunter. El nunca subía al escenario pero escribía palabras increíbles para ellos. Yo quería otro punto de vista para las palabras, para que no todo fuera generado por mí. Resultó ser una experiencia muy gratificante.

Siempre pensé en el ruido y la distorsión como un factor de riesgo en la música, este parece haber perdido presencia en las últimas décadas, ¿cuál crees que sea su papel en la música actual?

Cuando, a principios de los 80, los críticos llamaban a nuestro grupo una “banda de ruido” —a noise band— nos dolía. Después abrazamos el término y se lo lanzamos en la cara. Pero ponerle ruido a nuestra música nunca fue el objetivo, lo que intentábamos era crear algo nuevo usando guitarras eléctricas como principal herramienta. La chispa de la amplificación eléctrica siempre implicará un poco de ruido. Entiendo lo que dices sobre el ruido como un reto para el escucha —el “factor de riesgo”—, pero no era algo que usáramos para impactar, sino para buscar nuevos colores en el sonido.

¿Qué podemos esperar para tu show en la Casa del Lago?
Será un show de guitarra eléctrica experimental, acompañado con cintas de Leah Singer. En algún momento del show, la guitarra se suspenderá y me dedicaré a investigar varios fenómenos teatrales y de sonido. Quizás cante un par de canciones también, todavía no estoy seguro.