Los dosmiles

Del Editor

Miércoles 28 de octubre

 

Antes lo teníamos muy claro: los cincuentas fue el inicio del rock and roll; los sesenta los Beatles, los hippies; los setenta el disco, el progresivo, el metal clásico, el punk; los ochenta el techno, el glam, el new wave; los noventa el grunge, Manchester, el trip hop, hip hop; y los dos miles ¿el indie? ¿el electro? Más aún, ¿existe un himno de la década? Piensa en “Smells Like Teen Spirit” en los noventa. Piensa en “Stairway to Heaven” en los setenta. Piensa en “Sunday Bloody Sunday”. Hablo de himnos que canta una generación entera. Que oírlos ahora equivalen a escuchar “Mexico lindo y querido” después de diez años de exilio en Siberia.

¿Qué hay para los dosmiles? ¿“Clocks” de Coldplay? ¿Algo de Strokes? ¿“Rebelion (Lies)” de Arcade Fire? ¿“Eres” de los Tacvbos?

¿Cuándo estemos en 2020 estará “in” lo dosmilero? Lo que me lleva a otra reflexión: a partir de los ochenta todo comenzó a ser el revival de otra cosa, la palabra clave de la primera mitad de los noventa fue lo “neo”. Porque todo parecía regresar en la última década del siglo para hacerse presente. Hubo neohippismo, neopunk, neometal (ok, nü metal, pero pa’l caso…), neoprogresivo. Parecía el estallido de algo, un final de foto para el siglo. Y entonces, entró el nuevo milenio, pero parece que no hemos entrado aún en él… seguimos en el neo… neo-ochentas, por ejemplo.

Ya falta la sacudida que nos dé entrada a la década.

 

Sugerencia como tema de conversación: sólo para cavados en la textura. Las demás personas se te quedarán viendo con cara de ¿y el reggaeton qué? ¿Eso no es música? Y ni cómo explicarles…

Martes 27 de octubre

Las reuniones de generación

Diez años después de que saliste de la preparatoria, jurando por tu salud mental no volver a ver a esa caterva de postadolescentes nunca en tu vida, te invitan a una reunión de generación. La verdad te da un morbo espantoso ver si terminaron la carrera, qué estudiaron, en qué trabajan, cuáles ya están casados, quiénes tienen hijos, quienes engordaron, quienes ya empiezan a estar calvos. Pero el nervio que tiene tensos tus músculos abdominales lo provoca la posibilidad de que asista quién tú sabes, y te vuelva a mover el tapete. Vas. Descubres que a muchos tu memoria, sabiamente, se encargó de borrarlos. Lo malo es que te saludan por tu nombre, como si te hubieran visto apenas ayer.

Los dos temas de conversación predominantes: qué ha sido de fulanito que no vino, y a qué te dedicas ahora. La mayoría faroleará sobre sus trabajos, lo importante es mostrarse exitoso y aspiracional. Lo que no son capaces de admitir es que sus trabajos apestan. El tuyo también. Estás buscando la salida para huir de esa caterva de preadultos a la que no piensas volver a ver en tu vida, cuando por la puerta, con pasos silentes y flotantes, entra quién tú sabes, y es como la primera vez que cubrió tu campo visual y contuviste el aliento y tu tapete se mueve con una intensidad de 9.5 grados Richter, y entonces descubres que viene con pareja.

Veinte años después de que saliste de la preparatoria, llega a tu Facebook una invitación para la reunión de la generación. Das click y te pones a ver quiénes han sido invitados. Menos de la mitad son reconocibles. Muchos de sus nombres te suenan a algo, como los nombres de las capitales y los países, pero ya no podrías ubicarlos en el mapa. Lo más impresionante es el deterioro de sus rostros y de sus cuerpos, descubres entre los invitados a quién tu ya sabes y dudas en mandarle la invitación para que te agregue a sus amigos. No ha envejecido ni dos días, debe de tener pacto con el demonio. Le das agregar. No te responde. Vas a la reunión. Te saluda con efusividad una persona gorda y desgastada que no reconoces. Es quien tú ya sabes. En seguida comprendes que en su foto de perfil puso una de hace quince años. Ahora te tira la onda. Te asusta pensar que también te ves tan mal como todos los presentes.

Los temas de conversación ahora son: los efectos del divorcio y la educación de los hijos. Buscas la salida para huir de esa caterva de adultos contemporáneos cuando quién tú ya sabes te intenta besar. Le reclamas que no haya hecho esto hace veinte años. Alguien se pone a llorar.

Sugerencia como tema de conversación: nunca hables de esto con los invitados a la reunión, sino con cualquier otra persona que no haya ido, especialmente con tu psicólogo: vas a necesitar varias sesiones para superarlo.