El sonido de los Crocodiles

Hablan de su tercer álbum y su visita al DF

Especial

Crocodiles es una banda californiana de indie pop, formada en el 2008 por Brandon Welchez y Charlie Rowell, tras la ruptura de Some Girls y The Plot to Blow Up the Eiffel Tower.  Son conocidos por sus discos Summer of Hate, y Sleep Forever, que llamaron la atención por tener letras pegajosas y por su gran habilidad para lograr un ambiente lo-fi. Actualmente están presentando Endless Flowers, su tercer álbum. Nos lanzamos a platicar con ellos, quienes con una actitud simpática pero muy de rockstar nos contaron cómo fue la grabación de esta producción, y qué tal estuvo su reciente visita a México. 

Trabajar en este material fue muy diferente a su método en las producciones anteriores. Esas las habían grabado Brandon y Charlie solos, sin ayuda de otros músicos. Para Endless Flowers, decidieron grabar con la banda con la que tocan en sus conciertos. “Fue casi como si estuviéramos en vivo. Además los de la banda son nuestros amigos, así que el ambiente era muy divertido. También tuvimos la ventaja de ya no tener que grabar todo por partes, como hacemos normalmente”, nos contó Brandon. El resultado fue un material alegre y colorido, pero muy alejado de lo cursi. Y probablemente, eso es lo que los distingue de otras bandas de la escena independiente. “Hay algunas buenas bandas, pero hay muchas que en lo personal siento muy cursis, y eso es parte de lo que hace que no logren despegar, en mi opinión”, comenta Welchez. Para ellos, Endless Flowers logró un sonido “desnudo, colorido, y mejor. Nos inspiramos en la música norteña, como Los Tucanes, y Los Tigres del Norte y esa clase de cosas. Pero también nos basamos en David Bowie. Queríamos hacer un David Bowie norteño. Somos muy creativos” dice Rowell. Sabemos que aquello de las norteñas no es cierto. Pero hay que reconocer que lo mexicano siempre será parte de sus vidas. “Al crecer en un lugar fronterizo, tenemos muy arraigada la cultura mexicana”.

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Lo que conocen de la ciudad es muy poco. En visitas anteriores conocieron la casa de Diego Rivera, y en esta última ocasión visitaron las pirámides de Teotihuacán y varios lugares de la colonia Roma. Sin embargo, siguen sin encontrar “un sitio en el que podamos bailar y encuerarnos, una onda como para relajarnos después de nuestros shows”. Mientras encuentran ese lugar, se conforman con sus fans. Les gustan mucho los públicos mexicanos, y se sienten muy agradecidos de haber sido invitados a participar en el Festival Marvin. “Creemos que los festivales son muy convenientes para los amantes de la música, porque pueden escuchar a muchas bandas de distintos géneros a un precio muy accesible. Además, a nosotros como músicos nos conviene porque en los festivales te pagan más, y sí, amamos la música y todo, pero somos humanos y con algo tenemos que pagar las cuentas y comprar comida”. 

A pesar de esa visión que puede sonar materialista, siguen disfrutando lo que hacen. Se saben afortunados y poseedores de una vida a la que muchos aspiran, pero que no cualquiera logra obtener. “La gente normal tiene muy pocas oportunidades de viajar, incluso muchos de nuestros amigos músicos han tenido pocas oportunidades de hacerlo; si han venido una vez a México les fue bien. Nosotros ya llevamos dos, entonces creemos que somos muy afortunados. Estas oportunidades nos han llenado de recuerdos y experiencias muy buenos”. Uno de estos recuerdos fue en México. “En el 2009 tocamos en el Salón Caribe, y llegaron como 20 chicos a regalarnos marihuana. Fue muy loco. Recuerdo que había una mujer con una carriola y nos pidió que le autografíaramos la frente a su bebé. Esas firmas se las acabó tatuando al niño”, comenta Welchez. Sabemos que esa última parte tampoco fue cierta. 

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