Sir Paul conquista el Azteca

Lo bueno, lo malo y lo feo de su presentación

Ocesa

Lo bueno

¿Qué decir de un concierto de Paul McCartney? El señor tiene 69 años y sigue dando uno de los mejores espectáculos en el mundo de la música. A lo largo de prácticamente tres horas Sir Paul dio una repasada a su catálogo completo, desde Wings hasta los Beatles, desde canciones del Please Please Me hasta su más reciente sencillo “My Valentine”. Obviamente faltaron rolas, pero es imposible satisfacer a todos con un catálogo tan extenso y al haber tocado 30 y tantas canciones creo que nos podemos dar por bien servidos.

La banda que lo acompaña, que según dijo Paul lleva 10 años tocando con él, está compuesta de excelentes músicos y, de verdad, ayudó a que la interpretación de las canciones fuera perfecta. El carisma de Paul se mantiene tan fresco como hace 40 años y cualquier interacción con el público (que fue muy seguido), lograba desatar gritos y felicidad por doquier. Habló mucho en español, y la verdad lo hizo bastante bien. Sin mencionar que se las sabe, sus años de carrera lo han hecho un maestro de las presentaciones en vivo y conoce de memoria todos los trucos necesarios para conquistar a cualquier audiencia.

El combo de “Let It Be/Live and Let Die/Hey Jude” es garantía de ser un momento emotivo para cualquiera que lo escuche. Desde las lágrimas derramadas con la primera, pasando por la emoción y fuegos artificiales de la segunda y terminando con el masivo coro de “Hey Jude”. Que sí, se escucho tal y como lo esperábamos, de poner la piel chinita, no nos imaginamos cómo será verlo y escucharlo el jueves en el Zócalo.

Pero la verdadera estrella de la noche no fue Paul o su banda, fueron los fans. El ambiente en el Azteca era impresionante, desde niños pequeños hasta adultos disfrazados del Sgt. Pepper, pasando por contemporáneos de Paul. Todos cantaron a todo pulmón, gritaron, corearon, prendieron encendedores al ritmo de la música y muchas más cosas que hicieron que el concierto pareciera una verdadera celebración.

Lo malo

La sección de cancha, y asumimos que algunas partes de la sección “Especial bajo”, representó una verdadera burla para los que compraron boletos. La cancha era extremadamente pequeña y, por la ubicación de las torres de sonido, consola, proyectores y cajas del equipo, la visibilidad era muy reducida. Sólo había tres espacios donde se veía bien y ahí se juntó toda la gente como pudo. Si vuelven a hacer una cancha con esas características, lo mínimo que pueden hacer es avisar que la visibilidad será limitada, como lo hacen en otros eventos.

Lo feo

La lluvia se soltó poco antes de que empezara el concierto y pegó duro, a todos los que no estaban bajo techo si les tocó una buena mojada.

Veredicto final

Pocas personas pueden lograr lo que Paul McCartney en vivo. Sus años de experiencia lo han convertido en un maestro del arte de la música vivo y sabe exactamente qué se tiene que hacer para conquistar a la audiencia. Su catálogo habla por sí solo, es una de las mejores colecciones musicales de la historia, y múltiples generaciones se han enamorado de ella. Cuando el público se combina con ese legado musical y el gran intérprete que es Paul, el resultado es magia pura.