Manual de etiqueta para roommates

Reglas básicas de supervivencia

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Es una realidad: la mayoría de los chilangos en algún momento de sus vida debe enfrentarse al hecho de dejar el nido y abrir las alas hacía la independencia, pero seamos sinceros, la vida allá afuera es carísima y tenemos que buscar la manera de ahorrarle.

La solución: compartir casa.

Pero el tema de los roommates es delicado. Compartir tiempo, espacio y dinero con un familiar, amigo, compañero o un total desconocido; puede generar muchos conflictos.

Pero no te preocupes, no tiene porque ser un caos. Te preparamos un protocolo para que la convivencia pueda ser armoniosa y en paz.

  1. Encuentra un buen compañero de casa. No te vayas con el primero que se te presente y no siempre vivir con tu mejor amigo es la mejor opción (la convivencia diaria puede arruinar las mejores amistades). Checa que se trate de una persona responsable, que no odies ver todos los días y que sean compatibles.
  2. Asegúrate que tenga suficiente dinero para cubrir la renta. No se trata de que le hagas al fisco, pero la idea de tener un compañero de casa es que los gastos se aligeren, no que termines poniendo de más.
  3. Se puntual con los pagos. Es horrible andar limosneando para que te pasen lo de la renta, el gas o el cable.
  4. Respeta los horarios. Nada de tardarse tres horas en el baño o acaparar el horno de microondas. 
  5. Respeta el espacio personal. Si cada uno tiene su habitación, debes pedir permiso para entrar a la de tu roommate. Si se llevan muy bien como para saltarse ese paso, no te pases de listo y respeta sus cosas.
  6. Si tomas algo, regrésalo a su lugar. Es muy molesto que el teléfono suene y no lo encuentres porque el que lo uso antes, no lo dejo donde debe.
  7. Recoge la cocina después de usarla. Esto incluye lavar los utensilios, limpiar la estufa y levantar la mesa. Nada peor que la montaña de trastes sucios, ¡guácala!
  8. Limpia el baño: no dejes tus calzones colgando en la regadera, pelos en la coladera, tollas mojadas o la pasta regada. Y no olvides que si andas malito de tu panza, dejar la ventana abierta para que los olores se vayan… ufff.
  9. Compra tus propias cosas. Todos odiamos a los mantenidos.
  10. Repartan las tareas de limpieza. Recuerda que ya no vives con tus papás y nadie va a estar ahí para recoger tu desorden.
  11. Verifica que a tu compañero no le molesta si fumas o usas alguna otra sustancia para tu recreación.
  12. Decidan entre los dos la decoración de las áreas comunes. No tienes que tolerar tener una cabeza de venado a la mitad de tu sala o un baño con colores pastel. 
  13. Tolera sus gustos. Si, es posible que vivas con una fanática de las telenovelas o con un adicto al heavy metal. Pero ¿adivina qué? la convivencia es tolerancia, así que intenta aguantar, por lo menos hasta que estés al borde de un ataque.
  14. Se consciente que las paredes pueden ser delgadas y tu compañero de a lado no tiene porque escuchar tus faenas de media noche (aunque en una de esas, las disfruta).
  15. No se vale hacer reuniones y fiestas sin consultar al otro… menos sin invitarlo.
  16. Prohibidísimo robar el alcohol ajeno.
  17. Si tienes gustos o hobbies singulares como cultivar hongos, tocar el clarinete o practicar yoga desnudo. Consúltalo antes y procura no molestar.
  18. En caso de tener una mascota y es sólo tuya, debes hacerte responsable de alimentarla, asearla, sacarla a pasear y limpiar su desorden.
  19. Resurte lo que se termina, desde el papel de baño (evita sorpresitas) hasta el aceite para cocinar. Repetimos: ya no vives con tu madre.
  20. No roomies extra. Que tu galán o galana no se convierta en ese tercer habitante que no paga renta pero que se termina las galletas. Es valido que se quede de vez en cuando, pero que no se vuelva una incomoda costumbre.

¿Cómo ha sido tu experiencia con roomies?