Ventajas y desventajas de los roommates

¿Más vale 'cholo' que mal acompañado?

Ah, la independencia. Ese bonito momento en que ganas lo suficiente como para escapar del yugo familiar. Todos hemos soñado con él: “¡mientras sigas viviendo bajo mi techo…!”. Ja, lo lograste y tus padres tienen que vivir con ello. ¡Pum! Mientras buscas tu nuevo hogar te imaginas las noches fumando y emborrachándote en tu cuarto mientras lees un libro de Bukowski. O te deschabetas pensando en la locura en que se convertirá tu fiesta de cumpleaños.

Después regresas a la realidad y te das cuenta de que tu quincena aún no es suficiente como para rentar un enorme loft casi nuevo en el Centro, o un bonito penthouse en la Condesa. Entonces lo decides: debes buscar con quién vivir… Cuando lo encuentras, todo es maravilloso pues ambos tienen la misma necesidad y sueños parecidos. Lo malo viene después, cuando descubren lo difícil que es compartir casa. Es tan horrenda la situación que estás dispuesto a regresar con tus papás. Imagínate el trauma.

Pero no todo es malo, por eso hablaremos de los pros y los contras de compartir el hogar. 

Lo bueno: Aprendes a ser MÁS tolerante

¿Te acuerdas del tiempo en que te la pasabas acusando a tu hermano con tu mami porque ya te había hecho enojar otra vez? Pues acá no hay ni habrá –jamás– nada de eso. Si algo de lo que tu roomie hace te enfurece, tienes que agarrarte la ira y entrar en estado zen. Vivir bajo el mismo techo te obliga a aguantarte. Siempre podrán llegar a un acuerdo. Y si no, cómprense una casa aparte. Jum.

Lo malo: ¿Todos somos unos neuróticos?

La respuesta es: No. Te tocó la mala suerte de vivir con uno. Ni hablar. No te preocupes, a todos nos puede pasar. Si te despierta con sus gritos, si tu cepillo de dientes ha desaparecido por días, si tu mascota se aleja de él/ella, si descubres que tu shampoo está vacío de un día para el otro, o si te escondes de él/ella cuando escuchas que está por llegar a casa, entonces hay un problema. La recomendación: huye lo más pronto posible, la neurosis se contagia, podrías terminar igual.

Lo bueno: Compartes responsabilidades  obligaciones y fiestas

Que no se mal entienda: Una cosa es salirte de casa de tus padres y otra que te interese cargar con todo el numerito de los compromisos morales y monetarios. Cuando vives con otra persona siempre podrás ponerte de acuerdo con él/ellos para decidir quién hace qué. Y si a alguno de los dos/tres/cuatro se le olvida algo como cerrar la llave del agua o pagar la luz, la culpa será compartida. Y todos podrán seguir siendo unos inmaduros felices.

Lo malo: Se roban tu comida

A veces pasa que tus roommates piensan que eres tan compartido que puedes sobrevivir sin tus galletas, tus tortillas y tus botellas de jugo. Y luego resulta que: “ay, pensé que eran mías”. Está chafísima eso de ponerle nombre a tus cosas, pero hay quienes tienen “mala memoria” y lo necesitan. Hazlo, de lo contrario podrías hacer muchos corajes… Y aguantártelos, por aquello de la tolerancia.

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Roomies del terror. (Especial)

Lo bueno:  Tienes con quién hablar/embriagarte las 24 horas del día

Te terminó la novia y no quieres hablar de eso, pero ahí está Facebook… Y el mundo entero se enteró a los cinco minutos de que ella –tu ahora ex– te mandó al diablo. Tu cuate te encuentra jugando X-Box, te invita una chela y te saca la sopa. Terminas llorando, en Garibaldi y marcándole para que, por favor, regrese contigo, que esa tal Jessica no significó nada para ti. Tu roomie estuvo acompañándote todo el tiempo, te sonó los mocos y todo. Es una gran persona.

Lo malo: Se vuelven invasivos 

Toda la vida le agradecerás que te haya acompañado a llevarle serenata telefónica a tu ex, pero de ahí a que estés interesado a que se convierta en tu íntimo compadre hay mucho trecho. De repente lo encuentras queriendo platicar todas las noches, preguntándote tus máximas intimidades, metiéndose a tu cuarto, en las conversaciones con tus amigos, en tu vida entera. Recuérdale que es tu compañero de casa, no tu mejor amigo. 

Lo bueno: Pueden salvar tu vida

Siempre es bueno saber que hay alguien que te cuida. Los roommates tienen sentimientos, si te ven en mal estado físico, te ayudarán. Quizá porque esperan que cuando llegue el momento tú también lo hagas, o quizá por humanidad. El chiste es que no te dejarán morir, ni aparecerás en los periódicos meses después como objeto de la noticia: “Lo encuentran sin vida por el hedor que salía de su habitación”.

Lo malo: Pueden desgraciarte la vida 

Debes saber cuándo es el momento de mudarte. A veces uno aprende a vivir en el infierno, pero es triste todo lo que esto implica: cerrar tu cuarto con llave, no poder decir ni “buenos días”, tener pesadillas tipo que morirás asfixiado bajo una almohada, etc. Mejor ve en busca de la felicidad. Si quieres seguir saludando con una sonrisa al sujeto en cuestión (por el resto de la vida de ambos), siempre será buena idea tomarte un momento, y volver a la difícil búsqueda de un nuevo hogar. Revisar las ofertas de departamentos es toda una aventura. No tanto.