PRIMERA Y SEGUNDA LLAMADAS

El Señor Viento

Marqué al celular de Bejarano la primera semana de abril.
—Profesor, soy Mael Vallejo, de la revista Chilango. Estoy haciendo un reportaje sobre usted, me gustaría entrevistarlo.
—¿Este es tu celular? Estoy ocupado, te marco mañana.
No marcó.
Una semana después, volví a buscarlo. Después de seis tonos, la llamada se direccionó a su oficina.
—Oficina y celular del profesor Bejarano.
—Buenas tardes, le hice al profesor una petición de entrevista.
—Le doy tu mensaje al profesor y él te llama. Dame tus datos.

40 CIUDADES

Desde hace cuatro años, Bejarano viaja sin pausa por el país ampliando sus redes populares, reclutando políticos y líderes. En 2009 ha visitado 40 ciudades, entre ellas Oaxaca, Puebla, Pachuca, Mérida, Morelia y Acapulco. Negocia con gente del PRD y el PRI. De marzo a mayo asistió a 11 estados para crear sedes del MNE. Y se prevé que en noviembre todos los estados tengan una oficina. Su siguiente misión es crear sedes en todos los municipios de cada entidad. En Hidalgo, Chiapas y Puebla está cerca.
Bejarano y el MNE se sostienen con el dinero de sus simpatizantes. Aportan más quienes ocupan puestos públicos, como Vargas Anaya, legislador y esposo de la secretaria de Desarrollo Económico del DF Laura Velázquez. «Hay gastos de papelería, boletos de avión para nuestros representantes y el profesor. Los diputados de IDN aportamos mucho: he dado hasta 40 mil pesos: el 50% de mi sueldo.»
Bejarano viaja con un par de miembros de su corriente que conozcan a los líderes del MNE de los sitios que visita. Vuela en Click y hace sus reuniones en restaurantes de hoteles. Así, limita casi a cero su exposición pública. Aunque Dolores no va con él, casi nunca duerme fuera de casa, a la que vuelve la noche del día que partió.
Las oficinas estatales de Bejarano están obligadas a autofinanciarse. Por ejemplo, el diputado local Humberto Morgan —ex líder de la banda Los Panchitos—, jefe bejaranista en Aguascalientes, admite que paga de su bolsillo, o con lo que recauda, la renta del local, traslados, teléfono y actividades. «Voy subsanando los gastos», dice.
Estados Unidos es el nuevo campo de acción bejaranista. En abril visitó San Antonio y creó el Movimiento Binacional por la Esperanza con migrantes de Illinois, Nueva York, California, Colorado y Texas. Sus aliados son líderes de grupos pro amnistía de indocumentados, como David Miranda, de Texas, y Jorge Mujica, de Illinois. Bejarano les prometió intervenir ante el gobierno de Estados Unidos usando la fuerza del PRD.

HIJOS DEL TERREMOTO

Bejarano y Ebrard se han tratado desde hace 25 años. Deben mucho de lo que son al temblor de 85. Bajo la tutela de Manuel Camacho, Ebrard trabajó en la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología, encargada del plan Renovación Habitacional Popular, cuyo fin era reconstruir el DF. Bejarano —entonces militante del Partido de la Revolución Socialista— dirigía la Coordinadora Única de Damnificados. Marcelo debía negociar con él pues el profesor normalista aglutinaba a 15 mil personas. Bejarano gestionaba ante el gobierno apoyos para la construcción y la compra de viviendas, y con su criterio repartía el dinero que Ebrard le otorgaba.
Desde que en 2005 Marcelo se erigió precandidato al GDF, lo acompañó la masa bejaranista. Y al ganar, la IDN pasó por su cheque: diez de las 29 plazas del equipo de transición de Gobierno fueron bejaranistas, y luego tres puestos del gabinete: María Rosa Márquez, Laura Velázquez y Hegel Cortés en las secretarías de Desarrollo Rural y Económico, y la Dirección del Registro Civil. Los diputados afines a Bejarano han tomado la tribuna de la Asamblea para que no se aprueben leyes adversas a Ebrard.
Pero la relación entre ambos está herida desde las elecciones internas. Marcelo quiso meter a su gente a la planilla bejaranista. Logró que Clara Brugada fuera la candidata a delegada en Iztapalapa, pero el profesor rechazó ebrardistas como la consejera jurídica del GDF Leticia Bonifaz o Adrián Michel, secretario particular del jefe de gobierno.

«Si (Ebrard) cree que va a usarnos sólo para tener más influencia y nosotros quedarnos sin ella, está muy mal. Quienes lo hicimos ganar fuimos nosotros, quienes lo podemos joder somos nosotros», dijo Padierna en enero pasado en el salón Covadonga de la Roma, durante una reunión de IDN de la que Chilango obtuvo información.
Ebrard quedó molesto con IDN. «Me habrían gustado quizá otras cosas (candidatos) en varias delegaciones», reconoció ante Ciro Gómez Leyva, de Radio Fórmula.  
Por eso, ha ordenado a su secretario de Protección Civil, Elías Moreno Brizuela —líder de su corriente Izquierda en Movimiento—, trabajar con las bases sociales y dentro del PRD para depender menos de Bejarano. Pese a ello, Ebrard y el profesor se comunican mediante su esposa, los diputados Agustín Guerrero y Alejandro Sánchez Camacho. Además, dos veces al mes el jefe de gobierno se reúne en el Palacio del Ayuntamiento con los diputados bejaranistas.

NOS AMENAZAN
Busco el área de la delegación Benito Juárez en un atestado Salón Ícaro. Ocupan una mesa ocho personas. Hay cinco hombres de jeans y tenis, y tres mujeres maquilladas y peinadas con esmero. De entre 20 y 35 años, todos son miembros del PRD. Intento sentarme en una silla con una bolsa.
—Está ocupada —me dice alguien.
—Acabo de integrarme al movimiento, soy de su misma delegación.
Las miradas son de escepticismo. Me clavan los ojos desconcertados.
Una chica quita la bolsa. Me siento.
Prosiguen su charla: «La bronca es cómo decirle a Manuel que no meta mano; no se va a poder», dice Héctor, un flaco de melena.
—Pero si tú eres del grupo de Manuel.
—Nooo, responde.
—Ay, sí, sí, no te hagas —dice una joven.
—¿Cuál Manuel? —pregunto.
Nadie responde. Se hace un silencio que rompo con otra pregunta: «¿Uno de ustedes es el dirigente en Benito Juárez?»
—No y no va a llegar —dice uno de ellos.
Llega la chava que ocupaba el asiento. Morena y de pelo rubio. Me presentan y se queda de pie atrás mío. «A ella se lo estábamos apartando», oigo. Creo que debo ponerme de pie. Lo hago y quedo junto a la mesa.
Al final del evento, les pido un teléfono, la manera de contactar a mi dirigente. «Él te llama», dice Héctor.
Afuera del salón, me acerco, como reportero, a dos miembros de la “tropa” bejaranista de Cuauhtémoc y Tlalpan. Les pido me expliquen el mecanismo de “acarreo”.
—Los funcionarios de la delegación nos avisan dónde son los eventos —responde el de Cuauhtémoc—. Debes ir pues los funcionarios pasan lista media hora antes. Si faltamos a dos eventos en un mes nos amenazan. Yo tengo dos puestos de ropa en el Mercado del Oro (frente a la fuente de La Cibeles) y si no voy me dicen que me los van a quitar, porque ellos dan los permisos.

—Es obligatorio asistir —añade el de Tlalpan—. Los líderes de la delegación, los mercados o de tu grupo te están checando, e insisten e insisten. Uno escucha discursos que ni son para nosotros: es pura grilla de los de arriba. Igual te vas ganando un lugar si ven que eres leal. Al final te sirve, al menos para no tener broncas.

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