Emilio Rodríguez Salas/ baterista

Emilio and the celtics

La historia comienza con la vocalista de una banda de rock que no soltó el micrófono hasta los siete meses de embarazo. Dio a luz a un niño al que llamó Emilio. Con el rock en las venas y habiendo dominado el escenario antes de nacer, dio el primer indicio de sus dones musicales cuando cumplió un año. Antonio, su papá, recuerda: «Iba llegando del trabajo y escuché que alguien tocaba la batería, pensé que era mi suegro, pero era Emilio: ya traía el cuatro (el ritmo). En ese momento nos dimos cuenta de que no era normal».

Emilio llega a la sesión de fotos para Chilango con su papá y un look digno de roquero consagrado: camisa a cuadros sin mangas, corbata, cabello alborotado y un murciélago de plástico (llamado Pepe) sobre el hombro. Al pequeño baterista le toma unos segundos entrar en confianza. «¿Cómo metes un elefante en un refrigerador?», comienza para seguir con una cadena de chistes a toda velocidad… «Mamá, mamá en la escuela dicen que vivo en un circo» y simula malabares con las manos.

«Aunque todo apunta a que sea un gran baterista, estamos conscientes de algo: puede ser que, en 10 años, Emilio deje la música porque decidió ser doctor». Antonio Rodríguez, padre de Emilio

Inquieto, se balancea sobre la silla, toca batacas imaginarias, pero al momento de responder lo tiene todo muy claro: «Empecé a tocar a los dos años con mi abuelo, a los cuatro con mi papá y a los cinco con Héctor Navarrete».

Le pregunto quién es este último y responde como si dijera un mantra: «Uno de los mejores bateristas de tooodo México». Héctor Navarrete Sérovic estudió en Boston, para ser precisos en el Berklee College of Music –una de las escuelas de música más reconocidas– y en el Musicians Institute en Hollywood. Según Antonio, él no acepta como discípulo a cualquiera, pero en cuanto escuchó a Emilio comenzó una formación que ha influido hasta en los planes de la familia.

Están convencidos: el destino de su hijo es ir a estudiar a Berklee en cuanto cumpla los 15 años.

«¿Conoces Berklee?», le pregunto.
«No, pero vi fotos y es la mejor universidad…» Antonio me cuenta que cuando surgió esa idea, Emilio se puso nervioso, «¿te irás conmigo?», le preguntó, pero Antonio piensa que él debe aprovechar su potencial, aunque se acabe Emilio & The Celtics, la banda que formaron, ya que «en México no hay proyección musical».

Antes de Héctor Navarrete, Emilio había intentado tomar clases con el baterista de Ely Guerra, pero le dijeron que era demasiado joven. Éste es el principal problema, señala su papá, «que la gente confíe en que un niño pueda estar en una banda de adultos y responder a las presiones». En palabras de OCESA, la productora de conciertos más importante del país, «hay que asegurarse de que sea negocio para invertir en él».

Aunque su primera presentación fue a los cuatro años en un festival del Día de las Madres en el que impactó a todos tocando el solo de «Moby Dick» de Led Zeppelin; la primera demostración en grande de sus habilidades escénicas fue al ganar el primer lugar de entre 60 bandas (de adultos) en un concurso de cóvers en el Lunario.

A partir de ahí comenzó a dar saltos cuánticos. Fue el abridor más aclamado en el concierto de Los Daniels y Los Bunkers. Aunque le abrirá a Ely Guerra en el Lunario, le emociona mucho más tocar con La Casta en el Metropólitan. En abril de este año se presentó en el Vive Latino. «La gente gritaba en el solo», que se ha vuelto la prueba de su talento para los incrédulos. Para su papá, el pequeño baterista está al nivel de cualquier músico adulto porque «no le tiemblan las piernitas ni ante públicos masivos».

«¿Te pones nervioso?»
«Nunca me pongo nervioso.»

«¿Nunca, nunca?»
«No, con nada.»

«¿Ni con las niñas?»
«Bueeeno. Me pongo nervioso porque a veces me corretean. Me dicen “me quiero casar” y son unas niñotas gigantes de 16, 18, 20». Pero el nervio no le impide ser noviero, le gustan güeritas y ya le rompieron una vez el corazón.

A Emilio lo intimidan más los niños de su edad porque no le ponen tanta atención, reflexiona su papá y, aunque se toma en serio el papel de estrella de rock y es «vanidoso», sus padres se esfuerzan porque no pierda el piso.

En la escuela, tiene nueve de promedio y, en relación con sus presentaciones, su papá explica: «No tocamos en bares porque es menor de edad y para evitar que su trabajo en la banda se malinterprete como explotación de menores. Buscamos festivales y foros grandes, pero es difícil que la gente crea en nosotros porque somos un grupo de rock bastante inusual».

Antonio acepta que si él y su esposa no estuvieran en el negócio de la música desde antes –son parte de una banda llamada Boxer–, su hijo no hubiera podido llegar a este punto. «Es muy padre la historia de Emilio como músico, pero muy triste la de otros artistas mexicanos que no reciben ningún apoyo».

Sus papás buscan, desde ahora, financiamiento para que él pueda estudiar en Berklee. Ante tanta planificación, sólo me queda preguntar:

«¿Y tú qué quieres ser de grande?»
«¡El mejor baterista del mundo!»

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1462-http://www.youtube.com/watch?v=k4r4Vc4l9TQ