El tiempo del siglo XXI versus el de cualquier época

'En chinga' es nuestro apellido

Especial

Así como nos ponemos nerviositos porque el celular no actualiza nuestra timeline de Twitter, porque la computadora no carga YouTube con la rapidez de quien cambia el canal con el control remoto o porque la fila del banco/restaurante/metro no avanza y nos la pasamos viendo el reloj cada minuto, así es a lo que el 2012 nos ha llevado: a convertirnos en unos neuróticos.

Eso de disfrutar el momento ya no se nos da. Resulta que traemos en la cabeza todo el plan del día y si algo no nos sale nos desesperamos a los dos minutos. ¿Vivir el momento?, ¿qué es eso?

Pero nosotros no éramos así antes. No.

En el pasado, nuestros padres y abuelos sólo se quejaban de la rapidez con que pasaba el tiempo en relación con la vejez; decían que entre más edad, el tiempo pasaba más rápido. Ahora ya no importa si tienes 12 o 48, las horas se van como agua. Igual si estás todo el día metido en Facebook que si tienes el día lleno de juntas.

Tal vez sea la tecnología. Todo el tiempo estamos dándole F5 al teclado a ver qué de nuevo ha pasado. Y la vida se nos va en un click. En dos. En tres.

Veamos cómo era antes y cómo es ahora.

En el México del siglo XIX había tranvías. Hoy el metro nos hace felices. Bueno, a veces. En el 2007 Ebrard recordó que en 1904 había 400 kilómetros de tranvías en la ciudad y que el promedio de velocidad era de nueve kilómetros por hora; en la actualidad es de siete. Lo cierto es que ya no tardamos horas en llegar a Coyoacán o Mixcoac.Y pronto lugares como Tlahuac por fin se integrarán completamente a la ciudad gracias al metro (o qué ¿no era ena tortura ir a esa zona por el tráfico?).

La paciencia está en el último lugar de la lista de virtudes de las personas.

En el siglo XVIII la esperanza de vida alcanzaba los 60 años; hoy los 60 son los nuevos 40… O algo así…

Hasta hace unos 20 años era fácil diferenciar la primavera, el verano, el otoño y el invierno; hoy todas las estaciones están en un solo día. 

Refranes como “Cada cosa a su tiempo” pierden significado, todo lo queremos hacer en el mismo minuto.

Antes debíamos esperar pacientemente a que el/la enamorado/a respondiera nuestras cartas que, además, tardaban semanas en llegar a su destino vía cartero o paloma mensajera. Ahora nos decepcionamos porque no contestan el Whatsapp a pesar de que ya vimos que lo vio hace 15 segundos.

Ahora sólo tenemos tiempo para nosotros mismos mientras estamos en medio del tráfico. Y lo usamos para entrar a Facebook. Hay quienes aún cargan con libros.

La gente profundizaba en sus ideas. Ahora tienen que caber en 140 caracteres.

Caminar significaba disfrutar el paisaje, los sonidos, a la gente. Hoy pocos lo hacen y se ven más apurados que felices. Más congestionados por el humo que gozando el panorama.

Los trayectos largos tenían su chiste: viajar en caballo, tren, barco o autobús era un mecanismo antiestrés. Hoy el avión lo es todo. Y estresa.

Antes la caligrafía era apreciada, hoy todo es vía teclado; gracias a los programas de texto el corrector ortográfico sabe qué quieres escribir y te ahorra unos cuántos tecleos. Y muchas vergüenzas. Ojalá fuera más efectivo.

En otros tiempos para preparar una sopa debías hacer caldo de pollo, dorar la pasta, licuar los ingredientes y hervir. Hoy bastan 2 minutos y medio en el horno de microondas para tener una instantánea.

Muy antes las fotografías pasaban por el cuarto oscuro, el aroma de los químicos se quedaba en tus manos y esperabas con ansias el resultado. Luego el proceso se limitó a ir al laboratorio y regresar en una hora. Hoy tomas tu celular, haces una foto, entras a Instagram y usas filtros que “embellecen” tus tomas. Bueno, mucho más antes, un retrato familiar tardaba una semana en ser pintado. Y todos tenían que posar y decir “chis” durante más que sólo seis segundos.

En otros tiempos, entrar a la biblioteca era una aventura (ñoña) que duraba días enteros: buscar la clasificación, cargar unos ocho libros de pasta dura, llenar la mesa con ellos, lucir como un intelectual y no hacer ruido. Aunque suene a cliché, hoy Wikipedia o El rincón del vago hacen la tarea en 10 minutos (con copy – paste).

¿A ustedes qué los escandaliza de estos tiempos tan rápidos? ¿O será que nos entró la primera crisis del chocheo? (Por cierto, ¿alguien todavía entiende qué significa “chochear”?)