Las calles de la ciudad de México esconden todo tipo de historias sobrenaturales. Fantasmas, aparecidos, brujos y nahuales que se asoman de sus guaridas al caer la oscuridad porque es ahí donde más cómodos se sienten.

Foto: Larissa Gil/Chilango

Es de suponerse que la urbe chilanga también ha tenido de personaje al príncipe de las tinieblas, el demonio, el gran mentiroso de la cultura cristiana, que viene a negociar las almas de aquellos que pidan su ayuda a cambio de cierto costo. Ese precio, como veremos a continuación, nunca es barato.

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Leyendas de pactos demoniacos en CDMX

La Ciudad de México también se recorre y se vive a través de historias y leyendas que a más de uno le han arrancado escalofríos. Si aún no conoces aquellas que han registrado los pactos innombrables con el maligno, te recomendamos prudencia y valentía para no caer en el desasosiego.

El pacto demoniaco de la radio: el caso de Josué

Hace ya 19 años que el mundo radiofónico quedó impactado con una llamada que se recordará como el relato de pacto demoniaco más famoso de la historia reciente del país.

Esto ocurrió en el mítico programa La Mano Peluda, conducido porJuan Ramón Sáenz, cuyo objetivo consistía en entretener a la audiencia mediante la narración de relatos sobrenaturales que, durante años, puso a los oyentes como protagonistas.

Una noche del año 2002, en el 104.1 de FM, llamó un joven de 20 años para contar su experiencia. El locutor en un principio poca atención prestaba ya que en muchas ocasiones, las historias que se contaban ya las conocía.

Fue a partir del minuto dos de grabación cuando la llamada se puso bastante interesante. A los 15 años de edad, relató Josué Velázquez, intentó realizar un juramento con el diablo.

La crisis económica dejó en quiebra a su familia, por lo que se dio a la tarea de encontrar la forma de obtener riquezas y fama.

Escuchó que por medio de seres demoniacos podría lograrlo y gracias a un libro de magia, el llamado Liber Juratus Honorii o Gran Grimorio, buscó su primer acercamiento con el mundo sobrenatural: pactar con Lucífugo Rofocale, demonio mayor de las huestes infernales.

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El primer ritual que realizó implicó el sacrificio de un macho cabrío, pero no funcionó. Pasados algunos meses, decidió hacer otro cuyo precio era bastante alto: cortarse las venas.

Al llevarlo a cabo, un hombre muy delgado y de tez oscura se le apareció y preguntó sobre sus deseos. Josué le habló de las riquezas y excesos que pedía a cambio de su alma.

El ente accedió a la petición solo que advirtió que debía prepararse para realizar una serie de rituales y conjuros que culminarían con asesinar a un familiar.

Sin más, el chico confesó en cadena nacional, haber asesinado a su abuela porque, en palabras de él, ya había vivido. A partir de esta ceremonia, comenzaron a ocurrirle encuentros con entes demoniacos y voces espectrales que le hablaban constantemente.

Josué logró hacer una carrera en el IPN y el dinero comenzó a llegar pero no sirvió de nada, ya que la condición demoniaca fue que estaría condenado a gastarlo de inmediato; no podía obsequiarlo ni tirarlo y mucho menos darlo a la caridad ya que si lo hacía, seres de ultratumba lo buscarían para atormentarlo.

Relató entre sollozos que nunca consiguió lo que al diablo pidió y en lugar de ello tenía una vida llena de desesperación. Gritos, llantos y ruidos raros escuchamos todos los que, en esos años, tuvimos la suerte de conocer la historia de este joven.

Tiempo después Juan Ramón Sáenz moriría a causa de una peritonitis; sin embargo, hay quienes aseguran que fue debido a que quiso ayudar al muchacho endemoniado a recuperar su alma.

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El pacto del que nace un asesino

En el convento de San Agustín, del cual actualmente quedan algunos restos y su inmensa historia, encontramos el pacto demoniaco más famoso de nuestra ciudad.

Don Juan Manuel de Solórzano, privado del Marqués de Cadereyta, decidió enclaustrarse para buscar paz en su espíritu. Lo atormentaba constantemente la idea del por qué su bella y joven esposa no podía darle un hijo. Sin un primogénito en su familia, toda su fortuna quedaría en manos de terceros.

Foto: Balam Ha Carrillo/Chilango

Completamente desesperado por esta situación, buscó en el aislamiento religioso la respuesta a su penar. En las altas y frías paredes de su celda, no encontró precisamente la paz ni a dios para esclarecer sus pensamientos.

En uno de los ejercicios espirituales que llevaba a cabo recogido en su habitación, ya entrada la noche, comenzó a escuchar voces que le murmuraron al oído una y otra vez la posible solución a su problema: él era de edad avanzada y su hermosa compañera de vida seguramente lo engañaba. ¿Quién querría estar con alguien así? susurró la misteriosa voz en la mente del rico comerciante.

La tradición no es precisa en el tiempo que escuchó estas palabras retumbar en sus oídos. Lo que sí da testimonio es que esa voz le pertenecía al señor de las tinieblas, que logró convencer a nuestro noble caballero del engaño de su amada.

El padre de la mentira, el tentador, le propuso un trato a don Juan Manuel: a cambio de su alma restauraría su honor, pero antes debía salir de aquel lugar santo y después matar al primero que pasara frente a la puerta de su casa justo cuando el reloj marcara las once.

Cegado por la ira y la soberbia, el preferido del virrey sentenciará la muerte de sus víctimas con la famosa frase “Dichoso tú que sabes la hora en que vas a morir”.

Foto: Balam-Ha Carrillo/Chilango

Hubo arrepentimiento en el corazón endemoniado de don Juan Manuel al saberse engañado por el demonio, justo después de asesinar a su sobrino Lope, pero esto no le bastó para salvar su vida, ya que cuenta la conseja que los mismísimos ángeles bajaron del cielo para quitarle la vida.

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Pacto y lealtad al demonio

En la calle de República de Colombia, encontramos un caso insólito de pacto demoniaco. Mucho se ha dicho que el demonio puede tomar varias formas, algunas veces es una sombra, otras se presenta como un charro negro, pero hay ocasiones que gusta de presentarse en forma de animal.

Justo detrás de lo que fuera el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, perteneciente a la orden Jesuita, nos refieren las olvidadas consejas chilangas, que vivió un viejo caballero español llamado Rodrigo de Ballesteros.

Foto: Balam Ha Carrillo/Chilango

Retirado ya de combate y fuera de la madre patria, se estableció en la Nueva España para vivir lo que le restaba de su existencia. Se sabía que había sido un hombre de guerra y los vecinos lo imaginaban galante y de honor, pero muy lejos estaba de ser así. Engreído y majadero, siempre llevaba posado en el hombro a un cuervo de nombre Diablo.

Durante toda su estancia en la ciudad logró causar miedo y caos entre los habitantes. Su casa sirvió para que ladrones, asesinos y embusteros, pasaran su tiempo bebiendo, jugando y maldiciendo desde que entraban hasta que salían. Al parecer solo una regla existió en su casa: nadie podía tocar al cuervo más que él.

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Una noche, terribles gritos de dolor y risas retumbaron la actual calle de Colombia, a tal grado que los jesuitas del colegio de San Pedro decidieron averiguar lo que sucedía y se dieron cuenta de que los ruidos venían de la casa de Ballesteros, así que resolvieron entrar.

Horrorizados encontraron en la parte baja de la antigua casona signos prohibidos de antiguas tradiciones paganas y, en el fondo, la estatua de un cristo flagelado completamente bañado en sangre. A partir de ahí se contó que don Rodrigo pactó con Lucifer vivir sin preocupaciones de ningún tipo y ser su leal vasallo a cambio de llevar el ritual oscuro de flagelar en la oscuridad al nazareno.

Al final, nadie supo la verdad ni qué pasó con el endemoniado. Lo curioso es que tiempo después se contó que a altas horas de la noche, un cadáver se asomaba justo en el puente que se conociera como del Cuervo. La construcción con los años desapareció. Lo que no sabemos es si el diablo todavía ande suelto.

Foto: Balam Ha Carrillo/Chilango

Terribles desenlaces cuentan los relatos y tradiciones que se conocen sobre invocaciones de demonios y los tratos que se pueden establecer con ellos; sin embargo aún hay quienes juran que el diablo les susurra al oído las mieles de la abundancia con una condición: todos sus deseos serían cumplidos a cambio de su alma.

Hay otros que aseguran que son enfermos mentales que por cuadros de esquizofrenia o psicosis tienen estas alucinaciones. ¿Tú con cuál explicación te quedarías?

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