Un viaje a ninguna parte

Foto: Lulú Urdapilleta

Las canciones de Enrique Bunbury fueron hechas para ser cantadas a todo pulmón y así lo comprobamos más de 15 mil almas en la noche de ayer. En medio de un show lleno de canciones de nostalgia, historias de cantinas y una que otra para los enamorados, Bunbury demostró por qué puede darse el lujo de abrir tres fechas en el Palacio de los Deportes y convertirlas en experiencias inolvidables.

Una noche que lentamente nos condujo a un viaje a ninguna parte. Como en medio de un desfile de locura, la noche se ignauguró con “El mar, el cielo y tú”, que sirvió como antesala para invitar a los visitantes a una atmósfera única.

La impresionante voz del español, alcanzó todos los rincones del gigante de cobre, cuando entonó “Llévame”. La reacción del público fue mágica, como si todos fueran devotos y Bunbury el maestro. 

No hubo una sola canción que quedara solitaria, todas estuvieron acompañadas por las voces de los chilangos que lo dejaron todo esa noche. 

Enrique, por su parte, se entregó al público como ya es costumbre. Las letras de sus canciones, lograron despertar las pasiones de los ahí presentes y el sentimiento que Enrique imprimió en cada verso logró que a más de uno se le pusiera “chinita” la piel.

La gran sorpresae nos la llevamos todos cuando Ely Guerra apareció en el escenario y cantó junto con el Licenciado Cantinas,  “San Cosme y San Damián”. 

Sin duda fue la primera de una serie de noches en las que Enrique Bunbury ganará el corazón de quienes pisen el Palacio de los Deportes y no habrá lugar para indiferentes.