Marvin y Quetzal Parte 1

Ese 12 de septiembre, el empresario Arturo Mizrahi recibió una llamada hacia las 4 pm: su alumno de yoga había caído de más de 10 metros. Tomó su camioneta, entró al inmueble de la colonia Juárez y se acercó al cuerpo. Tenía los ojos abiertos. «Le toqué el pulso -dice-: no estaba vivo.»
La caída se explica así: o él se tiró desde su balcón en el cuarto piso -cuya barda mide 1.70 m- o cayó desde la azotea por propia voluntad o por accidente. Lo cierto fue que un día después, en la austera funeraria del IMSS en la Doctores, Quetzalcóatl Rangel, un genio de la moda de sólo 23 años, estaba siendo velado.