3 de mayo 2019
Por: Elías Leonardo

Acumular cosas inservibles, algo muy de papás chilangos

Hogar chilango que se respeta, hogar que tiene papás acumuladores de objetos que no sirven para nada pero les tienen cariño

Típico que vas a visitar a tu mamá el fin de semana para quejarte de tus broncas, o regresas a casa de tus papás con tus más de 30 años encima porque te acabas de quedar sin chamba, y te das cuenta de que hay objetos acumulados y estorbosos alrededor que solamente los viejos saben para qué quieren conservarlos. Hasta parece que son sus tesoros.Así son los papás acumuladores.

Sin papás acumuladores de cosas inservibles, el chilango no sería nadie

Que no se pierda esa linda y bella costumbre de llegar a casa de los jefes y asombrarnos por su placer culposo de sumarle más artículos innecesarios a sus pertenencias. Siempre será grato expresar algo como “¿y esto para qué lo quiere?”.

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Tu oxidada herencia

Foto: Shutterstuck

Tuercas, tornillos, rondanas y clavos que viste durante la infancia en el antiguo bote de herramientas que tu papá guardaba en el baño, ¡siguen ahí! Si en la niñez no te explicabas cuál era su función porque jamás viste al jefazo usándolos, menos te lo explicas ahora que ya no sirven para nada. Ah, eso sí, pobre de ti si intentas tirarlos a la basura porque se altera el viejo advirtiéndote que tiene pensado utilizarlos pasado mañana.

Mejor págale un viaje

Foto: Facebook Elías Leonardo

Desde aquellos célebres tamarindos que le traían tus tíos de Acapulco hasta los llaveritos en forma de USB que le trajiste de Chicago, tu mamá guarda todos los recuerditos que le obsequia la familia cada vez que alguien viaja. Aunque ya no haya lugar para colocar un producto más, ella se las ingenia para poner un jarrito de barro adentro de un cenicero que ya ni se acordaba que tenía. “Me lo han dado con mucho amor”, te dirá en su defensa. Esto es muy de papás acumuladores.

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No, por favor, eso no

Foto: Facebook Juguetes Puebla

¿Recuerdas cuando ibas a la feria y te ganabas una alcancía o un enorme cuadro con oraciones religiosas en los globos reventados con flechas que parecían picahielos? Sí, los cuadros que eran un póster pegado a una estructura de madera y adornado con lentejuelas para que se viera espectacular. Bueno, no falta una tierna cabecita de algodón que aún arrumba uno que otro encima o junto al espejo de su recámara.

El horno poderoso

Foto: Instagram @eliyaim

Hornear pasteles jamás fue lo suyo. Sirvió y sirve como guarida de bolsas, cacerolas, botes de yogurt quemados, tazas de plástico (o peltre) y mandiles. En grado extremo es la cueva perfecta para ollas, cazuelas y licuadoras antiguas descompuestas que prometieron arreglar desde hace 30 años, pero ahí siguen.

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Reliquias

Foto: Shutterstuck

Aquel monstruo de televisor que agarraba señal en cuanto le dabas tres golpes o una patada, permanece en el terruño de tu infancia. Es el mueble donde está colocado el florero y el altar a tu abuelito. Y a ese aparato agrega la consola Koblenz, la primera IBM que tuviste, la máquina de coser que fue propiedad de tu tía abuela. A duras penas cabe la sala.

Si tienes papás acumuladores, por favor, ve y abrázalos. Sin ese rasgo tan chilango, las anécdotas acerca de ellos serían incompletas, le faltaría algo de humor a lo que podrías contarle a tus hijos y nietos. ¡Cuidado!, si notas algo que sale de control con obsesiones y compulsiones severas echa ojo al síndrome de Diógenes.

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