Confesiones de un espía de supermercado

Espionaje en los supermercados
Crédito: ShutterstockLos supermercados contratan empleados para controlar las mermas y los robos.

Los topos son el escalafón más bajo del espionaje. Se trata de empleados subcontratados por todo tipo de empresas, a quienes se les otorga un sueldo extra para espiar las actividades de sus compañeros y presentar un reporte diario de las irregularidades que logran detectar.

Rafael trabajó durante dos años como “Jefe de topos”, en una empresa de dudosa reputación. En su época más productiva llegó a manejar hasta 30 topos infiltrados en una decena de corporativos, desde supermercados hasta empresas de distribución. Platicamos con él para conocer el extraño mundo de los espías de supermercado.

¿Qué es exactamente un topo?
Una persona que es subcontratada para espiar a otros trabajadores dentro de una empresa, desde supermercados hasta almacenes de todo tipo. Su trabajo es delatar a sus compañeros. Yo era jefe de topos. Es decir, coordinaba un grupo de espías que me tenían que informar a mí de lo que ocurría en determinada empresa. Mi labor era escribir reportes mensuales donde les explicaba a los empresarios lo que estaba sucediendo en tal o cual área de su empresa.

¿Cuándo entraste a chambear allí?
En el 2014. Duré año y medio. Me enteré del trabajo por una página de internet, que solicitaba jóvenes con estudios de comunicación, ya sabes, buena presentación, buena redacción, buen trato con las personas. Pero no te dicen para qué es hasta que ya estás ahí firmando el contrato. Resulta que a muchas empresas las roban, tienen mermas, hay acoso laboral o tienen determinado tipo de problemas, desde venta de drogas hasta fraudes fiscales o falsificación de documentos. Lo que nosotros tenemos que hacer es trabajar con sus empleados para que ellos nos informen qué es lo que está mal. Entonces te asignan un grupo de topos, yo comencé con unos siete pero, en algún punto, llegué a manejar más de 30. En la empresa manejábamos más de 100. La mayoría son personas de bajos recursos, que apenas saben leer o escribir; casi nunca tienen la secundaria terminada. Tú tienes que platicar diario con ellos para que te den la información que necesitas.

¿Con qué empresas trabajaban?
Yo llegué a manejar topos en muchos supermercados. En distribuidoras de cigarros también, en distribuidoras de carne, de cristales, en compañías de seguros, fábricas de bebidas embotelladas, fábricas de electrodomésticos, de todo.

¿Dónde eran los casos más graves?
Cada empresa es diferente. En los supermercados les preocupa mucho el robo, las pérdidas de consumidos y de mermas, también el acoso laboral. En otras empresas, sobre todo las distribuidoras, había fraudes con la gasolina: los camiones que reparten productos tienen que cargar gasolina en algún lado y consumían el doble o el triple de la gasolina que necesitaban para su ruta.

¿Cómo elegías a tus topos?
Necesitaba contratar a gente que tuviera colmillo, que fuera medio malandra. Necesitaba gente mala para que identificara cosas malas. Pero muchos llegan con miedo, son gente que tiene necesidades muy básicas: comer, mantener una familia. Y son personas que llegan temerosas, deseosas de tener por fin una chamba decente. Además, aunque ellos saben su chamba, nunca puedes confiar del todo tampoco. Por eso, siempre contabas con otros dos o tres topos dentro de la misma empresa. De repente llegaban y te decían: «Oye, la neta se están robando 20 kilos diarios en tal lugar», no te dicen que ellos también le están entrando al robo. Se supone que si ellos me decían que estaban participando, yo podía ofrecerles cierta inmunidad en caso de que hubiera problemas legales. Porque eso sí: entre más involucrados estuvieran con los fraudes y los robos, los topos eran más valiosos. Quiere decir que ya están con los malandros, que ya confían en ellos, que tienen más información. Es un problema, porque cuando los demás se enteran que ese güey es un espía lo quieren golpear o asaltar. La compañía los obliga entonces a renunciar, a la fuerza.

¿Cómo entra un topo a una empresa?
Es importante que ellos sean contratados como empleados y hacer toda la simulación. Entonces, primero lo contratamos nosotros una vez que la empresa ya abrió una vacante. Le enviamos el nombre de nuestro topo y él entra casi en automático. Los topos reciben doble sueldo: les pagan como empleados y les pagan como topos. Tampoco es mucho. Como empleado les pagan unos 5 mil pesos al mes, nosotros les damos mil pesos más, máximo tres mil.

¿Cuál fue el problema más grande que hubo?
En una ocasión me tocó reportar un fraude con cheques en una compañía de seguros. Para eso usamos de topo a un chavo con carrera; estaba mucho más calificado y fue un fraude de miles y miles de pesos. Hubo otro caso en que los empleados estaban coludidos con la policía para desviar la visión de la cámara en algún momento de la noche y sacar tarimas con electrónicos. También había auto-robos, cuando se transportaba mercancía de una bodega a otra, por ejemplo, los empleados se ponían de acuerdo con algunas bandas criminales. En otro caso que tuvimos que buscar un topo muy bien calificado, porque existían muchas anomalías electrónicas en una empresa de distribución y no entendíamos cómo estaba funcionando la tranza. Descubrimos un fraude millonario. Además, te enteras de otras cosas que no necesariamente le interesan a la empresa. En algunas empresas de bebidas embotelladas, en los toneles del líquido caen tarimas enteras, litros de químicos tóxicos. Los jugos caducados, regresan a la fábrica y se vuelven a meter a las calderas para embotellarse de nuevo. A veces caen ratas y se contaminan las calderas, pero eso no les importa. Y estoy hablando de bebidas que están en cualquier OXXO.

¿Qué sentías de tener este tipo de trabajo?
Es triste. Estamos hablando de gente pobre, de gente jodida que buscan un trabajo para sentirse bien, para subsistir. Nosotros les pagábamos para que no tuvieran amigos, para que les metieran el pie a los demás. Para mentir, para fingir. Para ser malas personas. Muchas veces, no denunciaban un desfalco sino al compañero que gana no más de cinco mil pesos al mes —como él— y que robaba unas galletas para desayunar. Algunas empresas lograban infiltrar topos en la competencia y ahí entra el asunto de la competencia desleal. Una vez logramos que unos topos robaran el catálogo de los productos, las facturas y movimientos fiscales de la competencia. Por momentos rozabas asuntos completamente ilegales.