Don Manuel, el último barbero a la antigua de la Roma

Peluquería Ibarra
Foto: Edgar Durán.

La peluquería Ibarra, que tiene más de 80 años sobreviviendo en la Roma, está a punto de desaparecer

En el sillón donde su papá comenzó con el oficio hace más de 80 años, Don Manuel sigue cortando el pelo y afeitando la barba de sus clientes a la antigua, con navaja de doble filo, así como aprendió desde hace toda una vida en ese local de la calle de San Luis Potosí 121, en la colonia Roma: la peluquería Ibarra.

—Hoy no hace tanto frío —dice Don Manuel mientras comienza a preparar al cliente que ya esperaba su turno.
—¿Ya va a cerrar? Son casi las 8:00 de la noche –le pregunto.
—¡Uy, no! Me he estado yendo como a las 11:00, he tenido mucha gente, pero no siempre es así, hay que aprovechar.
—¿Vive lejos?
—Aquí cerquita, cruzando Cuauhtémoc, en la Doctores.

Como si no hubieran pasado tantas décadas, asoman en su memoria los recuerdos de cuando fue “chícharo”, daba grasa, sacudía, barría y lavaba las escupideras, hasta los de cuando estudió Artes Plásticas en la Academia de San Carlos, que abandonó para unirse al oficio de la familia.

Manuel Ibarra lleva cuatro días trabajando jornadas que comienzan antes de las 2:00 de la tarde y terminan pasadas las 11:00 de la noche. El horario es normal para él, pero lo que no es común es ver su peluquería llena de clientes, formados, esperando turno para arreglarse la barba o hacerse un corte.

Sabe que esto se debe a que Aída, una de las vecinas del local, usó WhatsApp –«o una de esas cosas modernas»– para hacer un llamado e invitar a que nuevos clientes visitaran la peluquería, que desde hace más de seis meses se encuentra en litigio para definir si los dueños del edificio le seguirán rentando el local con el precio actual, de $5,800, o si aplicarán el aumento a $10,000, que decidieron de un momento a otro.

Don Manuel no es consciente del poder que las redes sociales tienen hoy, tampoco entiende bien qué es la gentrificación, sólo ha sido testigo de ella. Recuerda que hace un par de años,el local que está a la derecha del suyo era una tienda de juguetes didácticos, hoy es una cafetería. Así como el local que está a la izquierda, justo en la esquina de Jalapa y San Luis Potosí, era un restaurante, pero los dueños no pudieron con el aumento de renta y terminaron por cerrarlo. Hoy es una fonda gourmet.

«Ha habido mucha transformación, quieren ‘acondesarla’ por tanta cosa, como los restaurantes o los antros esos, como leS dicen. Me da risa, porque paso y escucho puro escándalo».

A las 24 horas de que el llamado de Aída Mulato se hizo viral en redes sociales, la peluquería Ibarra comenzó a verse llena de vida más que de recuerdos. Una fila de al menos cinco personas se ha mantenido constante durante gran parte de la jornada.

Don Manuel no sabe de qué forma gente que nunca había visitado su negocio se enteró de que el sábado pasado cumplió 77 años. No entiende cómo lo supieron, pero ha recibido regalos que van desde herramientas para su trabajo o fruta, hasta palabras de aliento. Sabe que a pesar de nunca haber tenido una esposa ni hijos, no está solo.

«Mientras pueda uno, aquí seguiremos. Tuve que vender sillones antiguos para pagar la renta. Me queda el que era de mi papá, que no vendería por nada. Es un orgullo cortar el pelo en el sillón que él usaba».

La Pantera Fresca, una de las paleterías más famosas de la ciudad, hizo una edición especial con los colores representativos del negocio: azul, blanco y rojo, para vender este miércoles 20 de diciembre. El total de las ventas será destinado a un fondo para ayudar a Don Manuel.

También checa: Estos oficios chilangos están en peligro de extinción