Ellas decidieron no ser madres nunca, a pesar del estigma social. ¿Qué dificultades enfrentan las mujeres NoMo en su búsqueda por normalizar no tener hijos?

Por: Ma. Antonieta Barragán Lomelí / Felipe Zámano. Ilustraciones: ELY ELY ILUSTRA.

Son la gran vuelta de tuerca de la identidad femenina: las que se atreven a desafiar el mandato de género encarnado en la maternidad y priorizar otros estilos de vida. Cuestionan que sólo haya un camino para ser mujer y están decididas a explorar alternativas, aunque eso signifique poner de cabeza su entorno familiar y social. La educación e información que poseen es un capital intelectual para ejercer la libertad de decirle no a la maternidad, y su decisión, así lo entienden, forma parte de un derecho reproductivo.

En los países donde han estudiado este fenómeno sociodemográfico las llaman childfree, aunque también son conocidas como mujeres NoMo (por Not Mother). Son identidades femeninas emergentes que anteponen sus proyectos personales y profesionales a la maternidad. La acusación de “egoístas” no las inhibe ni las atemoriza; por el contrario, las reafirma: “Sí, primero yo y mis deseos, y ahí no entra la maternidad”.

En los últimos 30 años, demógrafos y economistas de los países industrializados han alertado sobre esta marea de la no maternidad, que crece aceleradamente. Se ha vuelto preocupante porque altera el reemplazo generacional, la economía y el empleo. Pero ¿qué hay detrás de esta decisión?

La socióloga franesa Élisabeth Badinter, en sus libros ¿Existe el instinto maternal? (1980) y El conflicto: la mujer y la madre (2011), advertía que había que desligar el instinto maternal de la naturaleza femenina y dejar de considerar anormales a las mujeres NOMO, a aquellas que deciden no procrear. Apuntaba también que hay que liberarse de la idea de que lo natural es tener hijos y poner atención en la gran diversidad de deseos femeninos que no pasan por la maternidad.

El tema es controversial, pero es una tendencia cada vez más visible en el mundo, que se expresa en libros, películas, discusiones académicas, páginas de Facebook y diversos foros.

En México también tenemos a nuestras mujeres NoMo, y aunque las estadísticas oficiales no hablen mucho de ellas, no les sigan el rastro y no documenten las razones de su decisión, son un conglomerado femenino cuyo ideal de hijos es “ninguno”. En el plano nacional, de acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID), realizada por el INEGI en 2009 y 2014, este grupo representa el 10%, y en la Ciudad de México alcanza el 12% de la población.

“Son una minoría que no ha sido  estudiada —explica el demógrafo Ricardo Regules— porque se piensa que no implican un problema para México, pero lo cierto es que estamos ante una población que está cambiando sus valores, su estilo de vida, y les dan prioridad a otros intereses sobre la maternidad”.

Son mujeres que se preguntan por qué el Estado no las ve, por qué no las toma en cuenta y por qué, sobre todo, no les garantiza la libertad de no ser madres. “¿Por qué en lugar de implementar políticas públicas para nosotras y apoyarnos se alega que no sabemos lo que queremos y que somos unas inmaduras? Dudo que seamos pocas las que estamos eligiendo este tipo de vida; deberíamos organizarnos para exigir que se respeten nuestros derechos reproductivos”, asevera Karla, editora de 33 años.

De ese porcentaje que ha reportado desinterés por la maternidad, un 46.9% pertenece a la clase media y un 27.5% tiene un alto poder adquisitivo; en cuanto a la escolaridad, más de 50% cuenta con preparatoria, estudios técnicos o licenciatura. “Es una clase social de mujeres disidentes y urbanas”, afirma Marta Ferreyra, especialista en Estudios de Género.

Chilango entrevistó a un grupo de mujeres de 28 a 38 años que viven en la Ciudad de México, autosuficientes, con alto nivel educativo, distintos estados civiles y orientaciones sexuales, con el objetivo de conocer su experiencia familiar, social, urbana y reproductiva ante la decisión de no criar hijos.

Las rutas que han tomado son diversas y sus motivos, multifactoriales. Unas lo decidieron desde la infancia o adolescencia, y así se han mantenido. “Desde chica yo era consciente de que no quería tener hijos; no me gustaba ni jugar con muñecos, me daban una flojera increíble”, comenta Karla.

Otras de las mujeres NoMo entrevistadas recorren caminos más largos, pero no por eso lineales o predecibles. Eso sí, la no maternidad es como un vapor que las rodea y las acompaña a lo largo de ese trayecto. Han vivido distintas experiencias conyugales, sexuales, familiares, laborales y profesionales que las hacen dudar, las meten en conflicto o simplemente las hacen postergar la decisión.

“Me casé y quería complacer a mi pareja porque él sí deseaba tener hijos. Eso me hizo dudar, pero con el tiempo me pregunté qué era lo que yo realmente quería. Y en el fondo ahí estaba mi verdadero deseo: no quería ser madre. No tengo la paciencia, la actitud ni la entrega para criar hijos”, expresa Eugenia.

En su mayoría no son decisiones viscerales, radicales o caprichosas. Al contrario: éstas se afinan, apuntalan, reflexionan y evalúan, hasta que un buen día ellas están seguras, o por lo menos la no maternidad gana terreno en sus planes.

“No es una identidad femenina alternativa lo que se está construyendo —apunta Brenda Gómez Cruz, doctora en Psicología Social y especialista en la no maternidad— sino múltiples identidades femeninas que ofrecen resistencia, cada una en su estilo y con sus recursos, a los discursos de lo que debe ser femenino. Sólo están ejerciendo su derecho a no ser madres”.

Para Leonardo Olivos Santoyo, académico del Programa de Investigación Feminista del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, “son mujeres que rompen con la hegemonía de la maternidad y deciden convertirse en individuos”.

Lina Meruane, escritora chilena que ha recibido varias críticas por los agudos planteamientos sobre la no maternidad de su libro Contra los hijos, dice que estas mujeres son “la revolución de las sin hijos” y que lo que está en el fondo de este colectivo es que por primera vez se preguntan por qué no tener hijos.

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Mujeres NoMo: diversas y con razones múltiples

mujeres nomo cdmx
Ilustraciones: ELY ELY ILUSTRA.

Las mujeres entrevistadas por Chilango aseguran no conocer el instinto maternal. Reivindican el bienestar físico y emocional, el hedonismo, el proyecto profesional, las ganas de “comerse el mundo”, la autonomía del cuerpo y la libertad sexual. Sin embargo, han tenido momentos de tensión, conflictos, altibajos y vulnerabilidad, pues la sanción social a veces pesa mucho.

Sylvia Solís, especialista en estudios sociales cuya tesis de maestría se titula Mujeres sin descendencia en la Ciudad de México, explica que estas mujeres han logrado separar lo sexual de la reproducción. “Se les critica y juzga por no tener hijos, pero en el fondo lo que se les cuestiona es que eligen una vida para sí mismas, no para los otros”.

Reconoce que las mujeres NoMo, sobre todo las más jóvenes, pueden estar muy seguras de su elección, pero todavía tienen que enfrentar muchas presiones. El avance es que ellas, a diferencia de las anteriores generaciones, hacen públicas sus ideas. “Ahora cuentan con más redes de apoyo femenino, lo conversan entre ellas y se sienten apoyadas”, sostiene.

“Yo sí me siento orgullosa cuando manifiesto mi posición y nunca me ha preocupado lo que puedan pensar de mí. Es mucho peor tener un hijo por obligación que por deseo real”, dice Daniela, comunicóloga de 28 años, que vive en unión libre con un hombre extranjero que sí quiere tener hijos. “No es suficiente tener una pareja maravillosa. Mi decisión es personal. La crianza de los hijos es en solitario. Pertenezco a una familia de padres ausentes. En un país como México, decirle no a la maternidad tiene consecuencias y genera angustia, pero éstas no son razones poderosas como para cambiar de opinión”, agrega.

Los motivos para no tener hijos son diversos: son costosos, hay antecedentes familiares violentos, enfermedades congénitas, proyectos laborales y profesionales, y una conciencia ecologista y feminista.

Marta Ferreyra explica que son mujeres que rechazan la mistificación de la maternidad porque no las fortalece, no las construye ni las realiza. “Son disidentes del modelo patriarcal”.

En su narrativa, la palabra sacrificio no tiene lugar. No están dispuestas a sacrificar su calidad de vida y de salud por cumplir un supuesto mandato biológico.

Durante mucho tiempo, algunas mujeres, aun sabiendo que su cuerpo era frágil y su condición psicológica no era la óptima, acataron el supuesto social de la maternidad porque no querían “fallar como mujeres”.

Andrea sabe lo que es eso. A los 26 años se embarazó para darle gusto a su pareja pero tuvo un aborto espontáneo. “Sentí que ni para incubar servía”. Su salud empeoró y decidió darle prioridad a su bienestar físico y mental. “Si tengo días buenos, malos o peores, sólo son míos y no hago sentir mal a nadie”.

Yoseline, por ejemplo, ha vivido la experiencia de la presión médica. Hace unos años tuvo una intervención quirúrgica por apendicitis y al mismo tiempo descubrieron que tenía un quiste en un ovario y se lo extirparon. Lo primero que escuchó al salir del quirófano fue: “No te preocupes, sí vas a poder tener hijos”. Tiempo después le insistió a su ginecóloga en que no quería quedar embarazada, que prefería calidad de vida y otras alternativas de tratamiento, pero la doctora le replicó: “Eres joven y algún día querrás tener hijos; mejor te mantengo sana para cuando decidas tenerlos”. En ese momento ratificó su decisión: su felicidad y su salud no debían depender de un embarazo que no deseaba.

Los antecedentes familiares, hogares donde han predominado el abandono, la violencia, las adicciones y el maltrato, también pesan en algunas childfree. “Viví violencia intrafamiliar y lo que menos quiero es repetir patrones de conducta. No juzgo a mi madre por haber aguantado tanto, pero yo no quiero una vida así”, señala Marisol. O Samantha, quien afirma que la conducta de su padre, acusado de abuso sexual, fue la punta de lanza para tomar una decisión definitiva.

Brenda Gómez Cruz, psicóloga social, explica que en todas estas 
mujeres hay un cúmulo de razones que a lo largo de su vida se entrelazan, ellas las cruzan con la información adquirida y eso les devuelve un razonamiento lógico para entender que están metidas en una estructura social y moral que las responsabiliza de algo en lo que no quieren participar. “No se trata de promulgar la no maternidad a todas las mujeres, eso sería absurdo y no es el punto, sino de comprender que hay un mundo de posibilidades de ser mujer y ellas han optado por otras identidades”, sostiene.

Alejandra Lambarri, antropóloga social, explica que el movimiento de las NoMo ha generado reflexiones teóricas sobre cómo el interés por la maternidad no es innato y sí un constructo social. Admite que nunca se había cuestionado, pero que las mujeres de la actualidad, por lo menos un buen grupo, están descubriendo que no nacen para tener hijos y no desean ser madres.

Entre las mujeres NoMo entrevistadas hay una línea argumental transversal: no desean hijos. Desear es un verbo que funciona como empoderamiento y eje central. “Con el tiempo aprendí a no dar explicaciones: simplemente no deseo tener hijos y punto”, afirma Leonor.

“Los bebés merecen mamás que los deseen y yo no los deseo”, suscribe Andrea. “La maternidad se nos impone; ¿por qué no imponer nuestra vida o nuestros deseos?”, cuestiona Alejandra.

Ameyali, de 33 años, divorciada y gestora financiera en una empresa sueca, lo resume así: “Podemos dar muchos argumentos y son válidos al cien, pero aunque tuvieras todos los elementos y posibilidades en contra, si hay algo que de verdad deseas, lo consigues. Así que quien decide no ser madre, en la mayoría de los casos es porque nunca sintió ese deseo, y ya”.

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El coro pronatalista

La mayoría de las mujeres NoMo entrevistadas han tenido que lidiar con la presión social y se han sentido agobiadas en distintas circunstancias, ya sean familiares o laborales, e incluso con desconocidos, y se han tenido que blindar para evitar discusiones, confrontaciones.

A veces de plano ignoran comentarios de quienes consideran que la maternidad debe vivirse como si fuera un trofeo o un éxito. “Hace un par de años un tipo me dijo: ‘¿Para cuándo los hijos, mami? Ya estás treinteando y el cuerpo no perdona. Mira que te puedes quedar sola’”, cuenta Alejandra.

Elizabeth observa que es común encontrar gente que le recrimina por ser una de las mujeres NoMo, por no tener hijos porque ¿entonces cuál será su legado? “¿Mi legado? Mi vida profesional, mis conocimientos, lo que yo soy”, contesta.

Yoseline admite que no es fácil negar la maternidad: “Somos juzgadas. Si a eso le agregas que no aspiro a tener una pareja convencional y que en todo caso no le temo a la soltería, todo se complica más”. Reconoce que tiene compañeras de trabajo que temen expresar sus deseos porque significa ir a contracorriente, así que prefieren adaptarse en vez de ser “linchadas”.

A los 15 años, Fátima habló con su familia sobre su decisión de no tener descendencia. Algunas reacciones: “Ya cambiarás de idea” o “Luego te veré con hijos”. “En una familia de nueve hijos, mi posición era inconcebible. Admiro a mi madre, pero nunca deseé verme en su espejo”, explica.

Rocío, diseñadora de modas de 34 años, cuenta que en la preparatoria tuvo el primer enfrentamiento con lo que se esperaba de ella como mujer. En un trabajo escolar tenía que escribir cómo se veía en 10 años más. Lo contestó, pero la profesora la regañó porque su texto “estaba incompleto”: no incluía casarse y tener hijos.

“Las mujeres en esta sociedad siempre estamos en deuda. Si tienes hijos hay una gran posibilidad de que se trunque tu potencial profesional, y se te recrimina; si no tienes hijos, eres una mujer incompleta. La decisión que tomes siempre será de pérdida”, apunta Daniela.

“¿Para cuándo los hijos?”, “¿No te preocupa la soledad en tu vejez?”, “Ten un hijo aunque no tengas pareja”, “No niegues tu naturaleza”, “Cuando te enamores de verdad cambiarás de parecer”, “Los hijos dan felicidad”, “Hasta que tengas hijos no sabrás lo que es amar realmente”, “Lo que pasa es que no sabes lo que quieres”, y así el rosario del coro pronatalista que tienen que soportar estas mujeres. Como bromea Elizabeth, los atajan con un “Tienes razón, posiblemente después me den ganas”.

El pintor Roy Lichtenstein lo ilustra de manera sarcástica en una viñeta donde está una mujer llorando mientras se tapa la cara con una mano y dice: “No lo puedo creer. ¡Me he olvidado de tener hijos!”.

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Ilustraciones: ELY ELY ILUSTRA.

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La CDMX: el mejor anticonceptivo

La Ciudad de México es territorio liberado, diverso, secular, un gran laboratorio para observar los formatos más vanguardistas de la vida moderna. Un espacio con importantes derechos igualitarios y que, si bien no con la amplitud que se quisiera, ha avanzado en equidad de género. También está el factor económico y de empleo, que permite que aquí, a diferencia del resto del país, las mujeres tengan mejores condiciones salariales y flexibilidad en sus jornadas laborales, además de la opción del autoempleo.

“Este mercado laboral, espacio público y movilidad, es una plataforma económica que hace viables todas las opciones de vida que quieran llevar las mujeres”, dice Salvador Herrera, urbanista especializado en vivienda. Añade que es una ciudad “semilla” para el grupo de mujeres liberadas de sus roles tradicionales y que imprimen un gran dinamismo cultural y social a la metrópoli.

Herrera traza un mapa urbanístico donde cree que habitan, trabajan y estudian las NoMo. Es una T que incluye las colonias Roma, Condesa, 
Escandón, Juárez y Cuauhtémoc. Son las zonas que están más “ávidas de experimentar modelos alternativos de estilos de vida”, afirma.

La Ciudad de México, reconoce Ricardo Regules, es donde se observan mejor las transiciones demográficas y las transformaciones culturales y sociales. Sin embargo, advierte que hay vacíos sociodemográficos en los datos de la ENADID: en la batería de preguntas que la institución realiza, en la número 7.7, “¿Le gustaría tener hijos”, a las mujeres que responden “no” las mandan a la 7.10, para preguntarles: “Si pudiera escoger, ¿cuántos hijos le gustaría tener en toda su vida?”. Es decir, se ignora que contestaron que no, y en lugar de preguntarles las razones, se insiste en cuántos desearían tener. “Esa población femenina nos está mostrando un México que no vemos y que puede ser estratégico para crear nuevas políticas públicas”, indica el especialista.

Las mujeres NoMo chilangas admiten que la ciudad tiene sus ventajas pero también que es el mejor “anticonceptivo”: por su inseguridad, violencia, contaminación, viviendas pequeñas y transporte público deficiente. “No es una ciudad amigable con los niños”, “El único privilegio que le veo es la posibilidad de la interrupción del embarazo”, “Vivir en esta ciudad tan caótica sólo refuerza mi decisión”, “Si vives en el Pedregal, tienes chofer y una niñera, pues sí, qué ciudad tan cómoda”, “Lo mejor de la ciudad son las redes de apoyo feministas”, “¿Contribuir al hacinamiento de la ciudad? No, gracias”, expresan estas jóvenes.

Lis, a diferencia de lo que plantea Salvador Herrera, piensa que es una ciudad con salarios injustos para las mujeres, con acoso en las calles, deficientes sistemas de alumbrado, ausencia de mecanismos de alarma en casos de emergencia y, si bien la diversidad de pensamiento y las libertades que se han ganado en la capital la hacen muy atractiva, pesan más las desventajas para criar hijos en ella.

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Los obstáculos para una otb

La salud sexual y reproductiva en este colectivo es central y estratégica. Las experiencias que cuentan son diversas y no siempre afortunadas. Reclaman que no haya políticas públicas y campañas que instruyan a los profesionales de la salud reproductiva a ser verdaderos instrumentadores de la oferta de métodos anticonceptivos, no médicos y enfermeras que las descalifiquen por no querer hijos y tener que soportar que el aparato de salud constantemente intente convencerlas de tenerlos, como suele ocurrir.

A pesar de cuidarse y estar al día con sus opciones anticonceptivas, más de una se ha embarazado y ha tenido que interrumpirlo. Entonces deciden realizarse la Oclusión Tubaria Bilateral (OTB), también conocida como salpingoclasia o ligadura de trompas, que es una anticoncepción permanente. Encuentran, sin embargo, una barrera infranqueable en el sector salud. Les niegan el servicio con el pretexto de que son muy jóvenes, que por lo menos deben tener un hijo o que tienen que consultar al psicólogo para pensar mejor su decisión.

Fátima lo intentó dos veces en el IMSS y la mandaron al diván; Gabriela, con todo y métodos adecuados, se embarazó dos veces. El primero lo interrumpió y el segundo fue un aborto espontáneo. Asustada por el riesgo de un tercero, casi le suplicó a su ginecóloga la OTB, y a cambio recibió una cantaleta pronatalista. Finalmente lo consiguió y la intervinieron. Después, en las consultas postquirúrgicas, siguió recibiendo comentarios desagradables por su decisión.

El colmo es el caso de Leonor. Por cuestiones de salud, embarazarse implicaría para ella un alto riesgo, pero además, por indicaciones médicas, no puede usar métodos anticonceptivos hormonales. Eligió, entonces, el condón y la abstinencia. Cansada de 
vivir al filo de un embarazo no deseado, pidió a su médico del IMSS que se le practicara la OTB. Lo mismo: no era candidata porque “era joven y se podía arrepentir”. No entendía que los mismos médicos que le habían prohibido usar métodos anticonceptivos le negaran esa opción. Le sugirieron que llevara su caso a “una junta médica”. “Los tenía que convencer de que me autorizaran a que haga yo con mi cuerpo lo que me dé la gana”, dice. Recurrió a clínicas privadas pero también le negaron la intervención porque debía tener la autorización de su médico, y éste es del IMSS.

Eugenia señala que cuando va a las revisiones ginecológicas su médico insiste en que tiene “óvulos sanos y de buen tamaño” para cuando se quiera embarazar, a pesar de que ella le ha explicado su decisión de no tener hijos. “Jamás me ha dado la opción de la OTB”.

Andrea quiere hacerse la OTB en una clínica privada, pero por su historial psiquiátrico necesita la autorización de su médico del IMSS. “Tengo que probar que estoy loca para poder acceder a un método que me libre de pastillas que me afectan, condones que no quiero usar y un DIU que me lastima”, sostiene.

Rocío siempre se ha cuidado con píldoras pero quiere una alternativa permanente. Cree que por la edad que tiene (35 años) correrá con suerte y podrá convencer a los médicos del IMSS. Elizabeth está decidida: ya no quiere anticonceptivos hormonales porque le hacen daño. Piensa recurrir al Seguro Social y pedir la OTB, aunque sabe que será un viacrucis. “No es posible que la esterilización femenina tenga tantas condicionantes. Batallan para reducir el crecimiento de natalidad y no pueden aprobar la esterilización voluntaria”, dice.

Lo que deben saber las childfree es que desde 1993 existe una Norma Oficial Mexicana (NOM), la 005, que compete al sector salud y que dice: “La Guía de Práctica Clínica (GPC) para el uso de la OTB menciona como población objetivo mujeres en edad fértil con paridad satisfecha o no deseo de procreación”. Sin embargo, en el sitio web del IMSS se dice que la OTB “es un método de anticoncepción permanente o definitivo que se realiza en aquellas mujeres que tienen el número de hijos deseado y no quieren tener más embarazos”.

Claudia Martínez, asesora clínica en la organización Ipas México, consultada sobre esta contradicción, explica que la norma 005 es la que se debe cumplir, destinada también a las mujeres que manifiestan “no deseo de procreación”. La principal política pública que debería tener este grupo es hacerlo visible, y después formar personal médico que pueda responder, sin sesgos y prejuicios, a sus demandas de salud sexual y reproductiva.

“El sector salud tal parece que se empeña en traer niños a este mundo sin importar las condiciones; es absurdo el grado de pobreza que hay en México, pero le ponen trabas a quien decide no tener hijos. A veces parecería que se intenta perpetuar una cultura de culpar a la mujer: que si porque tiene hijos joven, porque tiene sólo un hijo, porque tiene varios, porque es un embarazo no planeado, porque decide abortar, porque quiere ser madre soltera: siempre se encuentra la forma de cargarle el mayor peso a ella”, expresa Dariana, editora de 38 años.

Sylvia Solís pone la atención en otra política pública necesaria relacionada con las childfree. El Estado, dice, debe cambiar en sus campañas de educación reproductiva el discurso implícito de que todos desean hijos y abrir la posibilidad de elegir no tenerlos.

Para Olivos, lo importante no es si las mujeres NoMo son tendencia o si afectarán las estadísticas. Lo más importante, indica, es que esta generación de mujeres se convertirá en un arquetipo de lo femenino para las niñas de ahora, y ellas, por lo menos en ciertos ámbitos, ya no tendrán que cargar con la presión de si serán madres o no.