¿PERO YA NOS QUIEREN?

Con odio jarocho, regio, yuca...

«Los chilangos son distintos a la gente de los estados: son más despiertos, más vivos, más vividos, también», dijo Jorge Vergara, dueño de las Chivas de Guadalajara. El prominente empresario fue mesurado al responder por teléfono: «El antichilanguismo en Guadalajara ha ido disminuyendo mucho, empezando porque aquí cada vez está más invadidos de chilangos. La única rivalidad que yo tengo en el DF es con el América y es una rivalidad deportiva.» 

Coincide Diego Petersen, director del periódico Público Milenio, en Guadalajara: «La chilangués no es un lugar de origen, sino un estado de ánimo. De hecho los tapatíos y los regios muchas veces amanecemos muy chilangos. El tapatío ya no es el provinciano que era antes, aquel provinciano de abolengo…cada vez somos más parecidos ellos y nosotros.» 

El propio vocablo “chilango” «ya no es una ofensa —asegura José Manuel Valenzuela— y esto se debe a la apropiación que han echo los propios chilangos sobre el término.» 

Pero no todos están de acuerdo. Para el sociólogo Miguel Manrique, del Colegio de Sonora, el antichilanguismo «está latente…y en el peor de los casos esa latencia se espesa.» 

En el Rincón Literario de carmenenlinea.com, está “El Chilango”: «Si vamos a la playa, él es un “guardián de la bahía”. Se mete al mar como si hubiera vivido en la costa toda su vida. Por eso se mueren tantos chilangos en el mar, piensan que porque aprendieron a nadar de dorso, mariposa y libre en la alberca olímpica, ya ningún “charquito” los puede detener.» 

«Suficiencia. Eso es lo que caracteriza la personalidad de los chilangos», dice Jesús Blancornelas, director general del semanario Zeta, en Tijuana. «Resaltan manifestando la inferioridad de quienes lo rodean. Una acción muy peculiar: estacionar su auto sobre la banqueta o un reportero que llega y al día siguiente está dando ordenes.» 

Hace apenas dos meses, Aureliano López fue a visitar Uriangato, Guanajuato, su pueblo natal. Iba a bordo de un auto con placas del DF, Dejó el coche estacionado 15 minutos para comprar una camiseta y de regreso encontró un rayonzote de corcholata o algún  otro fiero. Imposible saber si fue un acto de antichilanguismo o para mala suerte. ¿Sabernos chilangos sirve para justificar cualquier acto de vandalismo gratuito? 

 

LO CHILANGO SE PEGA 

La última vez que estuve en Chihuahua fue en diciembre. Nunca pensé que extrañaría el acelere, los tumultos y el caos del DF, pero en esos 15 días en mi ciudad, la verdad es que me aburrí y hasta reproché la inacción continua. Menté madres a los conductores por manejar tan lento, presumí con cierto orgullo que acá a cualquier hora hay mucho más que hacer, y casi hasta llego a pedir mi arroz con un huevo estrellado. 

No debería estar haciendo estas confesiones, porque si hay algo que no me cae nada en gracia, es que en mi propia tierra me digan chilango.