Dulces que amamos en nuestra infancia

Nuestras muelas tapadas los recuerdan mejor

Las caries que nos provocaron

Si eres un chilango que tuvo su infancia y pubertad durante los 80 y 90, seguro eras de esos escuincles que se atascaban de dulces a la salida de la escuela. Había de todo, desde aquéllos que eran un pase directo al coma diabético por su exceso de azúcar, hasta los picosos que ni sabemos por qué les decían dulces. 

Si bien hoy los chavitos tienen una gran variedad de golosinas a su alcance, en aquellos años la oferta de estos suculentos manjares no se quedaba atrás y muchos de ellos forman parte de nuestros recuerdos de cuando estábamos escuincles. 

Aquí te damos un recuento de aquellas golosinas, a ver de cuáles te acuerdas y cuál era la que te latía más: 

Los Motitas

A mediados de los 80 aparecieron estos chicles que fueron los consentidos de todos los niños. Un chicle larguito que se distinguía por su envoltura con la cara caricaturizada de un leopardo (de ahí el nombre de Motitas, por las motas del leopardo). 

Había de tutti-frutti, uva, plátano y demás sabores y sabían muy chido, pues el sabor no se iba tan rápido. Además todos los niños los amábamos porque con ellos podías hacer bombas (o eso prometía el comercial que decía: “Es muy sencillo, basta un soplido y de tu boca una bomba grande, grande surgirá”). ¡Muy buenos chicles! 

Los Piedrulces

Unos dulces pequeñitos multicolores que tomaban su nombre gracias a que en su empaque, una cajita pequeña, tenía a los personajes de Los Picapiedra. Fue a inicios de los 80 cuando estos dulces aparecieron, aprovechando el furor que existía en los chavitos por los personajes de Hanna-Barbera. 

Eran de los pocos dulces que conjugaban el sabor con la imaginación, pues los chavitos de ahí se agarraban para jugar a los Picapiedra o mínimo imaginar que esos eran los dulces que se comían en la época de las cavernas. 

Palelocas

¡Dos paletas en un palito! Mejor oferta para cualquier chavito no existía, pues quién en su sano juicio iba a decir no a disfrutar de dos dulces en uno. Las mezclas eran variadas, pues había de fresa con uva, de chocolate con vainilla, de piña con naranja y lo mejor es que podías comerlas como quisieras: primero refinarte el sabor que más te gustaba y dejar al final el otro o combinadas, dando una chupada a un lado y después al otro (nomás sin sus mentes cochambrosas, ¡eran paletas pa’ niños!). 

http://www.youtube.com/watch?v=Ti3MaEmEmYQ

Salím y chilím

El antecedente del Miguelito, eran el Batman y Robin de los dulces (que de dulces no tenían nada), por aquello de que eran una pareja perfecta. Los dos eran polvitos, uno picoso (Chilím) y otro polvito de sal y limón (Salím). Eran tan buenos que podías comer y comer, además de que te hacían retorcer la cara por el sabor tan concentrado a sal y limón o terminar con la lenguota escaldada por lo picosito. 

Sugus

Los chiclosos más reconocidos por los niños y hasta de los adultos. Unos cuadritos pequeños de uva, naranja, limón, piña hacían la delicia de todos, desde los más pequeños que iban en el kínder, hasta ya los de secun o de la prepa, que a veces los ocupaban para refrescar el aliento y no dar el golpazo al chavit@ que les gustaba. 

Suaves, muy suaves, y con un delicioso sabor, se deshacían en la boca. Como dato, este preciado dulce es originario de Suiza y fue creado en la década de los 30 y su nombre es de origen escandinavo: suge, que es algo así como chupar. En México los Sugus se hicieron famosos hasta los 80 y todos los niños de esos años fueron los ganones. Hoy en día hay muchos imitadores de los sugus, pero ninguno iguala esa suavidad y lo cremoso del dulce. 

http://www.youtube.com/watch?v=zyFIED9zBh4

Elotitos y tarritos

Dos de las paletas más conocidas por los chamacos de hace ayeres. Si bien hasta hoy se siguen vendiendo, su furor fue en los 90. Estas paletas ya eran palabras mayores, pues, empezando por el elotito, el chilito era más picante que otros dulces, así que los morros tenían que aguantar como los machos para llegar al delicioso dulce amarillo que representaba al elotito. 

Y la paleta de tarrito de cerveza también era para los chavitos osados que se sentían grandes echándose una chelita, aunque fuera de dulce. Obviamente, no tenía sabor a chela, pero la parte que simulaba la espuma era una delicia.  

Los pulparindos

Un clásico que se mantiene hasta nuestros días. Este tamarindo era el rey de los dulces picositos, pues le entraban desde los más chavitos que ya aguantaban la enchilada, hasta los chavos de la secu. Su textura chiclosa junto con ese polvito blanco que cubría la barrita delgada de tamarindo era la neta y te podías devorar varios de una sentada. Es una de las pocas conexiones que tenemos con la chaviza de hoy. 

Otros dulces que recordamos:

-Las ollitas naranjas de tamarindo
-Los nerds
-Los chicles Chavo 

¿De qué otros te acuerdas?

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