Miedo a las personas (que hablan demasiado)

Ñaca, ñaca

¿Por qué nos da miedo?
Porque parece que no se callarán nunca. Que una persona hable de sí misma todo, pero todo, pero todo el tiempo te pone los pelos de punta. Sobre todo si a eso le agregas una dosis perene de quejas y regaños.

Sería peor sí:
La persona no se calla nunca tiene voz de pito, agudita y sumamente lacerante para los oídos.

Para enfrentarla:
Como taparte los oídos puede parecer un gesto demasiado agresivo (y el derecho a la libre expresión es de todos) te recomendamos aplicar la técnica del avionazo: haz como que escuchas mientras resuelves en tu cabeza un difícil problema matématico. Si las molestias persisten ¡corre!