¡Notición! Una bien portada Miley Cyrus en la Arena Ciudad de México

Sin nada esperadamente inesperado

Notimex

¿Cuándo, en qué momento, se le ocurrió a Miley tener una enanita en su cuerpo de baile? ¿Y cuándo, en qué momento, a una gorda enorme? ¿Cuándo se le ocurrió usar sólo leotardos, bodysuites que les llaman los entendidos en llamar a las cosas para que suenen rimbombantementes, para lucir (¿lucir?) su figura casi nada lucidora? ¿Y cuándo no salir a cantar sin tamaños bolsones a juego con su ropa?

Eso sí, de impuntual no puede achacársele. Por el contrario, arrancó siete minutos antes del horario anunciado con una enjundiosa intro y ella apareciéndose tras una austera cortina deslucida que ni cómo comparar con la lengua escenográfica que usó en Europa y EU. “SMS (Bangerz)” fue el primer tema, que hizo que quienes no se esperaban tanta puntualidad entraran corriendo y dejando a su paso un rastro de palomitas, refresco y cerveza ante la oscuridad repentina. No importaba que el sonido se desbordara sin control.

Al final en la Arena Ciudad de México hubo alrededor de 15 mil espectadores, pero al principio este enorme y espectacular foro, que sorprendió a la misma Miley (this place is fuckin’ huge), se veía desangelado con huecos por todas partes que se fueron llenando conforme pasaron algunos de los alrededor de 100 minutos que duró el concierto. Seguro que los más o menos 150 fans que se formaron desde la noche anterior se habrán preguntado si tantísima espera valió la pena con tan poquita gente alrededor del escenario antes de que empezara el concierto.

No hubo excentricidades. No hubo vuelo en jocho gigante. No hubo nada esperadamente inesperado. No hubo ni siquiera tanta lengua de fuera. Hubo, sí, un halo de contención durante todo el show. Y harto fuck y harto shit en las varias veces que la Cyrus se dirigió al público con su palabrería veloz. Y también estuvieron las botargas de animales, como la del oso rosa que le puso ánimo al inicio del Bangerz tour en el DF.

Desde el mero principio Miley, entonces con ropa en amarillo y lunares, se acercó tanto como pudo a sus fans desplazándose a lo largo de esa especie de pasarela que salía del rectángulo tradicional del escenario. Allí cantó “4×4” y salió y regresó disparada, pero ya en anaranjado fluorescente, para interpretar “Love Money Party”. Ya sus bailarinas se habían hecho notar. Si en la segunda rola ella simuló nalguear a la gorda enorme, acá es a la inversa. “Gracias –dijo–, ¿cómo te sientes esta noche Ciudad de México? Espero que mejor que yo porque anoche conocí your fucking city y tomé demasiado tequila…”.

Se siguió con “Maybe you’re right”, donde fue tomando cosas que los fans le lanzaron incesantemente. Agarró un muñeco, se colgó del antebrazo una bolsita de panda, jugueteó con un bat tricolor de hule, se puso un collar, recogió una prenda colorida que sostuvo en lo que quedó de la rola y luego se vistió con ella. Era un traje de china poblana con el que cantó con una voz más nasal “See you again”; completó el outfit con un sombrero de colores. Presentó “My darling” y después, unos rifs metaleros dieron tiempo al cambio. “Do my thang” y el leotardo plateado de casi todo el resto del concierto. Lo que no faltó fue la mojada de fans: argumenta que tiene calor y que supone que todos están igual, así que se echa un buen sorbo y lo escupe tan lejos como puede. Luego, “Get it right”.

El sombrero que lleva Miley tiene un juego de luces que parpadean y cambian de color. Las bailarinas aparecen con unos flotadores largos amarrados enfrente. Después la Cyrus se pone su chaqueta de lobo y empieza con “Can’t be tamed”, la que le dio el look de rompimiento con Hannah Montana, el personaje que interpretó por cuatro años durante su adolescencia. De hecho, toda la actitud extravagante de Miley parece un rompimiento continuo con ese personaje candoroso, como si quisiera extirparlo. En “Adore you” pide sacar las lenguas. La gorda enorme despliega unas alas tornasoladas con una Miley desentonadísima. Algunos, tomados por la cámara, obedecen y se besan. Unos batos siguen la rola como si se les fuera la vida en ello: el sentimiento aflora en la garganta, se despliega en la cara tensa y el puño cerrado. Miley se abraza de la bailarina.

Más tarde, su desangelado cover de “Lucy in the Sky with diamonds”, de The Beatles. Pero en el de “I still care you” se luce: ¿por qué Miley no se dedica a este género para el que su voz se pinta sola? En tanto, de allá abajo extirpan a una chiquilla. “Ésta es sólo para ustedes, nunca la había tocado, es la primera canción que interpreté sobre el escenario cuando era una pinche bebé”: “Hound dog”, de Elvis Presley. Aunque su voz no es para esto, le pone enjundia: bailecito horizontal, con lengua de fuera, pasos laterales, pasito de twist. Gracias. Fondo negro.

En “23” no hubo nada parecido a lo de Monterrey. Pero Miley y sus bailarinas sí usaron los enormes traseros prostáticos a la Nicki Minaj. Acá lo más extravagante: sus bailarines simulan darle por detrás. Video: sexi Miley cubierta con cinta negra, torso desnudo, bocabajo, mallas caladas, pintura negra sobre pecho desnudo, hartas expresiones faciales, luego, reaparecen los animales a tamaño real.

Miley sale en un leotardo colorido, con varias trencitas falsas surgidas de dos coletas altas. Es un decir, son como hules coloridos. Listones colgando de los brazos. Se quitó los zapatitos blancos. Se va con el chango rosado. Fue “On my own”. Aparecen los jochos y Miley no vuela. Qué decepción. Una imagen: representa quién fui, quién soy y quién seré. Más o menos. Desnuda, pero cubierta con frutas. “We can’t stop”. Presentada con una diatriba en favor de la felicidad. Hay gritos, bastantes, pero la voz de Miley es la que domina. Como si nadie se tomara la molestia de aprenderse sus canciones. Porque todos gritan y celebran sus diálogos.

Suenan los acordes y ella cierra los ojos. Y otra vez su voz nasal. “Wrecking ball”. Y en su canción más famosa aparecen en su rostro esas expresiones de la candorosa Hannah. Sale. Es obvio que no ha acabado. No hay gritos de Miley, Miley, sólo pura expectación. Regresa. Juego de dos piezas: arriba, las estrellas, abajo las barras. El cuerpo de ballet en barras y ondeando banderas de México. “Party in the USA”. Y lleva botas. Hay un arco iris a mitad del escenario, como esa potente imagen que nos regaló el atardecer chilango. Lluvia de papeles de color alusivo a la fiesta en USA. Gracias México, dice haciéndose la chistosa con sus dientes postizos. La gorda enorme la saca en brazos. 

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