Día 1. Viernes

Metro Balderas (así o más lleno)
Jay Z, plato principal del primer día convocó a decenas de miles de entusiastas -blancos- del hip-hop. Al parecer el rapero está mucho más caliente en su país que lo que nos llega a México. Con un show alucinante, acompañado de una banda y MCs invitados, el neoyorkino volvió loca a la multitud que lo aclamaba, como un nuevo dios del Hip Hop. Además, sacó a su esposa al escenario, para cantar una cancioncita. El público enloqueció, al final, son los Brangelina del rap. Por eso fue headliner.

El oso
La organización. Cambiaron el flujo de entrada y salida de personas, zonas de acampar y estacionamiento. La entrada y la salida fueron un tremendo caos. Tres horas en línea para entrar… al estacionamiento. Luego, otra horita bajo el sol para que te pusieran la pulsera. Vaya, nos quejamos de lo que sucede en los festivales en México, pero nos llevamos una lección: en todos los eventos masivos hay problemas de logística. Mal por Goldenvoice, pero bien por su capacidad de reacción. El caos sólo ocurrió ese día.

Mejor look
Deadmau5. Si Daft Punk redefinió los shows en vivo, este Dj cerró la carpa con lecciones de visuales para todos. Joesl Thomas Zimermann (alias Deadmau5, pronunciado Dead Mouse) portó durante casi todo su set (de más de hora y media) un casco con forma de ratón, hecho con LEDs que cambian de colores y formas. Este hacía par a el podio en donde estaba parado y al mismo tiempo, a todas las pantallas y back que tenía en la Sahara Tent. Sobra decir que nos voló la cabeza a todos.

El reven
Definitivamente la fiesta se la llevó LCD Soundsystem. No sólo por la fiestita personal de James Murphy que se tomó dos botellas de champaña en el escenario mientras saludaba a todos sus amigos sino por lo que provocó en el Coachella Stage. Miles de personas bailaron al son de sus músicos y una bola disco gigantesca a la mitad del montaje de luces. Impecables, los músicos interpretaron canciones rockeras para bailar, y bailables para los rockeros.

Lo sobrevaluado
Vampire Weekend. Estos tipos hacen discos que encantan a la juventud, sin embargo les faltan unas clasecitas de ejecución en vivo. Pese a todo, su presentación en el Outdoor Stage estuvo retacada de muchachos indies y ravers rockeros.

La banda descubrimiento
Hockey. Dieron prueba de que era una de las bandas nuevas que simplemente tenía que estar en Coachella. Los originarios de Portland tienen únicamente un disco editado el año pasado. Aun así, se van haciendo de fans alrededor de la unión americana y no dudamos ni tantito que esta fiebre se siga hasta nuestro país. Enorme.

La banda que todos esperaban
No fueron los legendarios Specials, tampoco Echo and the Bunnymen. Bienvenidos a la década de los dieces (¿así se dice?) en donde se empiezan a formar los nuevos ídolos para otra generación. En este caso fue Passion Pit, el combo de electropop que apenas con un disco se echó a la bolsa tanto al público como a la crtítica. La gente se desbordaba, se desvivía bailando ante canciones como “Little Secrets” en el Outdoor Theater justo al atardecer. Momentazo, ver a tantos chavillos bailando con el sol pegando en sus lozanos rostsros… ah, la juventud.

La decepción
La noticia de la cancelación de varios actos a lo largo del festival a causa de la erupción del volcán Eyjafjallajökull (a ver, díganlo cinco veces seguidas) y la nube de ceniza que impidió los vuelos de Europa. Los fans de The Cribs, Bad Lieutenant, Gary Numan, Hypnotic Brass Ensemble, Mew y Delphic se quedaron con las ganas de ver a sus bandas. Ni modo, el festival no se hace responsable por fallas causadas por fenómenos naturales.

Momento Coachella
Gil Scott-Heron, el llamado padrino del Hip Hop detrás de su piano, cantando poesía, recitando canciones en contra de la guerra, la soledad y la guerra contra la soledad. Todo, mientras caía el sol en la carpa más pequeña del festival. Un momento íntimo, para el recuerdo.

Lo mejor
Ver a tres creadores de tres géneros distintos en una misma tarima. Sí, hablo de Them Crooked Vultures y la forma en la que están redefiniendo el rock. Jamás había visto tanta potencia en una banda, Dave Grohl en la batería, John Paul Jones en el bajo y otros instrumentos y el local Josh Homme cantando y en la guitarra. Un show austero, pero alucinante de luces y las bocinas del escenario principal cayéndose a pedazos. Esta superbanda nos voló los sesos y dejó en claro que sí puedes tener un “super” en una banda. Petición multitudinaria para que vengan a nuestra ciudad. Por favor.