“Lucharán a dos de tres caídas, sin límite de tiempo…” Es lo que parece escucharse dentro de este sencillo pero pintoresco local en pleno centro de la ciudad de México, propiedad, desde 1992, de una leyenda de la lucha libre: Súper Astro.

El Cuadrilátero no es una simple tortería, sino un restaurante perfecto para acabar con el hambre de cualquier peso completo. No se puede hablar de este sitio sin poner por delante su estandarte: La Gladiador, una impresionante torta de más de 1.3 kilogramos, hecha con huevo, bistec, pollo, tocino y el poderoso sabor del chorizo que, hay que decirlo, se roba un poco el show en el sabor de esta torta. Enorme, inmensa, descomunal, La Gladiador es gratis si te la puedes comer en 15 minutos; a los 16 ya debes 150 pesos… más el refresco.

Hablando del menú regular de El Cuadrilátero, la comida es bastante buena. La versión reducida de La Gladiador es de tamaño justo y el sabor es más homogéneo, lo mismo que la Milanesa rellena, que también viene en dos tamaños. Los Chilaquiles con huevo, con su rica y suave consistencia y su picosita salsa verde, tienen un rico sabor casero y son reconocidos como otra especialidad. Para beber, no podemos ignorar las aguas frescas, que más bien parecen licuados: espesas, espesas.

En un ambiente luchístico al 100%, las paredes de El Cuadrilátero están repletas de máscaras en marcos y fotos de Súper Astro con otros gladiadores. La verdad sea dicha, este lugar no es apto para ningún “calienta lonas”, ya que, lejos de lo que puede parecer, los precios no son tan populares como la lucha libre.

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