Klaxons, despedida con bailes chilangos

La crónica del concierto de la banda en el Lunario

Emmanuel Gutiérrez

Hubo un grupo que se aventuró a mezclar rock-electrónica-punk en un solo disco en 2007, un Mercury Music Prize fue el pago por su talento con el disco “Miths Of The Near Future” y su fama se esparció en poco tiempo.

Klaxons fue una grata revelación hace ocho años, era un sonido fresco, puro, y poseían la magia en el escenario que hacía mover los pies a miles de personas.

De pronto, la pasión se agotó, un día se levantaron y decidieron hacer una última gira para después emprender proyectos personales y otros, no sabían realmente la necesidad de seprarse, pero sabían que es tiempo de despedirse unos de otros.

Tal vez sea porque James Righton, vocalista del grupo, está próximo a convertirse en padre junto con su esposa, la actriz británica Keira Knightley.

México fue elegido como una de las paradas obligadas de la banda, tenían que despedirse de sus fans chilangos en un lugar íntimo. El Lunario del Auditorio les contagió comodidad, “Atlantis To Interzone”, “Graviti’s Rainbow” y “There’s No Other Time” consiguieron su objetivo: Nadie se mantuvo quieto.

Simon Taylor-Davis de pronto parece inspirarse en Johnny Greenwood, aunque no posee la virtuosidad del miembro de Radiohead, el entusiasmo es el mismo en la tarima.

“Estamos muy felices de tocar aquí, esta canción esta dedicada para ustedes”, mientras sonaba “Golden Skans” y las chicas lanzaron tremendo alarido, capaz de dejar sordo a cualquier ser vivo que estuviera a su lado.

El cuarteto inglés logró desbordar pasión, a pesar del pequeño espacio del lugar, un par de chicas pidieron a sus amados que las cargaran en hombros. “Magick”, “Echoes” y “Atom to Atom” mientras una de ellas quería quitarse la playera, un guardia de seguridad la detuvo.

Dijeron adiós, fue una sesión no tan breve. Hora y media de sonidos altamente bailables, y aseguraron que darían mucho más en la segunda fecha que tienen pactada un día después del Día de San Judas.