Lana del Rey estremeció a sus seguidores

Así estuvo el concierto de la neoyorquina en el Auditorio Nacional

VÍAOmar Luna
Foto: Lulú Urdapilleta

A cuentagotas pero con perfecta ejecución musical, Lana del Rey volvió a la Ciudad de México para hipnotizar a dicha feligresía que enloquece hasta con la más mínima mueca de la autora de “Young and beautiful”, que por cierto fue la gran ausente de un setlist restringido por una hora y quince minutos de espectáculo en el Auditorio Nacional.

Ante el ensordecedor rugido del recinto de Paseo de la Reforma y para mantenerse ad hoc, Lana del Rey incursionó con blue jeans (aunque en shorts) y white shirt. La neoyorkina hizo estremecer al público mexicano una vez más; su sola presencia ante los primeros acordes de la guitarra fue motivo de locura con el inicio de “Cruel world”.

El rostro agraciado y las torneadas piernas fueron sólo el preludio de una muestra celestial en el escenario. Movimientos parsimoniosos -pero con un alto grado de sensualidad- se conjuntaron con los golpes en los thumbs de aire, además de sintetizadores discretos que permearon un ambiente que se pudiera definir simplemente como “estético”. “Cola”, “Electric” y “West coast” también fueron coreadas por diez mil gargantas en ebullición.

Con la mirada perdida entre la multitud pero tan profunda que hechiza, Elizabeth Woolridge Grant realizó lo que mejor sabe hacer: compenetrarse con sus fervientes seguidores. La cantautora se acercó hacia donde decenas de manos eludieron la seguridad del lugar para solicitar desesperadas la rúbrica del recuerdo o al menos el ligero roce de la mano de su ídolo. Una pausa y “Born to die” regresó la adrenalina al tope, todo seguido de “Ultraviolence”; “I feel so lucky” fue la frase que emitió Lana del Rey ante la ovación de los mexicanos luego de esbozar una ligera sonrisa.

“Carmen” desató la libido entre los presentes, quienes se dejaron llevar por las seis cuerdas que acompañaban las escalas de piano al ritmo vocal de la estadounidense de 29 años. A comparación de hace un año en el Pepsi Center, ahora no existió repartición de besos para los asistentes durante esta melodía, lo cual decepcionó a más de uno.

Un ventilador hizo volar su cabellera mientras entonó “Summertime sadness”, “Million dollar man” y “Ride” para complacer los tímpanos chilangos. Alguien le regaló una corona de flores para complementar el look que presumía con una gran rosa blanca sobre su oreja derecha, todo ello mientras “Videogames” transportaba a todos en un viaje onírico por medio de las armonías del chelo.

Una de las hijas más orgullosas de los Estados Unidos -lo demuestra en cada una de sus audiovisuales con la presencia del lábaro de las barras y las estrellas– anunció que al otro día tendría un concierto más y por ello se despediría con “National Anthem” apenas pasados los setenta minutos de concierto. El Auditorio confió en que regresaría por lo menos a entonar “Young and beautiful”, pero no fue así; las luces se encendieron y la princesa del “dream pop” dejó un sabor amargo de ansiedad entre el público.

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