Es una cantina, pero de corte familiar y gourmet. Garantizado un buen rato si de precopeo se trata.

El nombre se refiere a la tradición cantinera mexicana, concretamente a la rifa de pollos en los concursos nocturnos. Y sí: (lo que antes era Juega el Gallo), es una cantina, pero con un twist gourmet que la convierte en un lugar en el que se quiere estar más tiempo de lo normal. La decoración es sencilla pero contundente: así lo deja en claro el mural de la pared lateral, que retrata una típica escena de pueblo mexicano.

El Ronquillo no sólo es un lugar para beber, sino para cenar rico, relajado y entre amigos. La comida va desde tradicionales antojitos mexicanos hasta platos gourmet. Su carta variada, y entre lo más recomendable están el pámpano (a la sal) y el cabrito.

La decoración es típica mexicana y no cabe duda de que sus meseras son el atractvo del lugar: son guapas y amables. De la ambientación se encarga un grupo de música versátil, que con canciones de Alejandro Fernández y José José le dan personalidad al recinto. En el decorado destacan temátias rurales, un tipo de arte mural que logra mezclarse con el concepto del bar. Los dueños están muy al pendiente del servicio y conviven con los clientes. Ideal para escaparse de la oficina…y no regresar.

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