Los convenencieros y unos cuates

Esa fauna que nada más te busca para pedirte un favorcito

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En esta vida, existen personas que son amables pero sólo por puritita conveniencia, o dicho en otras palabras: no dan paso sin guarache. Estos seres buscan tu amistad, llaman a tu casa, te invitan los tragos o a comer, pero detrás de su buena onda, ocultan intenciones muy canijas: pedirte algún favor, echarte el sable o clavarte los colmillos.

Por ello, aquí te presentamos un catálogo de convenencieros incurables que, por algún secreto (o no tan secreto) interés, se acercan a ti:

1. La típica chava del trabajo que sale contigo porque, como andas de farolón, cree que tienes lana (ja, y tú pensabas que era por tu lindo cutis).

2. Los cuates de la escuela que te invitan a la fiesta nomás porque tienes carro. Hasta que no da la noche y tienes que dejar a cada uno en su casa, te das cuenta: “¡ya salió el peine!”

3. El primo que nunca te pela, pero cuando no tiene novia ni perro que le ladre, se te pega a donde vayas tan sólo para conocer y ligarse a tus amigas.

4. El compadre ocasional (para ser sinceros, ya ni te acuerdas de qué o por qué son compadres) que te invita unas Gracielas bien cadavéricas, con el fin de pedirte que seas su aval en el crédito impagable que acaba de solicitar al banco.

5. El chavito que le lleva todos los días una manzana a la maestra (con cariño), y nunca falla con el regalote el 15 de mayo.

6. El matrimonio amigo que te llama un sábado por la mañana para “saludar” y saber “¿qué harás a la noche?”. La verdadera intención: quieren encargarte a sus hijos (¡chia!).

7. Los vecinos que jamás te saludan, pero al enterarse de que tienes buena chamba, te invitan a comer para darte el CV de su hijo nini de 30 años y pedirte que lo recomiendes.

8. El conocido de la chamba (ni siquiera es tu cuate) que te agarra de padrino nada más porque eres el secretario particular del jefe (seguro quiere quedar bien el condenado).

9. La prima abusada que te llama únicamente cuando requiere algún cosmético tuyo, la plancha para el cabello, o ya de a tiro, un vestido para una fiesta en salón.

10. Las amigas que nomás te buscan en tiempos de sequía amorosa o cuando tienen algún tipo de urgencia sexual (¡ah, canijas!).

11. La audaz universitaria que se le arrima demasiado al profe para sacar una calificación destacada (¡tsss!, como dijo el poeta: “la que quiera azul celeste, que se acueste!).

12. El macho cabrío dispuesto a hacerle el favorcito a las damas (por lo general, muy feas o de mayor edad) a cambio de una corta feria.

13. Los parientes lejanos que te invitan de repente y sin pretexto alguno a sus reuniones, y después de dos fines de semana… ¡zas! Te piden que seas padrino de vestido de su horrenda hija.

14. La ex novia que te llama un buen día para saludar (si, tú, ¡cómo no!), porque no puede olvidarte y, de paso, para pedirte algo de varo: “no mucho, te lo pago a fin de mes”.

15. La vecina que te coquetea siempre que puede, para que le des lo mejor de ti: tu clave de Wi-Fi (juar, juar).

16. El tío desempleado que le cae de vez en diario a tu casa, a la hora de la comida, y nomás no se va hasta después de que le invitas su menú de cuatro tiempos (¡‘che gorrón!).

En fin, chilangos, como estos ejemplares se pueden encontrar uno y dos montones, pues abundan los interesados que, envueltos en disfraz de gente chida, aguardan el momento justo para dejarte ir su conveniencia.

¿Conoces a personas así? Venga de ahí, de tu ronco pecho, y cuéntanos todorcio.

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