Los festivales japoneses más exóticos

Para cuando vayas a turistear

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Japón es un país con muchas tradiciones, unas con cientos de años, pero si tú no eres exactamente fan de ese tipo de celebraciones y en tus próximas vacaciones vas a ir a este país por un buen rato, checa estos festivales exóticos en los que difícilmente te vas aburrir.

Bebés llorones

Este festival anual de la región de Nakizumo se hace en primavera, dentro del templo Sensoji. Tal cual lo dice su nombre, es una competencia para ver qué bebé llora primero y después para ver cuál llora más fuerte. El papá de cada pequeño lo sostiene frente a un arbitro, que a veces los espanta para provocarlos. Su primera edición se hizo en 1991 y participan 100 bebitos. La razón de todo esto es el dicho de aquellas tierras que dice “los bebés llorones crecen“, así que de alguna extraña manera se está procurando la salud de los niños.

Heso matsuri

A finales de julio, la región de Furano, Hokkaido, hace homenaje a esa cicatriz que nos queda de por vida en el centro de nuestro ser. El Festival del ombligo se hace desde 1969 y se originó para unir a la gente de esta región, que estaba medio dispersa, y si en su primera edición apenas y juntó a once individuos, ahora reúne a más de 5,000 personas. Lo que se hace es pintar una cara en el torso y esconden su cabeza dentro de un sombrero enorme (se ven muy graciosos) y el acto principal es el baile del ombligo, aunque también hay una carrera de bebés gateando y una competencia de partir sandía.

Kanamara Matsuri

Desde 1977 se realiza el Festival del falo de metal de Kawasaki, lugar en donde celebran la fertilidad el primer domingo de abril. La gente decora con hartos penes y te los puedes topar de frente en dulces, decoraciones, disfraces y más. Cuenta la leyenda que el origen se debe a que un demonio dientudo habitaba en el fondo de la vagina de una mujer joven de la que estaba enamorado, pero tras castrar a dos desafortunados en sus noches de boda, ella le pidió ayuda a un herrero y éste le hizo un pene de metal para romper los dientes del demonio y por eso el nombre de esta fiesta (y tú creías que los dildos eran algo nuevo). El dinero que se recauda es destinado a la investigación del VIH.

Takeuchi Matsuri

Si buscas algo con un poco más de adrenalina, checa esto: cada 15 de febrero, la gente del pueblo de Rokugo, Misato, se divide en un equipo del Norte y otro del Sur y se enfrentan en tres rondas en un campo abierto. ¿Cómo?, pues pegándose con varas de bambú de seis metros, así que seguramente saldrás con moretones, raspones y demás heridas.

Lo feo es cuando se rompen las varas y quedan puntas peligrosas, y si eso no te parece lo suficientemente peligroso, olvidé mencionar que entre una ronda y la otra los participantes toman sake, así que para la tercera ronda suelen prenderse los ánimos y hasta acaban a golpes. Por cierto, si gana el Norte, el próximo año habrá una buena cosecha de arroz.

Onbashira Festival

Si el Takeuchi matsuri te pareció extremo, no es nada comparado con uno de los eventos más peligrosos de Japón. Esta tradición se hace desde hace más de 1,200 años y se realiza cada seis años (en el año del mono y del tigre), entre abril y mayo en la ciudad de Suwa, Nagano.

Los participantes cortan árboles largos y después montan los troncos de hasta 3,000 kilogramos en una cuesta de varios metros. Tanto los participantes como los espectadores pueden terminar con heridas graves, hospitalizados por fracturas vertebrales e incluso hay casos de personas que han muerto.

¿A cuál te dan ganas de ir?

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